Harvey versus Trump: Los dos flagelos

Américo Saldívar V.
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Dos flagelos recorren Estados Unidos: el huracán Harvey, derivado del desastre del cambio climático y la presidencia de Donald Trump, producto del supremacismo estadunidense y la arrogancia de gran potencia.  El fenómeno  Harvey que está azotando con descomunal fuerza las costas de Texas y Luisiana, en forma de millones de kilómetros cúbicos de precipitaciones pluviales que, en sólo tres días arrojó un volumen de agua equivalente al de ocho meses de lluvia o, en palabras del ingeniero militar Edmond Russo, “es un caudal que sólo se vería una vez en 1,000 años”.

La lectura que debemos hacer de esta devastadora tragedia es que el Harvey  ofrece una contundente respuesta y una bofetada a las supinas afirmaciones del presidente Trump de que el cambio climático sólo existe en las mentes afiebradas y constituye un invento de los chinos para seguir inundando el planeta con sus productos. Resultado de ello fue su decisión de retirar a Estados Unidos de los ya de por sí tibios  Acuerdos  de París para limitar a 2 grados centígrados el  aumento de la temperatura global.

De tal suerte, los expertos señalan que los eventos serán cada vez más extremos y frecuentes y  se prevé que donde llueve menos ahora, lloverá menos en el futuro, y a la inversa; lo que complicará aún más la agricultura y la producción de alimentos en un horizonte no muy lejano. Lo mismo ocurrirá con los huracanes de categoría 4-5 que serán más frecuentes e intensos como lo demuestra hoy el Harvey.

Infortunadamente este fenómeno atmosférico provocará muchos más daños en vidas humanas y a la infraestructura económica que aquellos causados en 12 años atrás por el huracán Katrina en Nueva Orleans.

Harvey es un ejemplo más de lo que hemos venido afirmando en el sentido que hoy por hoy, el cambio climático constituye el flagelo y enemigo principal del planeta y no el terrorismo o la inseguridad nacional, como nos lo han venido endilgando los Trump y los Putin.

Mientras tanto, nuestro país sigue enfrascado y confundido luchando contra molinos de viento para sacar adelante el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que no es otra cosa más que un Tratado que nos seguirá atando a los vaivenes de la órbita económica y comercial de los intereses estadunidenses.