Ya comenzó el todo se vale

Sergio Gómez Montero / Isegoría
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Se avecinan, pues, los tiempos duros de los demonios, porque ésta es la época de caza en donde todo se vale para conseguir el ansiado premio de la nominación. Analícese al PRI. Allí, los hay los atrabancados que inician demasiado pronto la carrera (Meade, sin duda) y que tratan de mantenerse a toda costa: ahí lo tiene Videgaray dando la cara en lo del TLCAN o exhibiéndose en el Verde. Mientras que los más taimados (Manlio, el chino Osorio), no dejan de salir de escena a través de entrevistas y declaraciones. Pero, más a fondo o bajo el agua, las patadas, los descontones, los chingadazos, pues, están a todo lo que dan.

En el PRI, de esta manera, como en todos los partidos los grupos y tribus que hoy dominan la vida partidaria se manifiestan cada vez con mayor claridad y así, hoy, los grupos se delimitan cada vez más y parecen dominar tres de ellos básicamente la escena (los tres iguales de malignos). Primero, el de los tradicionales, que, con Manlio y Osorio, han hecho una mancuerna muy sólida (allí, Moreno Valle sería la sorpresa, pensando en la política aliancista entre PRI y PAN). Luego, los atlacomulcos, que liderados por Videgaray e impulsados por Peña Nieto llevan de abanderado evidente a Meade Kuribreña y para una emergencia a Nuño. Y ¡oh!, sorpresa, surge en palestra, un grupo inesperado que es un verdadero peligro: el de los militares, impulsado inicialmente por Silvano Aureoles y liderado por Salvador Cienfuegos (el general), hoy encuentra en Graco Ramírez (de sangre 100% militar) el chivo loco que, como en cristalería, trata de causar destrozos particularmente al gobierno de Peña Nieto, como estrategia para ubicar sus cuadros.

La lógica, pues, de grupos, tribus y tendencias está operando actualmente a todo lo que da (Morena y la elección de su candidata a gobernar la Ciudad de México), inaugurando así de manera paralela la durísima etapa de todo se vale a la hora de alcanzar las candidaturas, desde todo tipo de golpes bajos entre grupos, tribus y tendencias, hasta la imposición del caudillaje a la hora de elegir a quienes competirán por un puesto de elección popular, evidenciando así el derrumbe de lo electoral en las sociedades capitalistas contemporáneas (léase a Arturo Revueltas en su ensayo “Notas sobre el futuro electoral en el México actual”, en Tribuna Comunista números 243 y 244; no tiene desperdicio). En esa tendencia tan desgastante está el tercer grupo partidario (PAN, PRD, MC) quien empujado particularmente por Mancera no pierde las esperanzas de salir triunfante  a la hora de competir en el 2018 por la Presidencia de la República.

Como sea, pues, si bien ésta no es etapa de enmascarados y cabelleras largas, sí de patadas voladoras y piquetes de ojos, quebradoras y abrazos del oso. Todo se vale, así, cuando se está en la etapa de alcanzar el poder a través de la vía electoral. Que lo electoral, por tanto, no tiene sentido; bueno, eso es otra canción.

            ¿Qué, el quinto informe de Peña, y eso a quién le importa? Fíjense, mejor, en quién se sienta a la derecha del presidente.

 

 

Gritos en el desierto del presidente 

Sergio Gómez Montero / Isegoría
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                               En memoria de Alfonso Lizárraga.

La frase (que es título de este artículo) es contundente y certera, no deja espacio para dudas, sobre todo para quienes hemos vivido esa experiencia allí, en el desierto, sabemos que por más agudo y estridente que sea tu llamado, él se perderá irremediablemente entre las ondas de calor que predominan en esos ambientes. Esas experiencias no vale la pena vivirlas, aunque ilustren sobre la inutilidad de gritar sabiendo que nadie te escuchará y por lo tanto nadie escuchará tus reclamos. ¿No lo entenderá acaso Enrique Peña Nieto, quien el domingo pasado se puso a gritar, suplicando, que por favor se le diera continuidad a su proyecto y se protegiera lo construido (obvio, por él)? ¿No entenderá que nadie, ya, le hará caso y que por ende está gritando en el desierto, ahora que se acaba de saber que Odebrecht, la compañía brasileña pagó dólares a diestra y siniestra (desde la época de Calderón) a altos funcionarios de Pemex, incluyendo al director general, Emilio Lozoya, quien ocupó tal cargo precisamente con EPN?

¿Qué sucede con los gobernantes de todo el mundo capitalista cuyo sino fatal contemporáneo es enriquecerse ilícitamente durante su cargo? ¿Por qué la corrupción se ha convertido en el fenómeno social característico de los gobiernos en las sociedades de la actualidad? ¿Esa fatalidad que caracteriza a las sociedades capitalistas debe de ser aceptada también fatalmente por las habitantes de esas sociedades? ¿En dónde se ha quedado refundido el cambio social, la voluntad de los habitantes que somos quienes sufrimos y pagamos los excesos y tropelías de la corrupción?

Tiempos aciagos, pues, son los contemporáneos, en donde, por un lado, los gobernantes llevan al extremo su cinismo proponiendo voz en cuello (en el desierto) la continuidad de sus proyectos, todos ellos caracterizados y sumidos en la corrupción, mientras, por otro lado, ellos mismos sabiendo que en poco tiempo más esos proyectos estarán refundidos en la basura (si no que le pregunten al ministro de la SCJN Javier Laynez Potisek, quien está llevando a la basura precisamente todo lo propuesto en telecomunicaciones), pues en muy poco tiempo más nuevos gobernantes aparecerán en la palestra con nuevos proyectos y nuevas formas de tratar de enmascarar la corrupción. Gritos lastimeros e inútiles son los de los gobernantes que dicen adiós al cargo.

Mientras que, por otro lado, también conmueve la inmovilidad de la población que pareciera no conmoverse ni con la más brutal demostración de corrupción ni de inoperancia gubernamental, como si su papel fuera sólo de público de un espectáculo en el cual no pueden intervenir, pues de antemano se prohibieron los chiflidos y las burlas que condenaran la estupidez de la representación.

Dilema social irresoluble: los gritos en el desierto de los gobernantes pregonando sus obras y la impasibilidad idiota de los habitantes. Sociedades sin sentido las que nos ha tocado vivir.