Del terremoto, de los héroes y villanos del momento

Luis Gutiérrez Poucel
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La pregunta que a muchos nos inquieta es ¿por qué tantos edificios, construidos después del año 1985, se desplomaron o quedaron en tan mal estado? Después del mortal sismo del 19 septiembre de ese año, se aprobó una nueva normatividad que elevaba los criterios de seguridad para las nuevas construcciones, con normas, códigos y técnicas antisísmicas. Por lo que las autoridades han declarado que todas estas construcciones posteriores a la emisión de la normatividad que se dañaron o cayeron durante el terremoto del 19 de septiembre de este año van a ser investigadas, y si llegaran a encontrar irregularidades, los responsables van a ser procesados con todo el rigor de la ley. No queremos ser cínicos o incrédulos, pero pensamos que todas estas investigaciones se alargarán en el tiempo, los procesos van a conducirse con poca transparencia y los responsables –como casi siempre– escaparán de la justicia… Hay muchas autoridades del pasado y presente involucradas.

La tragedia de los dos terremotos nos dio a los mexicanos la oportunidad para reencontrarnos con la fuerza de la unión, solidaridad y generosidad. Todos quisiéramos que lo bueno que vimos de la gente, de los jóvenes y de los rescatistas continuara, desplazando todo lo malo a lo que, como mexicanos, nos hemos acostumbrado a vivir en silencio. Las acciones de desprendimiento, sacrificio y amor fueron prueba de que existen más mexicanos buenos que malos. Claro, está en nuestra naturaleza como seres humanos el quejarnos y criticar que el pan de ayer está duro, pero se nos olvida que es más duro no tener pan. Ante la tragedia, todos los que pudimos ayudamos y donamos en la medida de nuestras posibilidades, tratando de que los afectados por el sismo tuvieran algo para comer y beber.

Infortunadamente siempre habrá gente ruin que tratará de lucrar con el sufrimiento e infortunio ajeno. Así como algunas esposas de gobernadores directoras del DIF trataron de acaparar y controlar la ayuda que las familias mexicanas donaron. Afortunadamente algunas de estas alimañas fueron denunciadas y puestas en evidencia en las redes sociales, disminuyendo y evitándose sus acciones arbitrarias y leoninas. El Ejército, desgraciadamente, también hizo algo parecido al impedir que aterrizara un avión particular con ayuda enviada por otros compatriotas… supuestamente porque querían que las despensas llegaran a sus bodegas, a lo que los donantes se opusieron porque querían asegurarse de que su ayuda fuera realmente a los damnificados.

Otras personas escondidas detrás de sus monitores y celulares iniciaron rumores falsos sobre supuestos desperfectos en el Periférico, o de una donación rusa de 20 millones de euros para los damnificados, o de abusos cometidos por la Marina de arrasar con maquinaria pesada edificios caídos con sobrevivientes adentro, etcétera. Muchos de estos mensajes se volvieron virales provocando la indignación de la gente que los creyó de buena fe. Estos ociosos bichos crearon más sufrimiento e incertidumbre por el solo placer de ver que sus mentiras se propagarían por todo el país.

Algo que sorprendió fue que no hayamos visto a ninguno de los expresidentes apoyando en las labores de remoción de escombros o levantamiento de fondos para los afectados. Quién sabe, a la mejor temieron por su seguridad, o posiblemente les dio miedo estar hombro con hombro con el pueblo, o quizás el presidente en funciones les pidió que no le hicieran sombra.

¿Quiénes fueron los héroes del momento, aquellos que nos gustará recordar en el futuro como “los buenos”? Lo primero que seguramente se nos viene a la mente son los rescatistas, personas de todo tipo, desde los oficiales como los bomberos y soldados, hasta los voluntarios como los topos y aquellos jóvenes de ambos sexos que, en lugar de correr y esconderse, acudieron a los lugares del desastre a ayudar, a encontrar sobrevivientes, a remover escombros, a entregar despensas y a ofrecer sus servicios solo a cambio de la satisfacción de ayudar. Estos chicos del milenio, nacidos entre 1980 y 2005, con edades entre 16 a 29 años, frecuentemente acusados de ser materialistas y egoístas, que no recuerdan un mundo sin internet, dieron la cara con valentía, entereza y decisión. Esos mismos que se organizaron con sus celulares mediante mensajes en WhatsApp, Facebook y Twitter lanzando la invitación para unirse, no para estar juntos, sino para hacer algo juntos por los demás. Estos rescatistas que dieron muestra de generosidad y solidaridad son mis primeros héroes.

Mis otros héroes ladran y llevan botitas en sus cuatro patas, son los perros rescatistas cuyos nombres difícilmente vamos olvidar, Frida, Evil, Eco, Titán y Humo, perros que salvaron muchas, pero muchas vidas. También hay que reconocer a estos grandes jóvenes y brillantes actores Diego Luna y Gael García quienes promovieron la donación de recursos para ayudar a la reconstrucción. Claro, no podemos olvidar la maravilla del apoyo internacional gritando ¡Gracias Israel, Japón, Chile, Estados Unidos, España, Honduras, Venezuela, Panamá, Colombia y Argentina, entre otros!

La lección de estas tragedias es que ante una desdicha, las palabras no son tan necesarias como el acompañamiento en silencio y el apoyo solidario de nuestros compatriotas. Todos vamos a recordar aquel puño en alto, no como un signo de odio ni de venganza, sino como signo de vida, como señal de guardar silencio para salvar una vida.

Dios siempre perdona, el hombre a veces, pero ¡la Naturaleza nunca!