Empleo: Los prietitos del arroz

Jorge Faljo / Economía y sociedad
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Para el presidente Peña Nieto este es el sexenio del empleo. A lo largo de su administración se han creado más de 2 millones 800 mil empleos; más que en ningún sexenio anterior. El mes de junio en particular destaca por ser el de mayor crecimiento del empleo en la historia. Para el presidente esto refleja el crecimiento de la economía y que México “está avanzando”.

Avanzamos, pero ¿en qué carril? En contraste a los buenos datos de empleo para el mes de junio, el crecimiento de la economía en el mes de abril señala importantes socavones, y no me refiero al del paso exprés, la construcción retrocedió un 9.9 por ciento y la fabricación de maquinaria y equipo un 6.6 por ciento. Cierto que los datos mensuales tienden a ser más inestables que los anuales. Pero el caso es que en el último año la industria retrocedió un 0.8 por ciento.

Una mirada de más largo plazo indica que, de acuerdo al Banco de México, del 2005 al primer trimestre del 2017 el crecimiento del empleo fue de casi 18 por ciento mientras que la masa salarial apenas se elevó un 2 por ciento. Lo cual solo se explica por una importante disminución del ingreso promedio; más empleos que pagan cada vez menos. Si en 1976 la participación de los salarios en el Producto era del 40.2 por ciento hoy en día apenas supera el 28 por ciento. Lo que indica que los incrementos de la productividad han beneficiado solo a los patrones mientras que los salarios retroceden.

A veces la impresión es otra. El secretario de Hacienda, José Antonio Meade Kuribreña recién declaró que el salario mínimo se ha recuperado 12 por ciento en la actual administración. ¿Cómo es esto compatible con la disminución de los ingresos promedio? Es posible porque…

Para empezar gran parte de los trabajadores no reciben salario mínimo así que el aumento no los beneficia. De los casi 52 millones de trabajadores ocupados más de 29 millones son informales; es decir sin prestaciones básicas. Entre los jóvenes de 15 a 19 años el 61 por ciento son informales y de ellos el 15 por ciento no recibe ingresos y otro 22 por ciento gana menos de un salario mínimo. Así que un 37 por ciento trabaja sin ganar el mínimo. Otro dato preocupante es que 37.3 por ciento de los adolescentes de 15 a 19 años no acude a la escuela. Forman parte de los 7 millones de ninis que ni estudian ni trabajan; receta segura para mayores problemas en el futuro.

Banco de México señala que “en el último trimestre se observó una reducción en los salarios reales ante el aumento en la inflación”. No es mucha novedad pero nos lleva a explorar ¿de qué salarios hablamos? Resulta que no de los más bajos. Entre 2005 y 2016 los ingresos salariales del 20 por ciento de los más pobres, incluyendo los que no ganan ni un salario mínimo, tuvieron un aumento, así fuera ridículo. El 10 por ciento más pobre de los asalariados incrementó su ingreso en 3 por ciento; es decir 20 pesos al mes, el siguiente 10 por ciento incrementó su ingreso en nueve pesos al mes. Por lo menos no perdieron ingreso, en contraste con el restante 80 por ciento de los asalariados de mayor ingreso.  

El 10 por ciento de los trabajadores en la cúspide salarial fueron los que mayor reducción del ingreso sufrieron. Del 2005 al 2016, cayeron de un promedio de 18 mil 700 pesos mensuales a poco menos de 15 mil. No quiere decir que los más ricos del país ganen menos, porque los asalariados están lejos de ser los más ricos del país. Ese puesto lo ocupan los empresarios, los rentistas y un sector de profesionistas que trabajan por cuenta propia. El hecho preocupante es que este deterioro de la clase media profesionista polariza a la sociedad y muy posiblemente a la política. Además los asalariados se ven acosados por la presión a alargar las horas de trabajo, a las rotaciones de turno, y a un ambiente laboral enrarecido por un creciente autoritarismo.

Así que tenemos que las dos puntas del ingreso salarial están en problemas. Para el Coneval casi 40 millones de trabajadores no tienen ingresos para comprar una canasta alimentaria adecuada para la familia. En el extremo alto la clase media asalariada ve caer en picada sus ingresos. Los empleos que se generan son de menos de 3 mil pesos mensuales y se destruyen los de más de 5 mil.

Celebramos, por lo menos el gobierno, que en marzo la tasa de desocupación fue de solo un 4.12 por ciento, o sea que más del 95 por ciento de la población económicamente activa (PEA), estuvo ocupada. Algo que parece excelente. A menos que entendamos que la PEA incluye solo a los que tienen o buscan empleo y abordemos el asunto desde otra perspectiva. ¿De qué tamaño es la PEA?

De acuerdo a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos la participación en el trabajo de la población de Suiza, Suecia e Islandia es de más del 80 por ciento. El promedio de la población adulta que trabaja en los países de la OCDE es del 71.3 por ciento. En América Latina destaca Brasil con una tasa de participación del 71.4 por ciento.

Entonces ¿por qué en México la población económicamente activa es inferior al 60 por ciento? De ninguna manera es un indicador de flojera. Los trabajadores de México y Grecia, son los que más horas al año trabajan en el mundo. Muchas más que los trabajadores de Alemania o de los países industrializados en general.

Lo que nos lleva a concluir que no se capta a los que no buscaron activamente empleo en los días anteriores al levantamiento de las encuestas. Y no se capta debido al desaliento en la búsqueda de empleo, porque ya se conoce la situación del mercado laboral. Pero ante una oferta laboral adecuada muchos de los que no dicen quererlo o buscarlo sin duda lo tomarían.

Lo que tenemos es un alto porcentaje de gente resignada al desempleo ante condiciones laborales poco atractivas, sea por salario, horario, prestaciones, cuidado de los hijos y demás. En condiciones laborales como las de Suecia seguramente aquí también un 80 por ciento de los adultos tendrían o estarían buscando empleo.

Otro ángulo. El gobernador de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, le pidió al secretario de Hacienda, José Antonio Meade, que se elevará el salario mínimo a 92 pesos diarios. Es poco y solo una minoría sería beneficiada. Pero la señal sería fuerte para trabajadores y empresarios; muchos se sentirían alentados a buscar el mejoramiento de sus condiciones laborales a todos los niveles. Para otros empapados del pensamiento neoliberal es simplemente tabú.

Meade contestó que no. Sin embargo, si no se acaba con el trabajo esclavo y no aumenta la demanda, no podremos crecer.

En otro asunto. Indemnizar con un millón de pesos a los familiares de las victimas del socavón del paso exprés, muertos de asfixia después de horas de pedir ayuda, es una burla. Multiplíquenlo por 100, para que de veras les duela en el bolsillo a los responsables. Con decisiones ejemplarizante se puede dar una señal fuerte a los contratistas y acabar con esta forma de impunidad. Solo así podremos sentirnos en seguridad, cuando sepan que si nos dañan perderán hasta la camisa.