El Jefe Diego: Vida marcada por la impunidad

Pablo Cabañas Díaz
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En la elección federal del 2021, Diego Fernández de Cevallos busca abrirse paso en las redes sociales, su cuenta de Twitter no la manejará él, sino la empresa Ojiva Consultores, la misma que obtuvo millones de pesos en contratos con el excandidato presidencial Ricardo Anaya, a quien le diseñó su estrategia de redes antes de la elección de 2018. Durante una entrevista sobre este tema que le hizo Carmen Aristegui al dirigente panista, se le mencionó una nota periodística que involucra a esa empresa en lavado de dinero pero él  afirmó que esa afirmación era difamatoria. La información publicada por El Heraldo en 2019, indica que poco hay de “difamatorio” en la afirmación de Aristegui al respecto aquí se puede leer la nota: “Detienen por lavado de dinero a colaborador de Andrea de Anda“.

El Jefe Diego es un personaje polémico, que pocas veces evade los debates políticos y tiene una participación transcendental en la vida del PAN. Inició su carrera de abogado en el despacho del fundador de ese partido, Manuel Gómez Morín. Fue un personaje clave para la legitimación de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), quien asumió el poder tras el fraude electoral del que fue víctima Cuauhtémoc Cárdenas. En 1994, durante su campaña por la Presidencia de México, provocó airadas protestas de grupos feministas al referirse a las mujeres como “el viejerío. Aunque el candidato se disculpó, ahora que inicia su participación en las redes sociales es pertinente recordarles esa frase a quienes manejan sus redes sociales.

Fernández de Cevallos es un personaje controvertible, en esa elección de 1994, contaba muy orgulloso, que él era tan creyente de la Iglesia católica y de Dios, que no estaba casado por el matrimonio civil, y que su esposa Claudia Gutiérrez Navarrete estaba muy feliz unida a él desde 1977 sólo por la ley de Dios... no la ley del hombre.

El matrimonio de Fernández de Cevallos y Gutiérrez Navarrete vivió un ambiente de violencia y desintegración familiar. En 1977, cuando tenía 36 años, contrajo matrimonio con Gutiérrez Navarrete, de sólo 17 años. Procrearon tres hijos: Diego, David y Claudia. Tras 15 años de casados, Gutiérrez Navarrete se enteró que su marido tenía otro hijo con una mujer diferente: Rodrigo. En 1992, lo llevó a vivir con la familia formada con su esposa, cuando su hijo tenía 16 años. En diciembre de 2003, tras 25 años de casada con el Jefe, Claudia recibió una noticia de que su sagrado matrimonio acababa en virtud de que su esposo tenía relaciones con una exreina de belleza jalisciense llamada Liliana León Maldonado. Al año siguiente el matrimonio se disolvió, el expresidenciable panista abandonó a la esposa y empezó una nueva vida con su novia de 27 años. Él tenía 63 años. Hasta la fecha, Liliana es su pareja sentimental.

II

Manuel Marín-Foucher, exsuegro de David Fernández de Cevallos acusó a la Procuraduría General de la República (PGR) de apoyar con un avión de esa dependencia para que el hijo de Fernández de Cevallos pudiera sacar de Cozumel, Quintana Roo a sus nietos. Aseguró que lo anterior se confirmó con diferentes personas que trabajaban en el aeropuerto de Cozumel. Según el relato de Marín Foucher, David sacó a sus dos hijos de la isla la madrugada del 29 de octubre de 2010 en un avión privado de la PGR, que les fue prestado de manera indebida.

El 28 de octubre de 2010, el hijo del Jefe Diego –quien se encontraba “secuestrado” desde el 14 de mayo de ese año– se había presentado en la casa de su exesposa, Jimena Marín-Foucher, acompañado de sus escoltas y policías municipales, para quitarle a los hijos de ambos, con una orden de custodia emitida por un juez de Querétaro por lo que se puso a disposición de la familia Fernández de Cevallos a 18 elementos de un cuerpo especial de seguridad pública, que fueron quienes golpearon a su suegro, su suegra y su esposa y le arrebataron a los niños.

Luego del operativo, que duró aproximadamente media hora, Jimena Marín-Foucher, con la boca ensangrentada y la ropa rasgada, declaró a los medios que su esposo la tuvo encerrada y amenazada de muerte durante cuatro meses en un predio de Querétaro, propiedad de Rodrigo, otro de los hijos del Jefe Diego, tiempo durante el cual, dijo, fue sometida a abusos físicos y sicológicos. Expresó que logró escapar después del secuestro de su suegro, y regresó a Cozumel, a la casa de sus padres en busca de protección. Señaló que antes de la separación, ya había demandado a David por violencia intrafamiliar, y aseguró que un juez le otorgó a ella la custodia de los hijos en tanto se desahogaba el proceso de divorcio. “Vine a Cozumel porque es un lugar seguro. Aquí quiero criar a mis hijos y ahora me los han quitado con todo este despliegue de fuerza.”

Afirmó que su esposo y sus hermanos entraron armados a su domicilio presentando una orden judicial para llevarse a los menores. Empero, al día siguiente la directora de Averiguaciones Previas de la Procuraduría de Quintana Roo, Margarita del Rosario Vázquez Barrios, aclaró que la custodia de los niños le fue otorgada a Fernández de Cevallos por el juez Carlos Quintal, de Querétaro. También expresó que los agentes federales involucrados en el caso estaban asignados a la custodia de los niños Fernández de Cevallos.

Jimena Mari-Fouche describió la noche terrorífica del 28 de octubre de 2010 en la tradicionalmente pacífica Isla de las Golondrinas. Su exesposo David Fernández de Cevallos Gutiérrez, que en esa época tenía 29 años tuvo el apoyo de agentes encapuchados de la entonces Agencia Federal de Investigaciones y de sus escoltas personales para “rescatar” a sus dos pequeños hijos: David, de un año, y Diego Manuel, de cuatro años.

David Fernández iba acompañado de su hermanastro Rodrigo cuando, con el respaldo de los uniformados fuertemente armados, irrumpieron en el domicilio de los padres de Jimena, el doctor Manuel Marin-Fouche y Carmen Gómez. Los tres fueron agredidos físicamente cuando intentaron impedir el “rescate”. Y las “fuerzas del orden” rompieron puertas y ventanas para acceder. No parece haber duda de que Felipe Calderón por lo menos estuvo enterado de que se iba a realizar ese operativo en Cozumel.

Jimena envió una carta a Margarita Zavala, entonces presidenta del Desarrollo Integral para la Familia (DIF). En dicho documento, exigen justicia sobre lo ocurrido esa madrugada del 28 de octubre, donde se dieron atropellos y abuso de autoridad. Además, se le anexaban a Calderón y Zavala, los documentos de la custodia provisional de los niños y donde se le tenía prohibido a David Fernández de Cevallos acercarse a la familia, todo esto mientras se resolvía el juicio por divorcio necesario entre Jimena y David, ya que el padre de los niños había sido denunciado por violencia intrafamiliar.

Un hecho importante es que se giró copia de la misma carta, pero con algunos cambios, a los organismos internacionales de derechos humanos acreditados en México. Ante el escándalo que crecía finalmente, Margarita Zavala le solicitó a la familia Marín Fouche, los documentos de todas las diligencias. El 30 de noviembre de 2010, en la Cámara de Diputados, la diputada Leticia Quesada Contreras denunciaba estos hechos. La historia de Jimena tiene un matiz distinto al de muchas mujeres que, cansadas de la violencia de cualquier tipo, y en cualquier forma, que se ejerce contra ellas deciden dejar a su agresor, ella contó con el respaldo de su familia. Aquí la frase “lo personal es político y lo político es personal”, nos hace preguntar de dónde aprendió David esta prepotencia que mostró en público. Impune, quedó la agresión identificada en la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, en la Convención signada por el Estado mexicano contra la violencia doméstica, así como en la Constitución y los códigos penales. Impune, quedó la violencia contra los niños Fernández Marín, quienes estaban protegidos por la Convención de los Derechos del Niño y la propia Constitución.

Las instituciones que participaron en los hechos de violencia contra Jimena Marín Fouche no sancionaron a ninguno de los involucrados. La vida del Jefe ha sido marcada por la impunidad y por no tener límite alguno en sus agravios. El poeta Hugo Gutiérrez Vega, antes de morir narraba que, en 1967, al salir de una representación teatral en San Juan del Río, Querétaro, Fernández de Cevallos y sus hermanos lo interceptaron y le apuntaron con una escopeta, mientras Diego lo agarraba a latigazos. Diego le dijo perro y comunista, y lo acusó de haberse burlado de su padre al llamarlo el poeta porfirista y reaccionario.

Cuánta razón tenía Aristóteles al expresar: “No basta decir solamente la verdad, más conviene mostrar la causa de la falsedad”.

 

 

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