En Tultepec, tierra del mamut, México
revela inteligencia del hombre primitivo

Luis Manuel Arce / Prensa Latina
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La inteligencia humana es proverbial y no ha dejado de desarrollarse desde tiempos inmemoriales como lo demuestran los hombres primitivos que poblaban la actual Tultepec, municipio del estado de México, hace más de 15 mil años, entonces una región inhóspita como lo era todo el planeta.

Ese lugar fue y sigue siendo, según los científicos una tierra de mamuts que la habitaba en manadas. Esos gigantescos proboscídeos formaban parte de las fuentes de sustento de aquellos grupos prehistóricos en un medio presumiblemente muy hostil aun cuando los mamuts, grandes pero herbívoros, no atacaban al hombre.

Hace unos días México fue noticia mundial para los arqueólogos y científicos en general, al coronarse una investigación de vieja data con la confirmación de que la "tierra de la pirotecnia", como se le conoce a Tultepec, fue un contexto inédito de caza mediante trampas ingeniosas documentadas por vez primera en el planeta.

Las excavaciones las emprendió en años recientes el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de México ya con la evidencia más bien teórica de que este municipio mexiquense fue ante todo y continúa siendo, “tierra del mamut”, lo cual se confirma ahora con las tres trampas encontradas y los restos óseos en ellas que también determinan era un centro de destazamiento (descuartizar).

Según peritos como Pedro Francisco Sánchez Nava, coordinador nacional de Arqueología del INAH, las trampas tienen una antigüedad de más de 15 mil años al igual que los huesos hallados, lo que "representa un parteaguas, sobre lo que hasta ahora imaginábamos fue la interacción de bandas de cazadores-recolectores con estos enormes herbívoros”.

El antropólogo Diego Prieto Hernández, director general del Instituto Sánchez Nava también considera que este hallazgo cambia aquella escena “azarosa” y “eventual” que los libros de texto manejaban sobre la caza del mamut: la de un animal al que se atacaba únicamente cuando caía en un pantano.

No fue así, porque ya el hombre primitivo actuaba con mucha inteligencia y destreza para asegurar su alimentación. Estas excavaciones en San Antonio Xahuento, en Tultepec, demuestran el aprovechamiento del medio y la organización social alcanzados por los primeros pobladores de la Cuenca de México para emprender esta actividad de cacería, explica el experto.

En tres de los perfiles expuestos en la gran excavación de 40 por 100 metros y ocho de profundidad, se hallaron huesos de mamut, pero lo que llamó poderosamente la atención fueron unos cortes verticales en la disposición de los estratos o capas.

Se trataba de dos fosas con paredes de casi 90 grados, de 1.70 metros de profundidad y 25 metros de diámetro, que aquellos hombres prehistóricos utilizaron como trampas destinadas a esos mamuts, y allí reside la importancia del gran descubrimiento.

El arqueólogo precisó que del sitio denominado “Tultepec II”, donde se ha trabajado durante casi diez meses con el apoyo del ayuntamiento, se han recuperado 824 huesos, sin relación anatómica en su mayoría, correspondientes a 14 mamuts. Ese dato está documentado.

Los restos de ocho proceden de las dos primeras unidades de excavación localizadas en la esquina suroeste del terreno; mientras que los vestigios de otros seis se rescataron al norte de éste, en la tercera unidad de excavación.

Dentro de esas fosas, por debajo de los 3.50 metros, se han recuperado: ocho cráneos, cinco mandíbulas, un centenar de vértebras, 179 costillas, 11 escápulas, cinco húmeros Ulnas (cúbitos de un hueso largo), pelvis, fémures, tibias y otros huesos pequeños.

El experto asegura que aunque los restos de 14 mamuts quedan por debajo de los registrados en sitios del norte y este de Europa “donde inclusive se han encontrado vestigios de 100 o 166 mamuts”, “Tultepec II” ya puede ingresar a la lista de los llamados Megasitios de Mamut.

Luis Córdoba Barradas, arqueólogo de la Dirección de Salvamento Arqueológico (DSA) del INAH quien descubrió y rescató un esqueleto de mamut, se muestra consciente de la trascendencia de este nuevo hallazgo porque sólo existe el antecedente en Japón de trampas cónicas con 40 mil años de antigüedad, para mamíferos de mediano tamaño.

Córdoba señala que posiblemente no sean las únicas trampas de mamut en Tultepec, pues vecinos de San Antonio Xahuento han referido tres sitios próximos con más restos, con lo cual se estaría ante una “línea de trampas”, estrategia que permitiría a los cazadores reducir el margen de error en la captura del ejemplar.

Para comprender este descubrimiento, el arqueólogo remite a los cambios del máximo glacial, al final del Pleistoceno, una época de gran inestabilidad climática en que los polos se congelaron ocasionando la bajada del nivel del mar en todo el planeta y ambientes más secos en varias regiones, como es el caso de la Cuenca de México.

En ese sentido, explica, las trampas prehistóricas de Tultepec para mamut, se excavaron en la arcilla del fondo del lago de Xaltocan, hace aproximadamente 15 mil años, cuando sus niveles descendieron y dejaron expuestas grandes llanuras. Ese fenómeno mundial coincidió con uno local por la gran erupción del volcán Popocatépetl hace 14 mil 700 años motivó una gran movilización de animales y seres humanos hacia el norte de la Cuenca de México donde la caída de ceniza volcánica fue menor.

En los hallazgos de las trampas se observa la deposición de finas capas de ceniza, entre y por encima de varios de los huesos de mamut recuperados, así como la presencia de bentonita (arcilla del lecho lacustre) sobre otros, lo que permite fechar tentativamente este contexto y especular que tuvo en aquella época un uso continuo a lo largo de 500 años.

No obstante, agrega el perito, el registro de más restos por encima de las fosas, es evidencia de que una vez recuperado el nivel del lago y rellenadas las fosas con la descomposición de tules, carrizos y demás vegetación acuática, esta zona continuó siendo un “cementerio de mamuts”.

Con un poco de imaginación, esos datos permiten dibujar una escena más compleja y completa de cómo debió ser la cacería del mamut en la Cuenca de México. Grupos de entre 20 y 30 cazadores azuzaban a la manada con antorchas y ramas, hasta separar a algún ejemplar y dirigirlo a esas trampas. Una vez allí, era rematado desde fuera y luego venía el largo proceso de descuartizamiento y preservación de la carne.

El que “Tultepec II” fuera utilizado exclusivamente para la caza y el destazamiento de mamut machos y hembras, de tallas y edades distintas, convierten el lugar en fuente inagotable de conocimiento, resume el INAH, la entidad que ha divulgado todo lo descrito en este artículo, al igual que las fotos que lo acompañan de los fotógrafos Melitón Tapia y Edith Camacho, ambos del Instituto.