Paradojas en cambio de época: Gil Valdivia

 

* Los riesgos de una crisis económica global siguen latentes * La democracia es un valor que debemos seguir defendiendo * Propone el maestro Gerardo articular un pensamiento de largo plazo

Genaro Rodríguez Navarrete
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Gerardo Gil Valdivia, presidente de la Sección Mexicana del Club de Roma, ha puesto de relieve la necesidad de pensar en una nueva Ilustración, como la que tuvo lugar hacia finales del siglo XVIII en Francia, con el fin poder comprender la dimensión de los cambios que se suceden hoy en día, a nivel mundial.

 

En entrevista sugiere que las soluciones a los problemas deberán formularse desde una mirada holística, transversal y multisectorial, y en la articulación de nuevos conceptos.

 

También ha alertado sobre las terribles consecuencias que tendrá para la humanidad la sobrepoblación del planeta, el deterioro del medio ambiente y el agotamiento de los recursos naturales.

 

Gerardo Gil Valdivia es autor de libros y artículos de vario linaje, en materia de finanzas, energía, desarrollo sostenible y derechos humanos. Ha sido profesor y conferencista. Es miembro del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (Comexi), la Fundación Javier Barros Sierra y del Centro Tepoztlán, Víctor L. Urquidi. Jurista formado en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), cuenta con estudios de posgrado en Derecho y Política Fiscal (International Tax Program) por la Universidad de Harvard. Ahora mismo se desempeña como secretario del Instituto Nacional de Administración Pública (INAP).

 

¿En qué consiste la cuarta revolución industrial?

 

—En la Reunión Anual del Foro Económico Mundial de Davos 2019, se hizo referencia a la cuarta revolución tecnológica e industrial. Tiene que ver con la combinación de las nuevas tecnologías: desde la inteligencia artificial, digitalización, robótica, la nueva genómica, las ciencias biomédicas; las cuales provocarán un enorme cambio en las formas de producción industrial y la prestación de servicios, a lo largo y ancho del planeta; y que conllevan novedosas formas de organización e interrelación entre los seres humanos.

 

Esta transformación viene junto con otros cambios a nivel global y que impactarán tremendamente en el futuro de la humanidad.

 

Uno de esos cambios es el proceso de destrucción de la naturaleza. Se refleja en el rebase de los nueve límites naturales del planeta (cambio climático, pérdida de biodiversidad, interferencia en los ciclos del nitrógeno y el fósforo, destrucción de la capa ozono atmosférico, acidificación de los océanos, consumo de agua dulce, cambio en el uso de la tierra, polución química y carga de aerosoles en la atmósfera), que según los científicos, ya hemos estado viviendo. Temas que junto con el crecimiento demográfico están generando un muy profundo cambio. Por lo que el futuro de la humanidad será muy distinto de lo que hemos conocido hasta este momento.

 

Vivimos en un mundo donde ha cambio enormemente la composición de la sociedad. Apenas a fines del siglo XVIII, éramos mil millones de habitantes, más o menos coincidiendo con la publicación del famoso ensayo de Thomas Malthus. Para finales del siglo XIX, en todo el planeta, llegamos a cerca de 2 mil millones de personas. Y actualmente somos casi 7 mil 700 millones. Para 2050 seremos entre 9 mil 500 y 10 mil 500 millones. Con un proceso que requeriríamos entre cinco y seis planetas tierra para satisfacer las necesidades de recursos naturales para toda la población. Coexistimos en un mundo que está pasando por un cambio de época. La transformación conlleva una forma de pensar diferente que estamos obligados a articular. Debemos imaginar una nueva Ilustración, como la ocurrida a finales del siglo XVIII, que es el origen intelectual del mundo contemporáneo.

 

Sin embargo, pese a los inusitados avances, también seguimos arrastrando ancestrales rezagos.

 

—Estamos viviendo muchas paradojas. Nunca habíamos tenido tanta información y nunca hemos tendido tanto a estar aislados. En las redes sociales, no nos comunicamos con quienes no piensan como nosotros ni estamos dispuestos a escuchar otros puntos de vista. Cada vez tenemos más información; pero carecemos de categorías y estructuras intelectuales para procesarla. También se multiplican los ejemplos del desarrollo intelectual sin precedentes en la humanidad y del despliegue anti-intelectual de millones de personas. Es decir, frente a problemas más graves, nos inclinamos por buscar soluciones más simplistas.

 

Actualmente, poco más de la mitad de las personas en el planeta, el equivalente a 4 mil millones, se encuentra en situación de enorme presión y angustia por conflictos bélicos, inundaciones, sequías, inestabilidad política, pobreza, hambre. La humanidad nunca ha progresado tanto como ahora; pero, a la vez, diversos sectores de la población siguen viviendo muy mal. Vivimos en un mundo de paradojas. Naciones Unidas ha hecho muchos esfuerzos para buscar soluciones, con la Agenda 2030 y los llamados Objetivos del Desarrollo Sostenible. También el Club de Roma, el Foro Global de Mercados Emergentes y numerosas instituciones trabajan en esta materia. Pero falta mucho por recorrer. Y una labor loable es divulgar todas estas ideas.

 

Como plausible sería tratar de comprender las nuevas realidades desde un ángulo diferente.

 

—Así es. Todos los problemas contemporáneos no se pueden seguir viendo desde una sola disciplina. Las soluciones deben ser transdisciplinarias y multisectoriales. Y, sobre todo, con visión de largo plazo. El mundo va aparentemente sin rumbo porque somos presa del cortoplacismo. Las estructuras políticas y empresariales están sujetas a los requerimientos del corto plazo. Debemos articular un pensamiento de largo plazo. Esto es, desde la mirada de las Ciencias de la Complejidad: todos los problemas son complejos y requerimos de una perspectiva transdisciplinar o interdisciplinaria para encontrar las soluciones.

 

¿Y se incurriría acaso en un grave error al pretender interpretar la dinámica de los cambios con categorías del pasado?

 

—Exactamente. Todas nuestras ideas, creencias, fueron concebidas para un mundo vacío, pero vivimos en un mundo saturado. Desde muchos principios religiosos, hasta creencias económicas, políticas, sociales y culturales, están concebidas para un mundo completamente distinto al actual. Nuestras concepciones y criterios son para un mundo que ya no existe. El mundo se saturó y está en grave riesgo por el peligroso agotamiento de los recursos naturales. Por ejemplo, pensemos en que en los últimos 150 años hemos reducido más de la mitad del número de las tierras fértiles y el 90% de los bancos de peces están sobreexplotados o completamente agotados.

 

Estamos viviendo en un mundo muy distinto del que vivieron quienes concibieron todas estas ideas. Recordemos que México alcanza la independencia en 1821 con 8 millones de personas y un territorio de más del doble que el actual. En 1900 fuimos 13 millones. En 1950, el censo hablaba de 26 millones 700 mil. Ahora, en un cálculo intermedio, tenemos unos 127 millones de habitantes. Aunque hay estimaciones que dicen que somos cerca de 134 millones. Es un mundo distinto. El agotamiento del agua y los recursos naturales estarán cada vez más presentes.

 

  ¿Cómo va la ejecución del Plan de París para la reducción de los gases de efecto invernadero?

 

—Es un compromiso que el mundo tiene que cumplir. El acuerdo de París de 2015, tenía como principal objetivo que la temperatura media del planeta no excediera 2 grados Celsius en el curso del siglo XXI, o de preferencia que no pasara los 1.5 grados. El último reporte del Panel Intergubernamental del Cambio Climático nos habla de que, incluso con esos niveles, el mundo va a sufrir consecuencias económicas y sociales terribles. En consecuencia, es necesario limitar más ese aumento de la temperatura. Lo que vemos en las proyecciones es que la temperatura va a aumentar de 3 a 4 y hasta 6 grados Celsius en promedio. Los especialistas calculan que si aumenta más de 4, la situación de la gobernabilidad global será prácticamente inmanejable. Creo que se deben redoblar los esfuerzos en esta materia.

 

En el camino de la conversión hacia el uso de energías limpias, ¿en qué punto se encuentra México?

 

—Aquí el tema es conciliar dos tipos de principios e intereses: la necesidad de estimular el desarrollo del país, generar empleos y progreso, ante el imperativo de limitar la emisión de gases de efecto invernadero y frenar la destrucción de la naturaleza. Creo que los recursos por explotación de hidrocarburos deben ser un mecanismo para financiar la transición energética. Los hidrocarburos no se seguirán usando en el mundo más allá de 15 a 20 años. Debemos hacer un esfuerzo para estar en la modernidad y en el cauce principal de la transición energética global.

 

¿Se han tomado las previsiones necesarias para evitar una crisis económica mundial como la de 2008?

 

—Creo que los riesgos de una crisis económica global siguen latentes. El gobierno de Barack Obama tomó medidas para evitar que la especulación financiera internacional pudiera llevar al mundo a otro colapso, pero el gobierno de Donald Trump ha quitado todas las restricciones. El peligro de una crisis financiera sigue siendo muy importante.

 

¿Qué relevancia tiene la fuerza recobrada en la defensa y promoción de los derechos humanos?

 

—Los derechos humanos son un fenómeno de constantes avances y retrocesos. Estamos ante la necesidad de articular un nuevo humanismo del siglo XXI en el que no perdamos de vista la enorme importancia de encontrar las soluciones globales y nacionales, con pleno respeto a los derechos humanos. Y con plena observancia a la dignidad de la persona. Es muy importante salvar al planeta, nuestra casa común, para vivir mejor, como recomienda la encíclica papal Laudato si.

 

¿Cómo observa el statu quo de la democracia en el mundo?

 

—Muy complicada. Buena parte de la humanidad vive bajo regímenes autoritarios o en gobiernos que ponen en riesgo a la democracia. La democracia es un valor que debemos seguir defendiendo. Es evidente que la democracia tiene muchos vicios y problemas, pero tenemos que protegerla. No sólo la democracia electoral, también la democracia participativa. No sé si sea el mejor, pero es el menos malo de los sistemas políticos.

 

¿Todo esto también afecta la concepción tradicional sobre el Estado nación?

 

—Tenemos un cambio de paradigma importante donde los problemas globales no puede ser resueltos por instancias nacionales. De cualquier manera, debemos salvar la figura del Estado nacional.

 

  ¿Cuál es la situación de la gobernanza global?

 

—Hacia nuevos retos y nuevas realidades. Vamos hacia un gobierno digital y la atención de masas cada vez más abundantes. En el curso del siglo cerca del 80% de la población en el mundo será de carácter urbano. Esto plantea retos inéditos en la historia de la humanidad.

 

Frente a tal problemática, ¿qué propone el Club de Roma?

 

—Uno es este enfoque transversal, multisectorial y transdisciplinario para tener visiones holísticas y de largo plazo. Rescatar el planeta. Evitar su destrucción a través de proteger la naturaleza. Preservar el ambiente. Promover la transición energética y lograr que la gente viva mejor. Es decir, evitar los extremos de concentración de riqueza y extrema pobreza que tanto afectan como realidad global. Y usar la ciencia y la tecnología en beneficio de la sociedad.