Oportunidad para reforzar el mercado interno

Juan Manuel Rodríguez
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No necesitamos realizar un acto de inmersión en el cúmulo de cifras que nos proporcionaron, tanto el INEGI con su Encuesta de Ingreso y Gasto de los Hogares (ENIGH 16) como en la medición de la pobreza 2010-2014-2016 que acaba de divulgar el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval)  para llegar a la conclusión que tenemos 35 años dentro de un modelo de política económica y social equivocado.

Más de tres décadas lo confirman creciendo a un promedio apenas del 2  y algunas décimas por ciento y que Citi Banamex nos augura unos tres años más que no pasaremos del 2.6%, advirtiéndonos además que el problema no es ni Trump ni el TLCAN, sino nuestras estructuras internas.

La obligada renegociación del TLCAN tendrá necesariamente un impredecible costo pero, no obstante sus bemoles, es la oportunidad para volver los ojos y buscar en nuestra industria nacional, lamentablemente estancada con crecimiento de 0.0%, el pilar que haga crecer el consumo doméstico y nuestro mercado interno, sin dejar de lado la inversión extranjera que, aunque nos convirtió en gran parte en un país maquilador, con sus exportaciones manufactureras ha sido fundamental dentro del TLCAN, aunque con precarios salarios para nuestros trabajadores.

Cada dos años Coneval nos señala las causas de la crisis, pero no lo suficiente para que desde el gobierno atiendan la gravedad de esta desigualdad que, por corrupción e incompetencia, degeneran en violencia y delincuencia generalizadas.

A este desastre social nos llaman a disminuir la crítica y enfocarnos sólo a los llamados éxitos que no son desdeñables, pero no podemos soslayar la realidad; hay avances logrados; sin embargo, a este paso necesitaremos décadas para aliviar el sacrificio de los trabajadores mexicanos y sus familias.

La actual política de un México maquilador, mediante el “criminal salario” (Rosalbina Garabito dixit) logró atraer gracias al bajo costo laboral multiplicada inversión extranjera directa, generando aquí un ejército de “mano de obra calificada” pero mal pagada. El dilema laboral acorrala al gobierno mexicano; lo genera Trump y empresarios de Canadá al exigir (entre otras cosas, como las reglas de origen y la sede para dirimir las controversias) una política salarial mejorada en México porque la actual es una competencia inadmisible para ellos frente a los altos salarios en esos países. Subir los salarios abruptamente sería un suicidio para México en las actuales condiciones de inflación acelerada, además de que provocaría menor competitividad de nuestras exportaciones manufactureras o el éxodo de empresas trasnacionales ante mayor costo laboral.

La estrategia económica, además del crecimiento sostenido, mediocre pero al fin crecimiento, ha generado una desigualdad insostenible de grupos sociales, entre ricos y pobres, con 21 veces de diferencia en ingresos (OCDE la fijó esa diferencia en más de 30 veces hace dos años), en un escenario donde se comprueba que cada vez aumenta el porcentaje de trabajadores con bajos salarios y desciende el de empleados mejor pagados. “El ingreso en México está en el mismo nivel que en 1994”, publicó en días pasados el periódico especializado El Economista.

Cifra de mexicanos en pobreza es superior a 2010

Cifras del INEGI y Coneval revelan datos positivos al reducirse en poco más de dos millones de mexicanos en situación de pobreza en dos años, de 55.3 a 53.4 millones de pobres, pero ni siquiera con esa cifra se logró llegar a los 52.8 millones que había en 2010.

Con orgullo justificado se menciona la disminución de la pobreza extrema, es decir, la miseria, en 2 millones de personas, pero la cifra se opaca cuando ahora todavía hay 9 millones 600 mil en esa condición. Y aunque se dice que bajó la carencia  alimentaria en porcentaje (de 24.8 a 20.1% de 2010 a 2016), Coneval nos hace otras revelaciones.

Coneval utiliza otras dos líneas para medir la pobreza: “La línea de bienestar mínimo”, que el año pasado incluyó a 24 millones 400 mil mexicanos que no tuvieron suficientes ingresos para alcanzar el valor de la canasta alimentaria por persona al mes, y la segunda “La línea de bienestar” que equivale al valor de la canasta alimentaria y la no alimentaria, también por persona al mes. En esta segunda línea, afectó a 62 millones de mexicanos con ingreso inferior al valor de las dos canastas, la alimentaria y la no alimentaria en 2016. Quizá lo más grave es, no sólo el número de millones de mexicanos incluidos, sino que la cifra ha ido en constante aumento.

Coneval dice en su informe textualmente: “El número de personas con un ingreso inferior a la línea de bienestar en 2016 (62.0 millones) fue menor al dato reportado en 2014 (63.8 millones), pero mayor al reportado en 2012 (60.6 millones) y también superior que el de 2010 (59.6 millones)”.

Un crecimiento económico más elevado y sostenerlo para llevarnos al ejercicio pleno de los derechos sociales y abatir la desigualdad, son las recomendaciones de Coneval y dentro de los retos del momento coyuntural, bajar la inflación que, decimos nosotros, es el impuestos más dañino para la sociedad, particularmente para los sectores más vulnerables que son los trabajadores.