El apoyo de Cuba al mundo en la pandemia

* 2 mil 500 colaboradores en 32 brigadas del contingente Henry Reeve están en 25 países del mundo * Trabajan en México, Perú, Venezuela, Honduras, Nicaragua, Jamaica y 11 países más * También en cuatro naciones de África, dos de Europa y dos del medio Oriente * 400 mil profesionales de la salud laboraron en el orbe durante 56 años * Hoy lo hacen 29 mil médicos cubanos en 66 naciones

Francisco Pérez García / Otra Mirada / Alai-Amlatina
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Lima. Hace unos días, un equipo de 85 médicos procedentes de Cuba llegó a nuestro país como parte de un acuerdo solidario entre el Estado peruano y el gobierno de dicho país para brindar apoyo en la lucha contra la pandemia de covid19 que se desarrolla intensamente a lo largo de nuestro territorio nacional.

Para conocer los detalles de esta misión médica conversamos con Sergio González, embajador de Cuba en Perú, quien nos comentó que este grupo de profesionales de la salud estará destacado en Ayacucho (16), Moquegua (16), Arequipa (26) y Ancash (27). “En esta última región comenzarán a trabajar en Chimbote, donde al parecer existe un preocupante crecimiento de la epidemia”, expresó.

¿Cómo han sido las negociaciones con el Estado peruano para concretar la ayuda?

—Intensas y fructíferas. Las partes han debido evaluar innumerables detalles técnicos propios de la actividad médica a la que se enfrentarán los colaboradores de la Isla, pero sobre todo los relativos a las condiciones de trabajo y condiciones prácticas de existencia, que se han acordado en estricto apego a las normas laborales, migratorias y hasta sanitarias de ambos países. Todo esto debió hacerse en las circunstancias que impone el modo pausa mundial, la limitación de movimientos dentro de Perú, el cierre de aeropuertos que implica el cese de las operaciones de las aerolíneas y otras. Pero prevaleció el ánimo de concretar la iniciativa, que fue ampliamente consensuada entre las autoridades de gobierno y las gobernaciones regionales, el ministerio de Salud, el de Relaciones Exteriores y el Colegio Médico, así como los ministerios homólogos cubanos y las respectivas embajadas. En el tramo final, el ministerio de Defensa y la Policía Nacional del Perú desempeñaron un decisivo rol para asegurar el traslado.

¿Aparte de Perú a que otros países de la región están llegando para brindar el apoyo solidario?

—Para enfrentar covid-19 han viajado alrededor de 2,500 colaboradores en 32 brigadas cubanas del contingente Henry Reeve a 25 países. En algunos casos se han sumado a otros profesionales que ya estaban trabajando en virtud de acuerdos bilaterales previos.

En la región, están en Antigua y Barbudas, Barbados, Belice, Dominica, Granada, Honduras, Haití, Jamaica, México, Nicaragua, Suriname, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, San Cristóbal y Nieves, Trinidad y Tobago y Venezuela.

En África están en Angola, Togo, Cabo Verde y Sudáfrica. En Europa, están en Italia y Andorra. También están en el Medio Oriente, en Kuwait y Qatar.

Es por este aporte que se ha levantado una campaña internacional a favor de la concesión del Premio Nobel al contingente para la cooperación Henry Reeve, al que ya la Organización Mundial de la Salud (OMS) le otorgó el premio Dr. Lee Jong Wook.

Este aporte cubano forma parte de la larga historia de solidaridad hacia nuestro país ¿qué significado tiene 50 años después del apoyo a Perú tras el terremoto de 1970?

—Extraordinario simbolismo. Un día como ayer, 6 de junio, hace 50 años Fidel se tendió en una camilla de un banco de sangre del barrio Vedado e hizo una donación, con la que convocó a los 8 millones 500 mil cubanos de entonces a dar su aporte voluntario. 150 mil bolsas de sangre y plasma se recogieron y, posteriormente, 37 constructores levantaron seis hospitales, tres de ellos en la región. Hace unos meses pude visitar dos que todavía funcionan y ahora van a alojar probablemente a una nueva hornada de médicos cubanos. La mayor parte de ellos, no había nacido hace 50 años.

Es decir, la historia tiene esos ciclos, esas sorpresas. Para completar, por estos mismos días en que conmemoramos medio siglo de la epopeya de solidaridad que siguió al terremoto, un grupo de la Asociación Peruana de Graduados en Cuba hizo una donación de cajas de equipos de protección personal (EPP) a los colaboradores que han venido a sumarse a la lucha contra covid-19. Fueron una representación de los alrededor de 2,000 galenos graduados en Cuba por las becas otorgadas en diferentes momentos por el gobierno revolucionario.

¿Qué le responden a las voces que hablan –otra vez– de una injerencia política cada vez que Cuba envía a sus médicos?

—Apenas le prestamos atención. Significa que cabalgamos, para recordar al Quijote. Pero no dejamos de reflexionar.

La derecha recalcitrante y nuestros detractores tienen un dilema irracional e insoluble. ¡Que se pongan de acuerdo! O los acusan de ser “esclavos” o de ser “espías”, pero ambas condiciones, comprenderás, son incompatibles. No existe la magia que pueda convertir a un esclavo en espía o agente político.

Es parte de la narrativa del eje Washington-Miami, que después encuentra en el Nuevo Herald y el grupo El Comercio una siempre servicial caja de resonancia. Parecía superada en la última etapa de la administración Obama, quien llegó a suprimir el llamado Programa Parole para Profesionales Médicos Cubanos (que instaba a los médicos a desertar de sus misiones) y previamente había dicho (22 de marzo de 2016):

“Hemos desempeñado roles muy diferentes en el mundo. Pero nadie debería negar el servicio que miles de médicos cubanos han prestado a los pobres y los que sufren. El año pasado, trabajadores de la salud estadunidenses –y militares de Estados Unidos– trabajaron codo a codo con los cubanos para salvar vidas y acabar con el ébola en África Occidental. Creo que deberíamos continuar teniendo esa clase de cooperación en otros países”.

Pero cambió la administración y dentro de la nueva se entronizó la mafia mayamera, con Marco Rubio a la cabeza y su furibundo odio anticubano. El inefable John Bolton, asesor para la seguridad nacional, resumió en un capricho la nueva doctrina: acabar con el mito de la medicina cubana y su cooperación.

Aquí cabe la especulación. Tendrían nuestros detractores la misma desfachatez y mezquindad de actuar contra la hipotética administración de Hillary Clinton, de haber mantenido la actitud de Obama? ¿Se opondrían a la “línea de Washington” si una administración diferente se decidiera por una actitud civilizada de cooperación como insinuaba Obama?

Mike Pompeo –de quien todavía esperamos una condena contra el ataque terrorista contra la Embajada de Cuba en Washington, que su gobierno debería proteger– no pierde ocasión para denostar la colaboración cubana un día sí y otro también. Con él, el subsecretario Kozak y su encargada de negocios en La Habana, articulan un belicoso equipo de choque.

Después, un par de gobiernos obsecuentes de la región y parte de la prensa derechista hacen el resto. Cuando, en medio de la epidemia, las muertes en Estados Unidos alcanzaban los 6 dígitos, el gobierno de Trump decidió dedicar 3 millones de dólares de los que aportan los contribuyentes estadunidenses a perseguir y denunciar supuestas violaciones de los derechos de nuestros colaboradores. No los dedicó a comprar los tan necesarios ventiladores mecánicos ni al desarrollo de la vacuna contra covid-19, sino a “acabar con el mito de la medicina cubana”. Nadie más en el mundo, aparte de esos cuatro gatos, está preocupado por los supuestos inconvenientes de la colaboración médica cubana.

Eso es lo que te diría, Francisco, para evitar hablar del irrespeto y la afrenta que significa para 164 países que sean considerados como “esclavistas” o tontos manipulables por haber recibido la colaboración de más de 400,000 profesionales de la salud de Cuba en 56 años, ni más concretamente de las 66 naciones en que hoy se desempeñan 29,000.

Y por si acaso, ratificamos que no queremos el copyright de los esquemas de colaboración. Si alguna gran potencia quiere emularnos, bienvenida sea. Ojalá tuviéramos a los médicos estadunidenses o de otros países desplegados en todo el mundo resolviendo los abrumadores problemas de salud y superando las carencias que covid-19 ha puesto de manifiesto.

No andamos por el mundo torciendo brazos, ni utilizamos la solidaridad – porque no sería tal– ni la colaboración como moneda de cambio. La evidencia la puedes encontrar en que hemos mantenido los acuerdos de colaboración en países que cambiaron de gobierno y signo político, incluso como resultado de golpes de Estado. Allí donde las nuevas autoridades respetaron los acuerdos y manifestaron su interés por la actividad, nuestros colaboradores prosiguieron entregando sus esfuerzos con toda legitimidad y dignidad para beneficio de la salud de los pueblos que los acogieron.

¿Cómo está Cuba afrontando este tema de la pandemia?

—Creo que no es pretencioso decir que estábamos preparados para la pandemia desde hace muchos años. Es decir, no tuvimos que prepararnos para “este” fenómeno en particular porque hemos desarrollado un sólido sistema de salud con capacidades suficientes para enfrentar cualquier contingencia y además contribuir a la lucha mundial contra otros flagelos.

La clave para el éxito de esa lucha han sido las políticas públicas, a partir de una firme voluntad del Estado y la consideración de la salud como derecho humano inalienable, no una mercancía.

No se gradúan 95 mil médicos en una década. No se consigue una densidad de médicos de nueve por cada 1,000 habitantes (la mayor del mundo) de la noche a la mañana, ni se consiguen 5.2 camas hospitalarias por cada 1,000 personas en cuestión de semanas.

La epidemia la hemos enfrentado con un doble anillo de contención. El primero, con medidas sociales de prevención, apoyadas en ese potencial de recursos humanos calificados. Esto ha permitido que, sin llegar a la inmovilización general obligatoria, se hayan podido detectar los focos de contagio (unos 45 eventos), aislarlos y desactivarlos. La decisión ha sido aislar no sólo a los contagiados activos, sino también a los asintomáticos y los sospechosos, en instituciones del Estado.

En el segundo anillo están las acciones clínicas y los protocolos de enfrentamiento a la epidemia una vez que se detecta un sospechoso. Para él se utilizan tratamientos preventivos. Luego, para los que desarrollan síntomas, se utiliza una variedad de acciones que incluyen el suministro de alrededor de 20 fármacos, la mayoría fabricados en Cuba. Se cuentan entre ellos el interferón alfa 2B ®, el itolizumab y un péptido novedoso creado por el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología de La Habana que lleva su nombre, el CIGB-258.

¿Qué aportes científicos están brindando en esta lucha de encontrar una vacuna?

—El interferón cubano se utilizó con gran éxito en China; mientras que el CIGB-258 ha sido efectivo en el 78% de los casos críticos y el 92.3% de los casos graves tratados en Cuba, mientras que a nivel mundial la sobrevivencia de los casos críticos que se logra es 30% sin el uso del mismo. Aquí entra a jugar la otra conquista de la Revolución: su emblemática biotecnología y su industria farmacéutica, el desarrollo del potencial científico de la Isla.

La aplicación de estas conductas nos permitió superar a fines de abril el pico de la epidemia. Para que tengas una idea, La Habana ha sido el epicentro y allí, en esos días de mayor cantidad de casos activos, sólo se ocupó el 30% de las camas hospitalarias y el 8% de las camas de cuidados intensivos.

Hoy tenemos 248 casos activos y tres críticos o graves, una situación favorable que nos permite considerar que la epidemia está bajo control. Hemos acumulado 190 contagiados por cada millón de habitantes y lamentado la muerte de siete personas por cada millón. Cuba ocupa el lugar 93 por el número de contagiados absolutos en el universo de más de 200 países.

El CIGB es uno de más de 100 centros de investigación que desarrolla un candidato vacunal contra covid-19. Pero las investigaciones avanzan en ambos sentidos: en la búsqueda de la vacuna y en el desarrollo de tratamientos para la curación.

¿Vendrá otro grupo de profesionales o sólo estos 85 que han llegado a Perú?

—Todo dependerá de cómo evolucione la pandemia en Perú y en otras partes del mundo, que también han reclamado la colaboración cubana. Por nuestra parte, estaremos atentos a los requerimientos peruanos y haremos las evaluaciones pertinentes en cada momento. Voluntad de ayudar no nos faltará.

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