Sheinbaum

Ramón Ojeda Mestre / OEM
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Imposible. Imposible. Imposible no regocijarse cuando la madre de todas las batallas “electorales”: la contienda del 2018, se inicia formalmente con el augurio de que la lisa por la capital de este expoliado México se ha elevado de nivel al presentar una candidata de los tamaños académicos y éticos de Claudia Sheinbaum Pardo.

Es importantísimo que los arúspices hayan hecho su etrusca chamba y hayan puesto el tiro muy alto para las confrontaciones sufragales del año venidero en la Ciudad de México. Una mujer, sí. Una mujer científica, sí. Una académica de primer orden con experiencia administrativa, con un fino tacto político y con una extraordinaria sensibilidad y compromiso social, es un premio de lotería que pocas veces se da en la historia del urbanismo gubernativo.

Sean quienes sean los candidatos o candidatas de otros partidos para gobernar nuestra entrañable gran Tenochtitlán, el asunto se puso bueno al llegar como candidata una gran científica mexicana egresada de El Colegio de México y de la UNAM. Sheinbaum Pardo conoce la ciudad y sus problemas, su complejo entramado y los nudos gordianos, flaquianos y medianos de los intereses de todo jaez, pues ha colaborado más de 10 años en diversos cargos en la ciudad que alberga el corazón de la historia de México.

La brillante alumna de Martínez Negrete, Jacinto Viquiera y Gantam Dutt, estuvo cuatro años en Berkeley con la tesis doctoral y le entiende mejor que nadie a los temas del medio ambiente, los teóricos y los prácticos, y en ello va una gran esperanza de que cuando llegue a gobernar habrá avances muy importantes en esta asignatura.

Perdóneseme la expresión jarocha, pero la Sheinbaum es auténtica chilanga, nació y creció en esta capital desafiante y su familia es de origen judío. Sus abuelos paternos llegaron de Lituania, los maternos eran sefaraditas y venían de Bulgaria. Sus abuelos paternos emigraron a México a principios del siglo XX por razones económicas, racistas y políticas.

Del lado de su madre llegaron en la II Guerra Mundial, hablaban español del siglo XV, pues se quedaron con ese idioma, el sefaradí, porque los judíos fueron expulsados de España en 1492 y algunas comunidades que se quedaron en Europa no perdieron la lengua de esas épocas. Sus padres ya nacieron aquí en México.

Licenciada en física, maestra y doctora en ingeniería energética por la Universidad Nacional Autónoma de México, la Sheimbaum está acostumbrada a aguantar sin trastabilleos, los embates de los detractores más enconados o teledirigidos, no solamente el machismo se le va a la yugular, clásico, sino también los alineamientos de oposición a sus afiliaciones o acciones políticas. Está curtida, diríamos en Veracruz, no es ni una jovencita ceceachera, ni una lagartona de la tercera edad como este tecleador iconoclasta e irredento.

Es importantísimo que una mujer científica y con experiencia política y administrativa participe en el 2018 porque limpia de entrada los establos de augías en que partidos, e instituciones como el INE y otras, han convertido los caminos de la democratización en una zahurda. La hija de Carlos Sheinbaum, a quien le encantaba el piano y de la doctora Annie Pardo Cemo, tiene dos hijos, una historiadora y otro dedicado al arte, pero así como la vemos de seriesota, es una mujer tersa, alegre e ingeniosa, lo principal no es que toque la guitarra, desde luego, pero ayuda, ayuda. Su reto será afrontar el caos en que el actual gobierno le dejaría la ciudad de México, pero ¿quién entiende mejor el caos que un físico? Y eso estudió ella.