Otra vez unidos a fuerzas

Sergio Gómez Montero / Isegoría
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Otra vez la ciudad hierve convocada por la muerte imprevista, la ineptitud de los inútiles gobernantes y la solidaridad siempre espontánea de los de abajo. Es decir, otra vez sismo en la Ciudad de México y eso provoca el surgimiento no sólo de la alerta roja en todo el país, sino también el accionar conjunto, desde abajo, para suplir la ausencia de un gobierno que virtualmente no existe (o sólo existe en la mente de “Frida” la inexistente) o que sólo existe para hacer nada. Es decir, con hechos es como se impone la unidad nacional.

Convocada una y otra vez por EPN esa unidad nacional era un llamamiento difuso y vago, porque ella, la unidad nacional convocada por el gobierno, era igualmente difusa y vaga. Nada concreto; demagogia pura. Pero, cuando en la vía de los hechos se requirió, ella demostró que allí está, ¡Presente!, concretándose en brigadas de rescate o de recolección de víveres, de medicinas, de alimentos, de todo aquello que fuese requerido en los albergues, en los refugios, en los hospitales, sin la existencia de intermediarios que autoritariamente tratasen de imponer un orden. Por eso ya hoy, después del tercer día de postsismo, la ciudad camina lentamente hacia su recuperación sin que se note la existencia de ningún régimen de gobierno, ni local ni federal, que intervenga, y se exija hoy, cada vez con más énfasis, que los recursos destinados a los partidos políticos se canalicen ahora hacia tareas de reconstrucción nacional.

            Es decir, es muy bueno que la unidad nacional renazca en momentos tan dramáticos y críticos socialmente hablando; pero, bueno sería también, que esa unidad nacional que hoy se manifiesta y exige (exige, por ejemplo, que a los partidos políticos se les reduzcan sus aportaciones del presupuesto federal) se mantenga desde ahora hasta julio del 2018 para que los comicios de ese año se realicen con la mayor limpieza posible y sus resultados se conozcan en los plazos que fija la ley. La unidad nacional no es la proclama demagógica que luego de la Segunda Guerra Mundial se levantó para lograr la reconstrucción de un mundo devastado por esa guerra, sino que, a contrapelo de lo anterior, la unidad nacional fue la que sola, sin que nadie demagógicamente la convocara,  se manifestó cuando se dio la expropiación petrolera, porque todo el pueblo, desde abajo y a la izquierda, la consideró justa y necesaria.

            Hoy pues, por eso, esa unidad nacional que ha nacido luego del sismo es la que hay que conservar durante 2018 para que el país comience a ser otro; diferente, muy diferente al actual: que las brigadas de rescate de hoy se conviertan en las brigadas de lucha que en 1968 salieron a las calles a exigir el respeto a los derechos ciudadanos que en aquel entonces eran tan brutalmente violados por el PRI y que el PRI de hoy viola también igualmente.

            Pregunta de emergencia nacional: ¿Sigue vivo todavía el señor Osorio Chong? A todas las brigadas de rescate del país: Alerta roja por el señor Osorio Chong, está desaparecido (ojalá para siempre).

 

Aullidos fúnebres, clamores de resistencia

Sergio Gómez Montero / Isegoría
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Pensar en los muchos años de Juchitán y sus luchas (vive aún en mí la COCEI) y verla hoy llorando a sus muertos por el sismo que los mantiene durmiendo en las calles mientras celebran sin cesar las honras fúnebres de sus difuntos me lleva a pensar, otra vez, en las etapas de la filosofía griega que hay entre cínicos y sofistas quienes gracias al dominio de la retórica que los caracterizaba podían, como hoy, convertir en discurso consumible las incoherencias que un gobernante pronunciaba luego de registrarse un sismo de escala 8.2 que había dejado una cauda de fallecidos, cuya muerte nada le pedía al poder político, sino sólo respeto para su dolor.

Pero, en las calles y sierras del país no sólo se escuchan hoy los falsos discursos de gobernantes, cínicos y sofistas, sino que también allí resuenan las palabras de quienes claman (y reclaman) pidiendo se ejerza justicia, como hoy, desde Chilpancingo, lo dicen así los presos políticos de la CRAC-PC de Guerrero: “El saldo de esta represión es de cinco comunitarios asesinados, tres presos políticos, seis procesados y que tiene que ir a firmar desde su comunidad de origen que es El Paraíso en el municipio de Ayutla de los Libres hasta Tlapa de Comonfort, dos compañeros que ahora están en resguardo de la CRAC-PC pero sin poder realizar su vida normal, y más de 70 órdenes de aprensión”, y puede decirse que el país vive desde tiempo atrás (desde el momento en que la corriente anarco-sindicalista que le dio vida a la revolución de principios del XX quedó marginada de ese movimiento) el país vive sumido en el caos que lo lleva a ser la 14 economía mundial pero puede ser, al mismo tiempo, el primer lugar de país que registra los mayores índices de desigualdad dada la insultante concentración de la riqueza que aquí, en México, se registra. El que eso es un caldero que tarde que temprano va a explotar lo anuncian así tanto los aullidos fúnebres que se registran, como los clamores de resistencia que no cesan. El nuestro es hoy, sin duda, un país que espanta.

No se trata de rechazar, tan sólo, los cantos de sirena ni de sofistas ni de cínicos, sino de convertir los aullidos y clamores de hoy en acciones de resistencia global dirigidas siempre a darle otro sentido a la vida capitalista que priva hoy en el país, igual a como hoy lo están haciendo los compañeros de Cherán y de San Mateo del Mar, quienes pese a la represión que en contra de ellos se ha ejercido se mantienen en pie de lucha defendiendo los acuerdos comunales a los que han llegado, oponiéndose así a las acciones de un gobierno empeñado en defender sólo a caciques, terratenientes y guardias blancas que pululan por sus tierras.

A veces, pues, al país le cuesta distinguir de dónde provienen aullidos y clamores: de los cientos de pueblos que hoy luchan o de los pueblos que lloran a sus muertos.