La política estadunidense carece de valores,
límites y vergüenza: Pedro Arturo Aguirre

* Trump es un tipo totalmente antidemocrático, autoritario, megalómano * No me extraña que Rusia intervenga en las elecciones con las redes de hackers y los sitios de internet que tiene

Genaro Rodríguez Navarrete
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.    @GNavarrete

Pedro Arturo Aguirre (Ciudad de México, 1963), escritor y analista político internacional, advierte que estamos viviendo una época de polarizaciones, enconos, racismo, señalamiento de las minorías y discurso del odio. Un clima que pone en riesgo a la democracia ante la irrupción de líderes populistas y autoritarios.

En un primer acercamiento al proceso electoral que vive Estados Unidos, Aguirre vislumbra que Donald John Trump se enfila a su casi seguro segundo mandato y lamenta que los demócratas no hayan tenido la capacidad de generar nuevos liderazgos.

En entrevista exclusiva también pasa revista a temas como la posible injerencia rusa en las elecciones estadunidenses y los eventuales efectos del coronavirus (Covid-19) para la economía mundial.

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¿Cómo define a Donald John Trump?

—Es una desgracia de sujeto. No sólo por sus características personales de un hombre impreparado, inculto, prepotente, poco solidario y empático, sino porque representa a un sector muy importante de la política estadunidense que se ve reflejada en él. Cuando dijo: “yo podría dispararle a la gente en la Quinta Avenida y no perdería votantes”, cuánta razón tenía. Qué profunda e importante fue esa declaración porque estos dirigentes reflejan en buena medida a sus sociedades y el racismo, el machismo, el odio por cualquier corrección política o empatía con el débil; la división del mundo entre ganadores y perdedores. Todo eso que es antidemocrático, está en la psique de millones de personas en todo el mundo. Y que dirigentes de este tipo surjan con tal fuerza, no hace más que refirmar que todavía tenemos como sociedades y personas, muchas zonas oscuras.

Trump es un tipo totalmente antidemocrático, autoritario, megalómano, narcisista, racista, machista. En él se proyectan los complejos de millones de personas, sobre todo de la minoría blanca. Y es preocupante porque es el símbolo de una gran corriente mundial autoritaria de hombres fuertes que dicen “no” a la igualdad de los hombres, de las razas, de los sexos. Todo lo cual ha llevado a una enorme crisis de la democracia.

¿El perfil del magnate neoyorquino aplica a lo que usted denomina como “megalomanía”?

—Absolutamente. El megalómano es de un narcisismo exacerbado. Todo lo conciben alrededor de ellos y se despegan del mundo real. Confunden sus deseos y afán de ser el centro del universo, con la realidad. Siempre hablan en primera persona: “yo hago”, “yo pienso”, “yo digo”. Tienen respuestas para todo. En ellos no hay intermedios: estás en contra o a favor. Quien está en contra es su enemigo.

¿Hasta dónde, conforme a lo que prometió, ha logrado “drenar el pantano”?

—Es parte de un discurso populista porque es antielitista. Uno de los éxitos de los populistas en el mundo es que han señalado a élites y las identifican como grupos que han secuestrado el poder y mantienen marginadas a las mayorías de las grandes decisiones. Eso se puede ver con el Brexit, en la Italia de Salvini, el Frente Nacional francés, los populismos latinoamericanos y, por supuesto, en Estados Unidos. Es paradójico que un millonario como Trump sea antielitista. Y lejos de “drenar el pantano”, ha fomentado el lobbismo que es uno de los orígenes más graves de la corrupción; y al ser profundamente nepotista, ha favorecido a sus partidarios y amigos de manera grotesca.

¿Cuál es su balance después del impeachment?

—Me confirma algo muy serio: el problema ya no es Trump, sino un fenómeno social. El hecho de que el Partido Republicano se haya entregado de tal forma. Cuando Trump fue precandidato en la primarias de hace cuatro años, el establishment republicano no lo quería de candidato. Él se impone por la base y logra definir la agenda legislativa. Ahora lo apoyan de manera incondicional. Ya se hizo del partido. Y a pesar de que hubo una serie de ilegalidades, trampas y asuntos que debieron haberse castigado con el impeachment, los republicanos, como una cuña, se aliaron a él, lo defendieron a muerte. Aquí lo grave es que no es una persona, algo excepcional. Uno de los principales partidos en la historia de Estados Unidos ya tiene la filosofía trumpeana de la política, las cosas y el poder. Eso hace que el peligro para la democracia liberal estadunidense sea mayor porque puede ocurrir cualquier cosa. El mensaje claramente es “primero el partido, después el país”.

La aprobación del nuevo acuerdo comercial con México y Canadá, la presenta como un triunfo personal.

Trump todo lo va a presentar como un triunfo personal, pero en un análisis serio, es una claudicación. Recuérdese que llegó diciendo que el NAFTA había sido el peor acuerdo comercial en la historia del mundo, por lo que se requería de otro tratado. Sin embargo, el T-MEC tiene la misma esencia: es un pacto para el libre comercio. Al llegar con un discurso muy proteccionista y ver que la realidad es muy distinta, Trump tiene que ceder. Obviamente Estados Unidos logra algunas ventajas para la industria automotriz y mejorar las condiciones de los trabajadores mexicanos; logro que no fue de Enrique Peña Nieto ni del gobierno actual, sino exigencia de los sindicatos estadunidenses. En fin, es una claudicación filosófico-política del magnate que llega extremadamente proteccionista en campaña, a lo que tiene que renunciar al momento de gobernar. Pero tiene la habilidad de presentarla como un éxito. Y la gente se lo compra.

Mientras tanto, se advierte una oposición muy alicaída.

—Es verdad. No surgió un candidato demócrata fuerte. Hace cuatro años, Hillary Clinton era su candidata natural. En el 2008 surgió casi de la nada una figura carismática muy importante que fue Obama. Antes tuvieron a gente como Al Gore. Ahora no surgió ningún dirigente importante. Joe Biden, un hombre ya grande, no es un big star. Es un hombre decente, pero no carismático. O el millonario Michael Bloomberg, que tiene un problema: la base demócrata es menos cínica que la republicana. Los señalamientos de machista y misógino en su contra pesan en el ámbito demócrata. Los republicanos le hubieran aplaudido.   

Al no tener una figura, voltean la mirada al viejo Bernie Sanders. Es el más conocido de los precandidatos. Hace cuatro años le pegó un buen susto a Clinton. ¿Qué problema tiene? Sus antecedentes socialistas. Lo que está haciendo Trump desde hace meses es alertar: “Vienen los socialistas”, “el señor es Hugo Chávez en Estados Unidos”, “es Venezuela”. A Trump le conviene que sea Sanders porque todas las baterías las dirigirá contra “un comunista”. Y como la economía está en un buen nivel, tendría todas las de ganar. Sería más peligroso Biden, por estar cercano a la clase media blanca, Elizabeth Warren por ser mujer o Bloomberg. En este caso, sería la disputa entre dos millonarios. El exalcalde de Nueva York podría atraer a sectores intermedios, incluso a republicanos no convencidos con Donald.

Se habla mucho de que Sanders pudiera jalar el voto latino, a un sector del electorado que no participa: los jóvenes, y que capitalizaría el apoyo que ganó Hillary Clinton, en los swing states que serán clave. Suena maravilloso, pero soy escéptico. Viene una campaña sucia monstruosa y de “comunista” no lo bajarán.

¿Persiste la posibilidad de la injerencia rusa en el proceso electoral?

—Ya en este momento, en las primarias del Partido Demócrata, hay acusaciones de que Rusia está interviniendo a favor de Sanders. Para que se vea cómo Bernie le conviene a Trump. Y a Vladimir Putin le conviene que Donald repita porque es un hombre errático y limitado. No me extraña que Rusia intervenga con las redes de hackers y sitios de internet que tiene.

Por otro lado, Trump no ceja en el empeño de construir un muro.

—Porque es un discurso que le ha funcionado. Dice que “el muro ya lo tengo y lo pagan los mexicanos, como lo prometí”. Será una constante humillación para México. No hay duda de que el tema del muro, el haber bajado la inmigración y el asesinato de Soleimani, los presentará como sus grandes éxitos, aunque en los próximos meses la economía se le descomponga un poco.

Hay analistas que advierten sobre los signos de una posible recesión económica.

—Son signos que vienen desde el año pasado. Señalan que casi entran en recesión, empero ésta no llega. Sería munición para el candidato demócrata. Los seguidores de Trump podrían desilusionarse.

La disputa arancelaria con China, ¿ha cobrado factura en la economía estadunidense?

—No de manera significativa como algunos economistas con sus gráficas predecían.

¿El coronavirus (Covid-19) podría ser un factor de riesgo?

—Se habla de un impacto mundial. Puede ser un riesgo, por supuesto. Si la economía China crece a menos de un 5 por ciento repercutirá por todos lados. A unos más que otros. Si esas consecuencias se ven antes de la elección estadunidense, quizá influyan en algo. Habrá que ver. Es un factor que jugará en el comportamiento de la economía mundial.  

Se comenta que los nuevos empleos creados en Estados Unidos son precarios.

—Se les llama "Mcjobs". El típico empleo de estar en un McDonald's vendiendo hamburguesas, mal pagados y sin seguridad laboral. Es un fenómeno que surge desde la era Clinton. Estamos ante el nuevo perfil del trabajo. El empleo bien pagado, con todas las de la ley, es cada vez menor en todo el mundo. Las empresas recurren al outsourcing.

Pero también se debe considerar que hay una cierta recuperación del salario en algunos sectores de la clase trabajadora, que seguramente Trump presumirá en la campaña y los demócratas podrían ir a decir que los están engañando.

¿Qué le ha parecido el reconocimiento de la DEA sobre la existencia de cárteles de la droga en territorio de Estados Unidos?

—Siempre han existido. No es nuevo. Se ha dicho que en México se producen las drogas, pero ¿quién las distribuye allá de una manera más eficaz que la Coca-Cola? Hay cárteles en territorio estadunidense porque ahora ya fabrican drogas sintéticas. Estados Unidos ya es productor de drogas como las anfetaminas. Veremos qué impacto tendrá esto en la sociedad. Mafias siempre han existido y ahora tendrán quizá una influencia política mayor, sobre todo, a nivel regional.

Señalar es un juego peligroso

Finalmente, Pedro Arturo Aguirre expuso que su balance “es muy pesimista por el hecho de ver como uno de los partidos en Estados Unidos se entrega a la ilegalidad, la prepotencia, la megalomanía, anteponiendo intereses partidistas a los objetivos de los padres fundadores. Se dirá que la política siempre ha sido así, pero había cierto nivel de ética, de vergüenza. Cuando Nixon renuncia, los republicanos le dijeron que no lo apoyarían. Ahora no sólo fueron con Trump, sino que lo hicieron a ultranza, a matacaballo. Esa es la falta de valores, de límites, de vergüenza. Esas cosas, sin ser purista, no se veían antes. Estamos alcanzando límites que están minando la democracia. Y por el lado del Partido Demócrata preocupa su incapacidad de haber formado liderazgos”.

Aguirre Ramírez remató: “Vivimos una época de polarización política, enconos, discurso de odio. Como estrategia política se señala a las minorías, los migrantes, las mujeres, los liberales, las élites, los musulmanes, los judíos; todo eso genera odio. Señalar es un juego peligroso. Es jugar con fuego. Por eso la democracia está fallando. Y a los populistas y autoritarios se les facilita vender ese discurso. Explotan las zonas más oscuras de los seres humanos”.

Nota biográfica

Pedro Arturo Aguirre Ramírez es escritor, académico, analista político, especialista en política comparada. Catedrático universitario de la materia Sistemas Políticos y Gobiernos Contemporáneos en la Universidad Iberoamericana. Profesor en diplomados de la Universidad Estatal de Nueva York (SUNY) y otras instituciones de educación superior. Fue asesor de la presidencia de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.

Ha publicado Historia mundial de la megalomanía: desmesuras, desvaríos y fantasías del culto a la personalidad en la política (Editorial Debate, México, 2014 y Editorial Innisfree, Madrid, 2013); De Winston Churchill a Donald Trump, auge y decadencia de las elecciones (Editorial Innisfree, Madrid, España, 2016) y Bad Hombres: megalomanía y política en el siglo XXI (Editorial Innisfree, Madrid, 2016), entre otros libros. Ha escrito la novela histórica El Protocolo Malatesta (aún inédita).

Fue director de la revista Voz y Voto. Autor de ensayos y artículos en revistas como Viceversa, Voices of Mexico, Nexos, ArcanaLetras Libres, Campaings and Elections; y colaborador en los periódicos El Economista, El Universal Reforma. Actualmente publica la columna semanal “Hombres fuertes” en el diario ContraRéplica.