Turbulencias del neoliberalismo

Emir Sader
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El mundo ha experimentado transformaciones regresivas en las últimas décadas del siglo pasado, que tuvo como una de sus consecuencias, la transición a la era neoliberal del capitalismo mundial.

Desde un mundo bipolar, marcado por la presencia de dos bloques que dividieron el mundo en esferas de influencia, nos trasladamos a un mundo unipolar, bajo la hegemonía imperial estadunidense. Un cambio radical en el panorama político e ideológico global. El fin del campo socialista generó, con él, la ideología del Consenso de Washington y el pensamiento único, promoviendo la idea del fin del socialismo, de la división entre la derecha y la izquierda, el predominio de la democracia liberal y la economía de mercado.

Por otro lado, el largo ciclo de carácter expansivo, desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta la década de 1970, el de mayor expansión económica en la historia del capitalismo, ha pasado a un largo ciclo de carácter recesivo, en el que el capitalismo todavía está, sin horizonte de superación.

A su vez, el predominio de gobiernos que aplican políticas de bienestar social ha sido superado por gobiernos que promueven la competencia entre todos en el mercado, eliminando los derechos de la población. Hubo esos tres fenómenos regresivos, que concentraron más los ingresos, aumentaron los conflictos bélicos y aumentaron la miseria, el hambre y la exclusión social.

En el período neoliberal, la hegemonía dejó de estar con los grandes conglomerados del monopolio industrial, para estar en el capital financiero. Capital financiero de naturaleza especulativa, que fluctúa de acuerdo con las perturbaciones del mercado, que utiliza liquidez para circular de una bolsa de valores a otra, de un país a otro, promoviendo incertidumbre y turbulencia.

La era neoliberal es turbulenta, porque las economías actúan de acuerdo con las oscilaciones de las bolsas de valores, las transferencias rápidas de capital, las operaciones de rebaño, que desestabilizan las economías. Desde su instauración, ha habido crisis en América Latina, Asia, Europa, África, con efectos prolongados.

La era de la producción y la creación de empleo ha quedado atrás, reemplazada por la era de las tasas de interés, la especulación financiera, el trabajo precario y la concentración de los ingresos. Las economías latinoamericanas crecieron desde la década de 1930 hasta la crisis de la deuda neoliberal a fines de la década de 1970. Con gobiernos progresistas, vuelven a crecer, al contrario del neoliberalismo, entre los años 2003 y 2012, con políticas para promover la expansión de los sectores productivos de la economía y distribución del ingreso, generando millones de empleos formales y políticas sociales.

La contraofensiva conservadora, restaurando el neoliberalismo en varios países, trajo de nuevo el estancamiento económico, el alza del desempleo, así como las turbulencias financieras.

A escala mundial, se ha pasado de un ciclo con relativa estabilidad económica a un ciclo marcado por la continua turbulencia económica, causada por la inestabilidad típica de los mecanismos financieros. Las crisis se reprodujeron en México, Brasil, Argentina, Corea del Sur, Rusia, y se generalizaron a partir de 2008, lo que puso a la economía mundial en recesión.

Las políticas neoliberales, que abren los mercados internos a los impactos de la economía global, desindustrializan las economías de los países y promueven la centralidad del capital financiero, debilitan la capacidad de regulación estatal y la fortaleza de las empresas públicas, causan enormes debilidades en las economías de cada país frente a inestabilidades internacionales.

Es lo que sucede en el momento presente. Ante la inminencia de una nueva recesión internacional, en lugar de tratar de proteger nuestra economía, los gobiernos neoliberales están tratando de aprovechar la situación para impulsar aún más sus proyectos, que golpean aún más al Estado, intensifican las privatizaciones y debilitan su capacidad de acción. Los efectos de la situación internacional en Brasil se pudo resistir en 2008, porque se fortalecieron los créditos de los bancos públicos, se resistieron los enfrentamientos externos, en lugar de multiplicarlos, como se hace ahora, abriendo aún más nuestras economías.

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