La contrarreforma

Raúl Moreno Wonchee / La nave va
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                                           A la memoria de Gonzalo Martínez Corbalá.

Con la sinrazón que nos retrotrae a la profunda oscuridad del conservadurismo vencido por la reforma liberal, la modificación de la Ley de Salud aprobada en la Cámara de Diputados golpeó una vez más el alma de nuestra república laica. En los últimos años, con el señuelo de los derechos humanos se ha venido configurando una contrarreforma que apunta a disolver los vínculos que nos constituyen como nación organizada en Estado. En 2011 la Suprema Corte permitió que se anulara el derecho de las mexicanas a decidir sobre su cuerpo en más de la mitad de los estados que, contra la Constitución General de la República, modificaron sus constituciones con base en un dogma religioso. Al mismo tiempo, para el Presupuesto del año siguiente el presidente Calderón propuso 560 millones para la salud reproductiva frente a los mil 355 de ese año. Poco después se modificó el artículo 24 de la Carta Magna para elevar a rango constitucional la libertad religiosa que en los términos de las corrientes conservadoras de la Iglesia católica representa su prerrogativa a imponer la religión en la vida social. Significativamente, en su visita a México el papa Francisco se negó a respaldar tanto a los antiabortistas como a los promotores de la libertad religiosa y dio a sus jornadas un sentido ecuménico coincidente con la Constitución en el respeto a todas las creencias. Pero los cruzados han vuelto a la carga enarbolando la objeción de conciencia para los trabajadores de la salud que se nieguen a cumplir su deber con los pacientes pretextando sus creencias religiosas. Otra vez la religión, no como elección inviolable y  sin taxativas de la vida espiritual, sino como norma impuesta a la vida social.

 

 

Mover a los diputados

Raúl Moreno Wonchee / La nave va
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A San Lázaro fue el secretario de Hacienda a discutir con los diputados el capítulo de la política económica del V Informe presidencial. Al haberse vuelto viejo el sexenio, se antojaba que ese encuentro daría lugar a una revisión conceptual y a un recuento crítico de una de las claves del porvenir. Más aún cuando se añadió el ajuste del paquete económico para responder a los desastres naturales que han dejado malherida a una tercera parte del país y conmocionada al resto. Pero los diputados, distraídos por sus cuitas preelectorales y exhaustos después de la puja mediática de sus partidos por ostentar apoyo a los damnificados, olvidaron el debate económico y que ante la catastrófica contingencia su función sustantiva es crear las condiciones políticas que propicien el diálogo  con el Ejecutivo, necesario para desplegar los actos legislativos que den base y cauce institucional a la reconstrucción. El secretario Meade hizo lo propio: una cuidadosa disección de la política económica del quinquenio en la que puso de relieve las fortalezas alcanzadas por la reforma fiscal que permitieron afrontar las inclemencias de la economía internacional, resolver rezagos fiscales estructurales y fortalecer las finanzas públicas. Asimismo, enunció los compromisos del gobierno federal en el ajuste: mantener el financiamiento de los proyectos estratégicos de infraestructura y la calidad prioritaria de los programas sociales así como fortalecer los programas de seguridad nacional y pública. Y destacó el objetivo central del ajuste: concluir la emergencia y acelerar la reconstrucción. Ahora, a los diputados les toca revisarlo, corregirlo si fuera preciso y en caso de haber insuficiencias, resolverlas. Rápido, por supuesto.