100 días: Primero la corrupción y luego los DH

Lucía Lagunes Huerta / Zona de reflexión / CIMAC Noticias
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Si alguna duda había sobre las fobias del presidente de México a los movimientos sociales como el feminista, el de derechos humanos, ya fue despejada el pasado viernes 8 de marzo. Desde la óptica del jefe del Ejecutivo, Andrés Manuel López Obrador, estos movimientos son responsables de haber mantenido el status quo encarnado en la mafia del poder.

Su discurso del pasado Día Internacional de la Mujer, cayó como balde de agua fría a más de una feminista, de las 300 citadas a la reunión de “Mujeres transformando México”. Los mensajes enviados por las autoridades que precedieron al jefe del Ejecutivo quedaron atrás después de 30 minutos de discurso de Andrés Manuel.

            La duda sobre por qué el señalamiento constante del presidente hacia las organizaciones de la sociedad civil, de ser parte del conservadurismo, se despejó cuando al hablar de la política neoliberal se refirió al movimiento social, quien, aseguró Andrés Manuel, “convirtió la política en un asunto gremial, que fraccionó”. Desde la visión del mandatario “para mantener al régimen opresor se empezó a hablar de las nuevas políticas públicas. Se polarizó mucho, se fraccionó, se convirtió la política en un asunto gremial. Y era el movimiento feminista y es el movimiento de equidad de género y el movimiento para la defensa de los derechos humanos y el movimiento obrero y el movimiento campesino y así todos los movimientos. Y esto permitía que se mantuviese el régimen autoritario, porque cada quien se ocupaba de su movimiento”.

“Qué es a final de cuentas el conservadurismo, es mantener el status quo, por eso no se quería cambiar al régimen, se avanzaba mucho en el discurso, en el análisis de la realidad, pero no se apostaba a transformar la realidad, muchos sí, otros no.  Había cofraternidad en la causa específica, pero cuando se trataba de enfrentar a los opresores, a la mafia del poder, ahí era otra cosa”.

Dos realidades fueron dibujadas esa mañana del Día Internacional en la era de la cuarta transformación, la de la desigualdad de las mujeres que impide el desarrollo pleno de México perfilada con cifras por la presidenta del Instituto Nacional de las Mujeres, Nadine Gasman, quien aseguró que las mexicanas “seguimos enfrentando la discriminación laboral, despidos por embarazos, salarios menores por el mismo trabajo con el mismo valor que los hombres, siendo aún las responsables aún de las cargas del trabajo doméstico y del cuidado”.

Le siguieron la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, la senadora Martha Lucia Mícher Camarena, la diputada Wendy Briseño Zuloaga; las ciudadanas Ana Regina Flores Mayoral, Rosalba Velázquez Trigueros y la líder indígena Felicitas Martínez Solano.

¿Cómo debatir si ya se hizo el juicio y la sentencia, si hay la convicción que el único movimiento legítimo y verdadero es el que emana de la Regeneración Nacional, hoy convertido en el partido en el gobierno?

La prioridad está muy clara. Primero desterrar la corrupción como el origen de todos los males “y luego o al mismo tiempo el derecho de las mujeres, el derecho a la libre expresión de las ideas y el derecho al bien estar y el derecho a vivir y ser feliz en un país como el nuestro”.

Sin duda por ello en estos 100 días de gobierno se han tomado las decisiones que afectan principalmente a las mujeres y a la infancia, como son las estancias infantiles o los recursos destinados para salvar la vida de las mujeres y sus hijas e hijos, como son los refugios; por ello tampoco se entregó el recurso solicitado para el mecanismo de Protección de Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas o para las personas que viven con VIH, el recorte para las organizaciones sociales.

Desde el movimiento feminista y de derechos humanos lo que buscamos fue la transformación del régimen, tan es así que mucho de lo que se consiguió en términos de democracia formal en México fue gracias a estos movimientos.

Al debate no se le ha dado la vuelta, si hay algo que hemos hecho las feministas a lo largo de la historia ha sido la argumentación. En uno de los países con  grades desigualdades como es México donde la riqueza está concentrada en el 20 por ciento de la población, es necesario tener en el centro de la agenda la igualdad no sólo como principio ético, sino como eje rector de la política de Estado, porque creer que dotar de recursos parejos para mujeres y hombres es sinónimo de avances, es una trampa muy peligrosa para quienes viven en desigualdad, porque la línea de arranque es desventajosa.

Eliminar la corrupción en el sentido más amplio que implica eliminar los privilegios de quienes tienen el poder es sin duda necesario y urgente, y ello implica el poder masculino que también forma parte de la mafia del poder. Desterrarlo ha sido la tarea del movimiento feminista por lo menos en un siglo.

Los derechos de las mujeres han sido pospuestos en momentos históricos de la transformación de la humanidad, en la Revolución francesa, en la mexicana, en la construcción del socialismo y de las nuevas transformaciones,

Coincido con el presidente cuando asegura que no es un asunto de otorgar derechos, de que las libertades no se imploran, se conquistan. Y eso es lo que hemos hecho las mujeres, conquistar cada uno de nuestros derechos, ahora no sólo es ni un paso atrás a lo que ya tenemos, sino dos pasos adelantes para seguir avanzando.

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