La debacle de la política

Sergio Gómez Montero / Isegoría
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En memoria del camarada Ranferi y para Matías Gómez Léautaud.

Escribir de la política críticamente es hoy, y desde tiempo atrás, una de las tareas más inútiles y puede que dolorosas que, quien lo hace, lo llega a comprobar cada vez que lo intenta. Mas lo sigue haciendo como si eso fuera una manda, aunque también cotidianamente la praxis le comprueba tajantemente la inutilidad de su tarea, aunque a veces a unos les pagan su escritura con prebendas y chayotes de todo tipo para así someterlos y mantenerlos sumisos, mientras que a otros esa tarea les cueste la vida o amenazas gansteriles en contra de ella; aquí y en Rusia (saludos cordiales a Tatiana Felgenhauer, quien osa hoy criticar acremente a Vladimir Putin y por eso la acuchillan impunemente). Como sea, pues, escribir de política es hoy tarea difícil.

Vaya, lo anterior, para hacer referencia a lo que hoy sucede en el país con el ilegítimamente depuesto titular de la FEPADE, Santiago Nieto Castillo, quien hasta el 25 de octubre, sigue despertando en el ámbito político múltiples suspicacias e inquietudes, básicamente porque, insisto, su ilegítima remoción pone en duda la legitimidad de todo el sistema político hoy vigente sustentado en una democracia representativa que cada vez deja de tener menos y menos sentido, desde el momento en que, lo electoral en que se basa, es una alfombra a la cual todos pisan, vomitan, orinan, llenan de mierda; es algo, pues, que cada vez tiene menor validez y utilidad.

Es decir, tratar hoy de remover de su puesto ilegítimamente a Nieto Castillo es poner en evidencia una vez más que lo electoral y la democracia representativa en México carecen de sentido y que seguir jugando con ello es jugar siempre con dados cargados, sabiendo así de antemano quién es siempre el ganador de un juego sucio que carece de sentido, pues es un juego cuyo resultado es siempre el mismo, de allí el carácter de vencedor que desde siglos atrás caracteriza al capitalismo como sistema.

Es cierto, hace cien años, con Lenin y la Revolución de Octubre dimos un gran paso adelante para desplazar política y económicamente al sistema capitalista. Pero no se logró. El capitalismo fue minando al socialismo (hizo del consumo una moneda de cambio mundial) y paulatinamente lo fue derruyendo hasta lograr dejarlo sobre la lona, como un peleador noqueado y carente de razón de ser. Por eso hoy, quienes creemos que es hora de que el capitalismo cambie (aunque le duela a Miguel Alemán Velasco), estamos conscientes de que hay que partir desde cero para que otro mundo, radicalmente diferente, pueda surgir.

Es pues mucho lo que hoy se está jugando con la remoción ilegítima de Nieto Castillo (desde tener la posibilidad de escribir libremente en todos los medios del país), pues en ello va la construcción de otras bases de sustentación de un sistema social que se base en un verdadero sistema colegiado de decisiones políticas a partir del cual la economía avance de manera más justa y equitativa, y así podamos vivir en otro tipo de sociedad.

Si no hoy, creo que algún día se podrá.

 

 

Los que aún quedamos

Sergio Gómez Montero / Isegoría
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Somos pocos los que quedamos, no sólo porque los hechos fueron hace 50 años, sino porque nosotros teníamos 20 o cerca de ellos y por eso algunos ya no estamos entre los vivos y a los vivos nos cuesta recordar y pensar sobre aquellos que para nosotros fueron hechos dolorosos muchos de ellos, pero que, también, fueron aleccionadores porque muchas veces fueron jornadas de lucha que, al final de cuentas, terminaron, a pesar de los muertos de aquel entonces, en triunfos que la sociedad toda fue, poco a poco, haciendo suyos.

Eso, hasta hoy, ha sido un 68 que no hemos terminado de pensar ni de valorar y que, mal que bien, 49 años después desde luego que no hemos podido olvidar no sólo nosotros, claro, sino muchos que no pasaron por allí pero que saben bien que ese 68 representa para el país un momento de lucha intensa que no ha terminado, pues mucho de lo que entonces reclamamos para construir un país justo y libre, hasta hoy no se ha logrado y por eso, hasta hoy, la lucha de entonces sigue vigente, no sólo por los reclamos de entonces, sino por todo lo que, junto con lo de entonces, se ha acumulado: muertos y desaparecidos, luchadores masacrados o recluidos en la cárcel, palabras de reclamo que el viento no tarda en llevarse, sesentayochos que se han repetido una y otra vez pues el gobierno de entonces sigue siendo el de hoy. Y ése es nuestro dolor mayor: que el hoy es el ayer, pues el nuestro sigue siendo un país de raíz injusta y corrompida, y por eso nos duele y nos lastima: porque él subsiste y no lo hemos podido cambiar. Y eso, desde luego, Benito (Joel, Micho, Eduardo, Félix, Armando, José,  Pedro, Pablo, Eduardo, Jesús, Ana Ignacia), es lo que nos mantiene vigentes en la lucha cotidiana de diversas maneras: actuando, pensando, tratando continuamente de que este país sea mejor. No todos en la misma trinchera, pero sí todos, creo, teniendo siempre presente el 68 como fuente de inspiración para dar la lucha política.

            ¿Por qué seguimos en la lucha luego de 49 años? Por razones sencillas. Porque el 68 fue un año seminal para miles de jóvenes que entonces vimos que el mundo que estábamos viviendo era injusto y cruel en diversos países del mundo (Francia, Estados Unidos, México, Checoslovaquia) y que sólo a través de la lucha de calle íbamos a lograr cambiarlo, si queríamos que nuestro entorno fuera otro. No nos equivocamos, porque aún ese espíritu de lucha se mantiene y nosotros nos mantenemos todavía luchando, comprometidos con el ayer que es hoy: el país lleno de injusticias que lastiman cada vez a un número mayor de compatriotas, que dicen al recordar: ¡Dos de octubre, no se olvida!

Días de lucha de entonces ahora. Días de recordar y vivir que, lo que nos queda por vivir, serán días en los que no debemos descansar hasta lograr que este país sea el país que nos hizo estar allí, en el 68.