Álvaro Obregón 286, el misterio del sismo

Luis León, Francisco Pazos, Jonathan Nácar y María Idalia Gómez / Eje Central
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Apenas había ocurrido el terremoto del 19 de septiembre, y dos países habían encendido sus alertas. En pocos minutos, a más de 3 mil kilómetros del epicentro de la emergencia en la Ciudad de México, un ministro y dos cancilleres acordaron que 122 especialistas, entre rescatistas e ingenieros, viajaran a territorio mexicano. Lo que parecía el envío de ayuda internacional ante el desastre, en realidad escondía una misión urgente: rescatar a dos blancos catalogados como de máxima prioridad.

El envío de militares y civiles con entrenamiento castrense estaba pactado. Se trataba de militares españoles especializados en rescates con alto grado de complejidad; así como civiles israelíes con entrenamiento de élite, todos con distintos rangos como oficiales, que fueron reclutados como reservas de las Fuerzas de Defensa de Israel, específicamente para la operación estratégica que se planificaba en México.

Minutos después del sismo, el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, contactó vía telefónica al secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray, confirmó el embajador de Israel en México, Jonathan Peled. Una comunicación en el mismo tono la haría el ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación del Gobierno de España, Alfonso María Datis, con el canciller. En ambos casos se había acordado la operación multinacional en la Ciudad de México.

Ambos equipos de especialistas se conformaron en menos de 24 horas. Y 12 horas después, los 122 especialistas ya operaban en los derrumbes ubicados en Álvaro Obregón 286, en la colonia Roma Norte; en Escocia, colonia Del Valle; en la fábrica de ropa de la colonia Obrera, y en la Unidad Habitacional Tlalpan.

El 21 de septiembre, su primer día en el país, el equipo israelí se desplazó a la empresa de la colonia Obrera. En pocas horas rescataron a Jaime Askenazi, un hombre de 76 años, empresario textilero de origen argentino y dueño de la fábrica. Un hombre, muy religioso, padre de seis hijos, y un hombre muy querido en la comunidad judía, que perdió la vida junto con sus empleados cuando colapsó el inmueble. Una vez que recuperaron el cuerpo no hicieron más, se salieron del lugar y se dirigieron a la colonia Roma. Y es que el 286 de Álvaro Obregón era el punto medular para ambos grupos de rescate, españoles e israelíes.

En cuestión de minutos, el equipo israelí montó una operación táctica y poco visible. Las autoridades mexicanas en la zona les permitieron controlar las operaciones de rescate junto con el grupo proveniente de Los Ángeles, California, al que acompañaba la embajadora de ese país, Roberta Jacobson.

Todo ocurrió deprisa. Recabaron la información necesaria para ubicar al personaje que buscaban y, en 36 horas, llegaron al punto exacto, el segundo piso del edificio. Entre los escombros encontraron el cuerpo de una mujer que vestía pantalón negro y largas botas negras. Completada la misión, el equipo israelí se retiró del lugar, y horas más tarde abandonó el país.

En el mismo piso y a sólo unos metros de distancia, se encontraban los otros dos personajes de interés para el gobierno español, un hombre y una mujer, cuyos cuerpos fueron recuperados casi seis días después de su llegada a México. Un día más tarde, el equipo español también regresó a su país, llevándose el cuerpo que buscaban.

Horas después, personal de la Secretaría de Marina se dio a la tarea de recuperar algunas computadoras de ese segundo piso, las cuales retiraron con cuidado y las colocaron en sus vehículos. De ello la dependencia no quiso hablar.

En el segundo nivel tenía su sede Valora Consultores, una empresa de origen español con sede en La Coruña, en la comunidad autónoma de Galicia. En su página de internet asegura que se enfoca en el desarrollo de estrategias de sustentabilidad y responsabilidad social para grandes corporativos como British American Tobacco, Aeropuertos del Sureste y Autlán, entre sus principales clientes. No hay más datos públicos disponibles, pero fuentes consultadas por este semanario reconocieron que se trata de una compañía de “alto perfil para el desarrollo de proyectos de gran valor estratégico”.

A partir de entrevistas con funcionarios, revisión de documentos y una decena de testimonios de sobrevivientes, familiares y rescatistas, Eje Central reconstruyó la misteriosa historia del piso 2 del edificio de Álvaro Obregón 286.

Una construcción cualquiera

El edificio marcado con el 286 se encontraba en el perímetro que forman las avenidas Álvaro Obregón, Huichapan, Cacahuamilpa y la avenida Ámsterdam, en la colonia Roma Norte. En todas esas calles durante 15 días se realizaron trabajos de búsqueda, rescate y remoción de escombros.

Era un edificio de fachada café, muy bien conectado para llegar al centro y sur de la ciudad.

Alcanzaba los seis niveles y su interior había sido modificado para ampliar su capacidad, de acuerdo a especialistas en estructuras y protagonistas del rescate. Sin haber sido reforzado, dos elementos estructurales fueron retirados de la parte central en cada nivel al menos dos años antes del sismo, para ampliar los espacios que podían rentarse como oficinas.

Los espacios en renta variaban entre 35 mil y 60 mil pesos. Mientras en 2011 un contrato de arrendamiento con Inmobiliaria Álvaro Obregón SA de CV, por la renta del piso 2-A, con superficie de 270 metros cuadrados se firmó por 35 mil 100 pesos mensuales; para 2017, la renta por 140 metros cuadrados para la Clínica Crisálida se pactó en más de 60 mil pesos mensuales.

El primer contrato, firmado en 2011, fue cerrado con la empresa Impulsa Incubadora de Negocios SA de CV, representada entonces por el arquitecto Ernesto Sota López. Este personaje es hijo de Ernesto Sota Cisneros, a quien los inquilinos llamaban El Ingeniero e identificaban como propietario del inmueble. Ambos tenían oficinas como administradores del edificio en una sección del piso 6, junto con la academia de idiomas S-Peak, que ocupaba el piso 6-B.

Ambos fueron rescatados alrededor de las 18:00 horas del 19 de septiembre, junto con una contadora y dos secretarias; todos se habían resguardado en el piso 6 y fueron parte de las 25 personas rescatadas con vida, prácticamente ilesas, el mismo día del terremoto.

Piso a piso

La onda más energética que liberó el sismo del 19 de septiembre llegó a la ciudad medio minuto después de las 13:14 horas. En sólo 15 segundos demolió la estructura del edificio de Álvaro Obregón 286.

La mayor parte de los ocupantes se encontraban en los pisos 2 y 4. En el segundo nivel estaban las oficinas de Valora Consultores, la cual rentó entre febrero y marzo de este año. El cuarto nivel era ocupado por el despacho Aguilera Contadores. La mayoría de los que allí se encontraban no pudo salir.

En parte del primer piso se ubicaba un espacio destinado a coworking para los despachos localizados en el piso 3. Uno de estos, el 3-B era ocupado por Aguilera Contadores; mientras que en el despacho 3-A tenía sus oficinas la empresa Semantik, en la que trabajaba Lucía Zamora, quien también fue rescatada de entre los escombros.

Finalmente, el piso 5 se encontraba temporalmente desocupado, pero no vacío, ya que el día del sismo había trabajadores de la construcción realizando labores de remodelación y un cerrajero.

El terremoto colapsó del piso 2 al 6 y dejó intacta la planta baja y parcialmente colapsado el piso 1, niveles en los que no fueron retirados muros de carga ni columnas. El resto de los pisos se convirtieron en escombros.

Trampa mortal

Carolina Muñiz Botello acudió a una cita de trabajo el martes 19 de septiembre con personal de la empresa Valora Consultores. Estaba en el piso 2 cuando comenzó el sismo y allí quedó atrapada. Jorge Enrique Gómez Zamarripa, su exesposo, aseguró que, a partir de ese nivel, las columnas que sostenían la estructura fueron demolidas junto con un muro de carga, que se encontraba en la parte central de la estructura. El resultado fue que del nivel 2 al 6 se lograron espacios abiertos de 22 metros, que fueron divididos en dos secciones de 11 metros cada uno, habilitados como espacios para oficinas. Dos por cada nivel. Con las reformas, la estructura sólo contaba con muros de carga en los extremos poniente y oriente, columnas en los extremos norte y sur de la estructura, y un espejo de cristal en la fachada exterior.

Los pisos 4 y 5 tienen una losa catalana, cuyo espesor es de 60 centímetros, que tiene concreto, arena, tezontle, arena y concreto. Esa losa pesa entre 2 y 3 toneladas (…) Pero hasta arriba, el techo del piso 6, cual losa catalana si se cae no te mata”, relató Gómez Zamarripa.

Pero, no es lo mismo que te caigan tres o cuatro losas en el piso 2, donde estaba mi esposa. La norma de construcción normal marca que debería tener un peralte de 10% de las áreas libres. Eso tenía tres muros, yo vi fotos del interior (del piso 2) y era puro vidrio, no había muros de carga”, aseveró.

El inmueble se convirtió en una trampa mortal. Las ampliaciones para los espacios habitables también redujeron el ancho de las escaleras centrales, que rodeaban el cubo del elevador. Esa estructura daba servicio a los niveles 1 y 2 en caso de emergencia. Del nivel 3 al 6, los protocolos de evacuación dirigían hacia las escaleras de servicio, ubicadas en la parte trasera del inmueble, las cuales quedaron intactas. Por estas escaleras los equipos de rescate comenzaron los trabajos para ubicar a los sobrevivientes y apuntalar la estructura derrumbada.

El 26 de septiembre, Humberto Morgan, enlace del Gobierno de la Ciudad de México, con los familiares y afectados por el derrumbe en Álvaro Obregón 286, confirmó que el inmueble sólo podía soportar dos niveles, y que las losas catalanas tenían vicios en su construcción. La Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México investiga a los dueños, para determinar si tienen alguna responsabilidad.

La mujer de botas negras

El equipo de búsqueda y rescate israelí llegó a la zona cero del edificio colapsado en Álvaro Obregón 286 en la madrugada del 21 de septiembre, luego de 20 horas de vuelo a bordo de un avión de las FDI con matrícula 295. De inmediato, un grupo de aproximadamente 45 hombres y mujeres se desplegó con material y equipo táctico.

Llegaron sigilosamente. Nadie les impidió cruzar los cordones de seguridad en dirección a los restos del inmueble derrumbado. Marinos, policías federales y de la Ciudad de México, todos abrían paso a la misión que encabezaba el coronel Dudi Mizrahi, un civil experto en comunicaciones y reclutado por las FDI específicamente para comandarla.

Al mismo tiempo, se instaló un pequeño centro médico de México Cadena, el servicio exclusivo para la comunidad judía, con equipo capaz de una intervención quirúrgica sencilla y atender un estado crítico en el trayecto al hospital.

La operación requería información. Fue entonces que la capitana Karin Kabitke organizó a un grupo de voluntarios judíos a los que desplegó en todo el perímetro. Algunos se colocaron en las entradas a la zona, otros en donde se acomodaba el equipo de apoyo, unos más entre los rescatistas mexicanos y en los puestos de comida. Esta mujer delgada, estatura mediana, tez blanca y pelirroja, portando su uniforme verde, entrevistó a los sobrevivientes, al policía que vigilaba la puerta del edificio, a familiares de las víctimas, a los voluntarios y cuerpos de emergencia que llegaron primero y rescatistas que trabajaron en las últimas horas en la zona cero. En tan sólo tres horas, su grupo había recabado información suficiente para conocer el número de personas que permanecían bajo los escombros, las posibilidades de que estuvieran con vida y calcular su posible ubicación.

El plano del edificio para entonces no se tenía, las autoridades de la delegación Cuauhtémoc lo proporcionaron hasta el cuarto día; mientras tanto, uno de los cuerpos de voluntarios, el de Rescate Urbano tomó imágenes en más de tres ocasiones con uno de sus drones, luego imprimieron las imágenes y definieron entre todos los especialistas los sectores por trabajar, de acuerdo a los datos de las víctimas.

Conforme los datos eran confirmados contra la memoria arquitectónica del inmueble, Kabitke transmitía la información a los miembros del equipo israelí que ejecutarían el rescate del blanco por el que habían llegado a México. Los rescatistas estadunidenses los apoyaron para que fuera el equipo israelí el que coordinara las operaciones de rescate, desplazando con ello a los mexicanos, españoles, colombianos y coreanos, a quienes ordenaban cargar escombro.

El equipo israelí, utilizando las imágenes del dron, se enfocó en el cuadrante D-2 y comenzó a trabajar para retirar la losa. Otros cuerpos de rescate se opusieron, porque para entonces había datos de dos personas que podrían ser rescatadas más fácilmente, pero se ubicaban en el cuadrante A. Aunque los representantes del gobierno federal que estaban en el lugar, se dejaron convencer por los israelíes, quienes dijeron que podrían agilizar la localización de personas si los dejaban trabajar.

Hasta ese momento, el equipo israelí no había ocupado maquinaria pesada. Con lo que sí trabajaron fue con equipo táctico con el que detectaban signos vitales, respiraciones o latidos del corazón bajo los escombros o la señal que pudiera emitir un teléfono celular, para geolocalizar a su objetivo.

El equipo de Israel nunca dijo que buscaban a una persona en específico, simplemente que estaban ayudando en las tareas de rescate, pero en realidad sólo les interesaba una persona, y era una mujer que estaba en el piso 2, en las oficinas de Valora Consultores, en uno de los puntos de mayor complejidad, pues permanecía atrapada bajo una trabe de concreto. Ni el shabbath, el día sagrado judío ni la celebración del Rosh Hashanah, el año nuevo judío, que coincidió con esta fecha, detuvieron los trabajos.

Un grupo más pequeño se quedó trabajando en el sector A, tratando de llegar a quienes después descubrirían eran dos mujeres que habían quedado atrapadas también en el piso 2.

Mientras avanzaban en su búsqueda, el equipo israelí quería romper una trabe colapsada, lo que ponía en riesgo toda la estructura, y que salía de los parámetros de seguridad considerados por el resto de los rescatistas que se opusieron, incluso los españoles.

Los israelíes en principio no aceptaban sugerencias, trabajan solos. De hecho, querían desarmar las medidas de seguridad que se habían implementado con el equipo The Rescue Urban Canada, para resguardar en principio el único plano que no estaba colapsado y preservar la vida tanto de los que trabajan en el primer piso como los que trabajan de arriba hacia abajo (…) no querían a nadie a lado, me pareció una cosa muy extraña”, sostuvo Ángel Pereyra, encargado del Escuadrón de Rescates y Salvamentos en Altura del Cuartel de Bomberos de Dock Sud.

Ya era la noche del sábado 23, el coronel Mizrahi y un miembro del equipo de bomberos de Los Ángeles convocó a una reunión en una carpa cerrada con un representante de cada equipo de rescate. Las palabras, más que una petición, anunciaron lo que seguiría: “Si no hacemos esto (usar maquinaria pesada) vamos a tardar 20 años en recuperar los cuerpos”.

Todos los que estaban en la zona cero, percibieron cómo las autoridades mexicanas otorgaban mayor prioridad, y mayor grado de participación a los grupos USAR (Urban Search and Rescue) internacionales frente a los nacionales. “Las brigadas como la de Israel, que a mi criterio no hicieron buen trabajo, no reunían las medidas de seguridad necesarias, y hasta ponían en riesgo en determinadas maniobras al resto de los rescatistas”, sostuvo Pereyera.

Vino otra confrontación. La situación se tensó mucho más, hasta el punto de que algunos dejaron de colaborar con ellos. Hacia la noche del sábado, con la ayuda de una grúa telescópica, se acondicionó un boquete, al que se accedía por la parte trasera del edifico colapsado, por el que fue preparada la ruta para sacar el cuerpo de la misteriosa mujer. El resto de los equipos bajaron de los escombros y dejaron el camino libre para los israelíes. La tarea no fue sencilla. Se removió una de las losas, y la estructura se resintió.

Primero se toparon con el cuerpo de una mujer mexicana, a quien sacaron de entre los escombros y llevaron a servicios periciales. Minutos más tarde, el cuerpo que con tanta prisa buscaban los israelíes quedó a la vista, sólo tenían un problema, una de sus piernas había quedado atrapada en otra losa independiente que había que cortar.

Las maniobras que habían hecho obligaban, antes de continuar, a reforzar con polines y vigas la planta baja y el primer piso, para luego comenzar a cortar la nueva losa. Todo esto llevaría por lo menos 12 horas más o un día completo. Se reunió parte del equipo y se decidió amputarle una pierna para extraerla inmediatamente de los escombros. El resto que estaba en el lugar no se dio cuenta de esto, fue muy rápido, con mucho sigilo y cuidado.

El cuerpo ya liberado lo colocaron en una camilla y lo bajaron por la parte de atrás. Las autoridades certificaron la muerte en segundos: mujer de 30 años de nacionalidad mexicana que había perdido una pierna a consecuencia del derrumbe ocurrido en la calle de Huichapan número ocho en la colonia Hipódromo. Aunque aparecía otra dirección era lo que menos importaba, sólo querían llevarse el cuerpo. El nombre quedó reservado y en medio de la noche nadie pudo describirla, sólo pudieron ver que vestía unas botas largas y pantalones negros.

De inmediato se retiraron. Todo el despliegue en la zona, incluso el pequeño centro de atención médica, empacó todo y desapareció.

De acuerdo con el embajador de Israel en México, Jonathan Peled, no tuvieron información sobre “ciudadanos israelíes” entre los escombros. “Se descubrió una víctima que pertenecía a la comunidad judía aquí en México, de origen argentino (…) pero un ciudadano mexicano-judío no hubo en ningún momento, ni ciudadanos israelíes”, aseveró a Eje Central.

Los civiles que viajaron desde Israel eran, todos, especialistas en estructuras, rescate, gestión de información y medicina. Se trató de un grupo de 71 hombres y mujeres que forman parte de las reservas del FDI, explicó el diplomático, integrados al Mando del Frente Doméstico.

Casi todos son oficiales. Son coroneles, tenientes coroneles, mayores y capitanes. Son muy profesionales, pero son arquitectos, ingenieros o médicos, son civiles que en momentos de emergencia el Ejército los llama y los enlista”, agregó sobre el equipo que trabajó siete días y siete noches en México.

Detalló además que el equipo participó también en el derrumbe de la Unidad Habitacional de Tlalpan, y destinó al menos a 25 especialistas en estructuras a tareas de revisión de edificios públicos. “Nuestra asignación se hizo por el Centro de Mando, el C5. Ellos decidieron en dónde mandar cada uno de los cuerpos de rescate que vinieron del exterior”, aclaró.

Sobre los restos del ciudadano judío-argentino que fue rescatado, la Agencia Télam confirmó que se trató de Jaime Achequenaze. Ni el embajador ni algún otro medio oficial registró la muerte de la mujer de botas negras. Contrario a la negativa del embajador sobre el rescate de más personas de su comunidad, el portal de noticias JDN, escrito en hebreo, consignó que en una operación dirigida por Markos Kain, el equipo israelí buscaba a dos “judíos de la comunidad”, de los que se “temía” habían quedado atrapados entre los escombros.

“Venimos por Jorge”

El protocolo echado a andar 36 horas antes ya tenía a los primeros 17 elementos de la Unidad Militar de Emergencias (UME) en suelo mexicano como avanzada para reconocer el terreno de la tragedia y planificar los rescates. El 22 de septiembre, a bordo de una Airbus del Ejército español llegarían a la capital del país otros 37 efectivos.

Bajo las órdenes del comandante Álvaro Martín Molina, los 54 miembros de la UME se pusieron al mando de las autoridades federales mexicanas de Protección Civil, en un primer momento, en el cuartel general que se levantó en el Centro Nacional de Alto Rendimiento, al oriente de la ciudad, en donde coincidieron con los contingentes japoneses, israelíes y estadunidenses.

El equipo fue dividido en turnos de 12 horas, así cubrirían las 24 horas del día. En los escombros de la colonia Del Valle rescataron el cuerpo de Leopoldo Nieto Cisneros, un ciudadano español; pero aún faltaba el objetivo primordial: Jorge Gómez Varo, un aparente ejecutivo de origen malagueño, cuya especialidad era ser “aplanador” o ayudante de arquitecto, que trabajaba para Valora Consultores, y que en el momento del sismo estaba en su oficina en el segundo piso del 286 de Álvaro Obregón.

A diferencia de los israelíes, los españoles llegaron al 286 de Álvaro Obregón y se presentaron con los cuerpos de emergencia del ERUM, los voluntarios y las autoridades de Gobernación, y les explicaron:

Nosotros venimos a buscar a Jorge Gómez Varo, pero los ayudamos y apoyamos en todos los demás rescates”. Y así lo hicieron.

Jorge Gómez Varo resultó ser un personaje de interés político para el gobierno español. Su cuerpo fue rescatado sin vida el 29 de septiembre, 10 días después del sismo, junto con su asistente, una mujer joven mexicana.

Gómez Varo era aparejador, ayudante de arquitecto, creció en el barrio de Pedregalejo, junto a los Baños del Carmen, donde vivió casi toda su vida junto con su familia. Estudió en La Asunción, provincia española y pertenecía a la “Muy Ilustre, Antigua y Venerable Hermandad Sacramental de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Viñeros, Nuestra Señora del Traspaso y Soledad de Viñeros y San Lorenzo Mártir”, mejor conocida Hermandad de Viñeros y a la Archicofradía de la Expiración, conocida también como la Pontificia, Real, Ilustre y Venerable Archicofradía Sacramental de Culto y Procesión del Santísimo Cristo de la Expiración y María Santísima de los Dolores Coronada.

Apenas hace dos años llegó a México para trabajar con la empresa Valora Consultores, bajo las órdenes de Senén Ferreiro, CEO de la empresa, que oficialmente se dedicaba a proyectos decorativos, consultorías a empresas sobre temáticas de responsabilidad social y que también desarrollaría un software con ese mismo objetivo conocido como GCSIC, herramienta de gestión para las pymes integrantes de la red española  del pacto mundial de Naciones Unidas.

Aunque habían sido tan abiertos los rescatistas españoles para explicar su misión, por momentos se comportaban con cierto sigilo.

La primera impresión fue que tal vez venía la Procuraduría para hacer el levantamiento, las fotografías, pero no. Todo fue por acuerdo con los españoles, porque ellos querían sacar todos los cuerpos, porque aparentemente no sólo estaban buscando este cuerpo (el de Gómez Varo), sino documentación extraña que él tenía ahí”, aseguró Jorge Enrique Gómez Zamarripa, exesposo de una de las víctimas del segundo piso.

En el mismo cuadrante D y muy cercano al C, estaban los cuerpos del malagueño y la mexicana. A sólo unos metros más atrás de la mujer de botas negras.

Todavía permaneció el equipo español un día más en las labores de rescate, pero sólo un día más. El 24 de septiembre, las cuatro unidades caninas, el equipo médico, de apuntalamiento, perforación, rescate vertical, comunicación; así como para el movimiento de cargas y la localización de personas, e incluso, el que detecta la contaminación del aire por material químico, bacteriológico o gas, todos fueron levantados. La misión había acabado.

Al edificio 286 llegaron funcionarios de la Secretaría de Gobernación, como el subsecretario Roberto Campa Cifrián, y de la Ciudad de México, de la Secretaría de Movilidad y de Protección Civil. También se ubicó la unidad móvil C-2 de la policía capitalina, que funciona como un centro operativo de enlace con el C-5, desde donde el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, estuvo coordinando gran parte de la emergencia.

La zona fue resguardada por policías federales, el Ejército y la Marina, institución a la que se le encomendó una última misión, recuperar del piso 2 las computadoras y documentos que fueran posibles. Así lo hicieron, con cuidado y de forma sigilosa, se llevaron unos cuantos equipos, el resto había quedado totalmente perdido. Así quedaba completada la misión, sin rastros claros ni precisos de lo que en esa oficina se manejaba, pero que era tan importante para movilizar, desde Europa, a dos equipos de rescate.