100 días del gobierno de AMLO:
Concentración del poder en seis actos

Luis Emiliano Gutiérrez Poucel
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Cuando pensé en el tema para este artículo, lo primero que me vino a la mente fue escribir sobre “los aciertos y desaciertos durante los primeros 100 días de gobierno de Andrés Manuel López Obrador”, pero cambié de opinión al pensar que sería un tema muy trillado por su gran interés para otros articulistas y analistas dada lo peculiar y popular que ha sido esta administración. Sin embargo, especulé que podría escribir sobre un rasgo que parece irse fortaleciendo con las acciones e inacciones del gobierno de la cuarta transformación: “su evidente estrategia de acumulación y concentración de poder.”

El afán de aumentar y concentrar el poder en el Ejecutivo no es nada nuevo en la historia de México. Esta ambición de poder la hemos visto desde antes de la dictadura de Porfirio Díaz hasta los gobiernos post revolucionarios. Lo nuevo, en la situación actual, es que todo gira alrededor de una persona sin haber precedido una guerra de independencia o revoluciones civiles. Todo se mueve en torno a un carismático líder, de aceptación creciente a pesar de verse envuelto en malas decisiones de política económica y social. Los mexicanos estamos viviendo la época del caudillo teflón, al que lo negativo se le resbala, no se le pega, excepto el cariño creciente de la gente.

Estos 100 días de gobierno dejan ver algunos indicios del “destino manifiesto de la cuarta transformación”, un proyecto no explícito en seis actos para (1) aumentar el poder en la persona de López Obrador, y (2) controlar la dirección de México.

A continuación, hablamos de cada uno de estos actos.

Primer acto: fortalecer al Ejecutivo. El estilo de esta administración es la poca tolerancia del presidente con los opositores, y la no admisión de la disensión entre sus rangos. Aun cuando las descalificaciones a sus adversarios han venido disminuyendo en tono y número, todavía escuchamos de vez en cuando los adjetivos de “fifis”, “pirrurris”, y “ternuritas”.

La creación de los súper delegados en los estados tuvo el claro propósito de transferir parte del poder al centro. Las giras a los estados organizadas por el gobierno federal, siempre son caracterizadas por los abucheos a los gobernadores, sugiriendo mano negra en la preparación de estas reuniones por parte del equipo de AMLO.

Si alguien de su administración da muestras de iniciativa, explicando alguna situación de manera diferente al pensamiento de AMLO, no tarda éste en salir y descalificarlo. Así pasó con el subsecretario de Hacienda Arturo Herrera que mencionó al Financial Times que la construcción de la refinería se atrasaría porque esos fondos se utilizarían para el fortalecimiento de Pemex. Al día siguiente, AMLO en su conferencia matutina reviró afirmando que la refinería de Dos Bocas en Tabasco iba y que el 18 de marzo se anunciaría su licitación. Sus conferencias matutinas se han distinguido por ser el “show de un solo hombre”, donde sus secretarios de Estado aparecen como figuras decorativas.

Segundo acto: hacer al Poder Legislativo su mano derecha. A través de la mayoría de Morena –junto con los partidos Del Trabajo, Encuentro Social y Verde– la Cámara de Diputados y el Senado han servido para aprobar las iniciativas del Ejecutivo. Los ejemplos más claros han sido la aprobación de la Guardia Nacional y el nombramiento de la candidata a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, iniciativas que enfrentaron gran oposición y numerosas descalificaciones, pero que fueron aprobadas la primera en forma unánime y la segunda por mayoría. Aparte, a través de sus “consultas a modo”, buscando avalar sus decisiones con sus grupos de seguidores, está marginando al Poder Legislativo para decidir en asuntos de competencia legislativa, tales como decisiones sobre política agrícola, estrategia de pensiones, selección de proyectos de infraestructura, etcétera.

Tercer acto: lograr el apoyo incondicional del Ejército. Por un lado, el esfuerzo para la aprobación de la Guardia Nacional empodera a las fuerzas armadas, e implícitamente crea la “guardia pretoriana del gobierno de la cuarta transformación”. Por el otro, la creación del gobierno de fuentes financieras independientes para el Ejército, seduce y compromete a las fuerzas armadas; en pocos países –excepto en tiempos de guerra– se ha visto que un gobierno democrático le otorgue el desarrollo y gestión de un aeropuerto civil internacional a las fuerzas armadas. Todas estas acciones sugieren el peligro de un proceso de militarización del país.

Cuarto acto: reducir la autonomía e independencia del Poder Judicial, los órganos autónomos y organizaciones civiles. En primer lugar, el gobierno ha propuesto la reducción de los sueldos e ingresos de los jueces y funcionarios del Poder Judicial, abrogándose el derecho de controlar las evaluaciones y promociones de jueces y oficiales de las cortes. En segundo lugar, el gobierno ha disminuido los presupuestos del INE, el INEE, la CRE y otros órganos reguladores sectoriales. En tercer lugar, cuando un miembro de alguna entidad autónoma expresa alguna duda o disiente de alguna decisión del Ejecutivo, inmediatamente las autoridades fiscales y financieras lo empiezan a investigar y acusar de probables malas conductas y conflicto de intereses. Así le pasó al presidente de la CRE, Guillermo García Alcocer, quien fue atacado por conflicto de intereses tras cuestionar el perfil de los comisionados propuestos por Andrés Manuel López Obrador. En cuarto lugar, el gobierno está tratando de desaparecer a organizaciones no gubernamentales que dependen del apoyo gubernamental para su existencia. Tal ha sido el caso de las guarderías infantiles y los refugios para mujeres víctimas de la violencia, proyectos ampliamente justificados por estudios internacionales y de derechos humanos.  El gobierno de AMLO prefiere dar esos apoyos directamente a las personas a fin de ampliar su base clientelar, en lugar de ayudar a los que menos tienen y sufren más. En resumen, AMLO busca más el poder que servir a la nación.

Quinto acto: aumentar el apoyo de los trabajadores y de la sociedad civil. En primer lugar, la búsqueda durante –la precampaña, campaña y ahora gobierno– del apoyo de los maestros redituó en numerosos votos para la elección presidencial, y en la creciente aceptación durante los primeros 100 días de su administración. AMLO prefiere sacrificar la calidad de la educación y el futuro de la nación, aceptando pérdidas millonarias con los bloqueos de los ferrocarriles en Michoacán por la CNTE, a fin de conseguir más de un millón de adeptos a su proyecto de nación. En segundo lugar, a pesar de las grandes pérdidas en producción y exportaciones, el gobierno se ha mantenido al margen de las huelgas laborales en las empresas en la frontera norte, enviando el mensaje al resto de los trabajadores del país que primero están sus necesidades y luego los intereses de las compañías privadas, todo con el propósito político de conseguir el apoyo de los sindicatos. En tercer lugar, está buscando crear su propio sindicato en oposición a la Confederación de Trabajadores de México, la CTM controlada por el PRI. En cuarto lugar, AMLO está buscando el apoyo de los trabajadores agrícolas prometiendo precios de garantía al arroz, frijol, maíz y trigo, a pesar que la historia confirma que dichas medidas –en lugar de mejorar el bienestar del campo y del país– reducen la producción y contribuyen a la inflación.

Finalmente, su administración ha propuesto otorgar apoyos monetarios a varios programas sociales, calificados por los analistas nacionales e internacionales como clientelares. De tal manera, ha propuesto otorgar estipendios mensuales a 10 millones de jubilados, 5 millones de estudiantes, 2 millones de ninis y 4 millones de discapacitados. Estos apoyos monetarios comprometen al receptor, robándole la independencia de pensamiento al considerar que los obsequios obligan.

Sexto acto: debilitar al sector privado. Varios inversionistas, empresarios y trabajadores del sector privado, han expresado preocupación acerca de las políticas del gobierno, muchos de los cuales han criticado sus medidas, advirtiendo sobre las probables consecuencias negativas. De tal manera, en una maniobra política, el gobierno de AMLO está buscando, a través de la otorgación de contratos directos, sin licitaciones abiertas, y la acción de empresarios amigos, dividir al sector privado y, debilitando así a los empresarios no amigos.

En conclusión, ¿qué podemos concluir y deducir de estas maniobras y acciones del gobierno de la cuarta transformación? En primer lugar, querido lector, veo la “estrategia de poder del gobierno de AMLO” para lograr construir un robusto andamiaje que le permita concentrar y mantener el poder en el Ejecutivo, en especial en su investidura, a costa del poder de los otros actores en el país.

El principal pilar para lograr el éxito en su “destino manifiesto de concentrar el poder en su persona” es el capital, dinero para comprar y asegurar apoyos. Pero, esto no le será fácil, sobre todo considerando el momento actual: (1) los bajos e inciertos precios del petróleo, el bajo nivel de producción de hidrocarburos, (2) la baja recaudación fiscal, los crecientes compromisos financieros por la cancelación del aeropuerto y la propuesta de nuevos proyectos de infraestructura y energía –aeropuerto de Santa Lucía, Tren Maya y refinería de Dos Bocas, proyectos de baja rentabilidad económica; (3) la disminución en las calificaciones de las agencias calificadoras; (4) la cancelación de buenas inversiones y la iniciación de malos proyectos; y (5) las malas decisiones de gasto público, tales como la compra directa de pipas para distribuir gasolinas, siendo el método más caro de distribución, aumentando los costos de operación.

Todos estos elementos han erosionado la credibilidad económica y política del gobierno de AMLO, disminuyendo la confianza de los inversionistas nacionales y extranjeros quienes han decidido mantenerse al margen en una actitud cautelosa de esperar y ver. Si de algo sirve la historia económica, es que la luna de miel con los gobiernos democráticos no es eterna, sino que termina cuando disminuyen los ingresos de la familia. Las perspectivas en la administración de la 4T es que la economía no va a crecer al 4% bajo el timón de AMLO, sino que a duras penas crecerá entre el 1 al 2%. Mi pronóstico es que la luna de miel y la gran popularidad de AMLO disminuirán del tercer año de su administración en adelante.