Ante el TLC, China duda: Calderoni Arroyo

Gerardo Yong / Siempre!
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Cuando en 1994 se puso en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), se interpretó como el Concorde en materia económica y comercial; era la perspectiva futurista hacia un mundo globalizado. A más de 20 años de su surgimiento este acuerdo, que involucra a México, Estados y Canadá, comienza a reorientarse bajo nuevos esquemas basados en un proteccionismo nacionalista y una visión más bilateral. El presidente estadunidense Donald Trump sometió el acuerdo a una revisión, porque según él, éste no conviene a los intereses de la Unión Americana: los empleos se fueron del país, las manufacturas emigraron en busca de una mano de obra más barata, las inversiones se establecieron fuera de las fronteras domésticas, etcétera. Desde la perspectiva del magnate inmobiliario, el TLCAN ha sido desventajoso para el pueblo estadunidense, aun cuando el intercambio comercial es de un millón de dólares por segundo; algo de lo que se han beneficiado grandes firmas estadunidenses, e incluso ostentosos millonarios como él mismo. Tornando en cuenta cifras de 2013, el comercio de México con Estados Unidos alcanzó 486 mil millones de dólares. Las exportaciones sumaron 299 mil millones de dólares; mientras que las importaciones provenientes del país vecino promediaron 187 mil millones de dólares. Nuestro país se ha mantenido como el tercer socio comercial de Washington, segundo proveedor y tercer destino de exportaciones, mientras que Estados Unidos es el primer socio comercial de México, con un volumen comercial de 63.8 por ciento del comercio total con el mundo. Washington es el primer destino de nuestras exportaciones con 77.6 por ciento y el principal proveedor 49.9 por ciento de las importaciones del país. El TLCAN alcanzó un comercio total en la región de 1.056 billones de dólares; una cifra histórica que representa un crecimiento de 4.5 por ciento, así como un crecimiento de 265.8 por ciento respecto a 1993.

Para expertos como José Calderoni Arroyo, consultor internacional en comercio exterior, el comercio significa un beneficio mutuo. Es lo que hace que el pacto sea favorable para los tres países que conforman el bloque. El también representante del Bancomext en Madrid reconoció que la eliminación del acuerdo, o su reestructuración, afectaría a nuestro país pues se requeriría un mayor nivel de competitividad, para lo que no está preparado. También dejó entrever que el famoso plan B de México no sería recomendable, pues sus beneficios no se mostrarían a corto plazo.

A continuación, les presentamos la entrevista que concedió a Siempre! vía correo electrónico. El dumping agrícola de EU.

Estados Unidos ha afirmado que el TLCAN es desventajoso, ¿qué opina?

 –Más bien, espero que los negociadores del TLCAN actuales estén estudiando la acusación de dumping en el precio de los granos que exportan a México, subsidios que han disminuido la producción agrícola nacional. México exporta en valor más de 15 por ciento en alimentos que lo que importa, lo cual es una regla impuesta por la FAO para declarar a un país en suficiencia alimentaria, pero no es lo mismo exportar perecederos de más valor como frutas, hortalizas y ahora bayas, que un grano básico para la alimentación mexicana, humana y animal como el maíz, que dura meses almacenado. Europa inició hace muchos años un acuerdo más exitoso, pues de la libertad de comercio inicial siguieron con los intercambios financieros, el libre movimiento de la mano de obra, una moneda común y un largo temario de acuerdos de beneficio para todos sus miembros.

México argumenta que tiene un plan B en caso de retirarse del TLCAN, ¿hasta qué punto sería más favorable para nuestro país?

–Si la negociación con Estados Unidos falla, el plan B podría ser factible pero no recomendable, como lo demostraron los tratados de Libre Comercio que México ha firmado en lo que va del siglo, con los cuales no se lograron beneficios concretos en favor de México. Se puede, claro, pero debemos ser mucho más competitivos y México tiene enormes carencias en infraestructura, medios de transporte, combustibles, sumados a intangibles fenómenos atroces como la corrupción e impunidad.

Además, no sólo el tema económico está en juego, falta considerar el papel a depositarse en la mesa de negociaciones con respecto a los derechos humanos. Sólo basta recordar lo que acaba de suceder en el estado de Virginia, el tema del contrabando de drogas ilícitas a cambio de armas, la revaloración de nuestros migrantes, siempre en perjuicio de México, a cambio de una propaganda absurda sobrevalorando las remesas y un largo etcétera.

No conocemos bien el mercado chino. Muchos analistas recomiendan cerrar filas con China y concretar el TLC con ese país, el cual nunca se ha concretado por presiones de Estados Unidos. ¿Qué beneficios tendría y a qué plazo?

–Hay que considerar primero que Estados Unidos tiene un gran déficit comercial con China; se debe en parte al objetivo central de las oficinas de la Reserva Federal de nuestros vecinos de mantener la inflación de los precios al mínimo razonable, objetivo similar al del Banco de México.

Donald Trump sometió el acuerdo a una revisión, porque según él éste no conviene a los intereses de la Unión Americana. Al principio, Washington hablaba de acusar a China de dumping pero nunca lo hizo con determinación, pues les convenía. Además de los altísimos montos del déficit comercial de Estados Unidos con China, es preciso recordar la fuerza que tienen los grandes depósitos chinos en el sistema financiero estadunidense.

Me consta que México hizo esfuerzos por exportar a otros mercados y lo logramos, pero siempre es más fácil y barato cruzar la frontera norte y vender todo tipo de bienes y servicios, que navegar hacia el este, oeste o sur, sin esperanza de que el costo de transporte disminuya. Los negociadores van a enfrentarse a nuevas técnicas y sorpresas, por ello Insisto en que los empresarios del “cuarto de al lado” sólo intervengan asesorando pero nunca negociando, para eso están los funcionarios de los tres gobiernos. Soy consejero de la Cámara de Comercio México-China en Beijing y veo que nos falta muchísimo para unir fuerzas comerciales y económicas empezando por entender cómo ellos supeditan el poderío económico al político; semejante a como México hacía en los años de la economía mixta, es decir, con una gran orientación social.