Renegociación del TLC: ¿Entreguismo o soberanía?

Yolanda Cristina Massieu Trigo
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El 16 de agosto de 2017, comenzó en Washington la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Hay tres asuntos que llaman mi atención:

La completa omisión del problema alimentario por parte de los cuadros gubernamentales. Todo han sido loas a las agroexportaciones mexicanas al vecino país, básicamente de frutas y hortalizas (entre las que destacan el jitomate y el aguacate); así como de productos agroindustriales como el tequila y la cerveza (ambos en manos de grandes consorcios transnacionales). Ni una palabra de nuestra dependencia de las importaciones de alimentos básicos del vecino país (maíz, frijol, leche, soya, arroz, entre otros). Durante toda la vigencia del TLCAN no se hizo nada para recuperar la autosuficiencia alimentaria, todo lo contrario, se estimularon las importaciones y se toman medidas que no favorecen a la pequeña producción campesina. Esta dependencia se agudizó con el tratado y vulnera la soberanía de México, pero aparentemente el problema no existe en la renegociación.

Los ínfimos salarios de los trabajadores mexicanos, responsables de la migración y parte esencial de la “competitividad” del país. Donald Trump cuestiona a la industria automotriz estadunidense que ha trasladado plantas a México aprovechando estos sueldos y la laxa aplicación de la legislación ambiental, la diferencia es de ocho a uno el salario pagado en Estados Unidos y en México por el mismo tipo de trabajo. En el trabajo agrícola, mientras allá se pagan cerca de 28 dólares la hora, aquí se pagan 150.00 pesos por toda la jornada de un trabajo agotador. ¿Cómo es posible entonces que nadie en el equipo negociador mexicano mencione el problema? Sería el momento ideal para negociar mejores condiciones para los trabajadores migrantes mexicanos y comenzar un programa de recuperación del salario en nuestro país, pero ni una palabra al respecto.

La aguda dependencia comercial de nuestro país hacia el vecino del Norte, que también se incrementó con el TLCAN. Lejos de haber diversificado exportaciones hacia Canadá, el otro socio comercial, México se especializó en ser un país maquilador de empresas extranjeras, básicamente estadunidenses. Más del 80% de nuestras exportaciones e importaciones se realizan con Estados Unidos, lo que también expone a nuestro país, como ya está sucediendo en la era Trump, a que la economía gire en torno a los vaivenes políticos al norte de la frontera. Un ejemplo dramático es la dependencia de millones de familias mexicanas de las remesas que envían los migrantes desde aquel país, que ahora se ven amenazadas por las políticas migratorias. No solamente no se menciona esto entre los gobernantes mexicanos, sino que todo ha sido exaltar las virtudes del TLCAN y lo que perderíamos si se renegocia. Ahora vamos forzados a la renegociación, bajo la presión de Trump. Somos un país que vive en buena medida de la maquila, a ella se dirige la mayor parte de la inversión estadunidense, y los kilómetros de frontera son una ventaja innegable. Sobre los hombros de los mal pagados trabajadores mexicanos descansa nuestra supuesta competitividad, sin que en todos los años del tratado se hayan hecho esfuerzos por avanzar en generar tecnologías propias y productos competitivos debidos a ellas, a la manera en que en su momento lo hicieron los tigres asiáticos y ahora India y China.

Hoy por hoy, los beneficiarios del TLCAN en México son las grandes empresas transnacionales, estadunidenses y mexicanas, que lucran con la posibilidad de pagar salarios de hambre y evadir legislaciones laborales y ambientales (por no hablar de la corrupción). El tratado no ha funcionado para disminuir la desigualdad lacerante de nuestro país, por el contrario, a partir de su vigencia ésta se ha agravado y está incrustada en nuestra estructura socioeconómica como una ventaja para competir.

Estos problemas deberían ser prioritarios para el equipo mexicano que se presenta a la segunda ronda de negociación en la Ciudad de México. El gobierno de Trump tiene una estrategia agresiva para negociar las mayores ventajas posibles para su país, nosotros estamos en manos de negociadores que ignoran los problemas socioeconómicos que ha generado el TLCAN, con un gobierno que se ha distinguido, desde la candidatura del racista y xenófobo presidente estadunidense, por el entreguismo a los intereses del vecino país. Nada bueno para la maltratada soberanía e intereses de México augura esta renegociación.