Nuevas luchas, nuevos ruidos

Sergio Gómez Montero / Isegoría
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Hoy no sueño, no sueño, aquí está el sueño
en pequeños ciclones de gargantas.
M. del Cabral: “No”.

Las luchas recientes son, sin duda, nuevas luchas; inéditas, cargadas de elementos que convocan, masivamente a mujeres que reclaman no derechos laborales, sino por sus derechos humanos, lo cual representa un nuevo ruido en el amplio diapasón que se está abriendo en el interior del sistema capitalista contemporáneo, que está conduciendo a que varias nuevas contradicciones entren en crisis y comiencen a explotar quizá no con el estruendo que acompaña a las crisis del trabajo, pero sí son movimientos sociales estruendosos que, como los de género, ya demostraron el domingo y lunes pasados pueden generar inquietudes profundas en la cotidianidad de la vida diaria. Es decir, su ruido si no estruendoso es lo suficientemente sensible como para causar inquietudes que si conmueven el entorno social, el cual, desconcertado, no sabe realmente qué hacer. Todos, con estos nuevos ruidos sociales, realmente no saben qué  hacer o aprovechan el desmadre sonoro para meter ellos su melodía diabólica que se convierte siempre en provocación y sabotaje.

Ruidos también de diversa naturaleza, pero disonantes también, son los que se están dejando sentir a nivel mundial gracias al Covid 19 y a los precios del petróleo que están moviendo de una manera brutal a la salud y a la economía, a grado tal que un buen número de países a nivel mundial se encuentran descompensados y casi sin saber qué hacer

Las nuevas contradicciones del capitalismo (junto con la del trabajo, la de género, medio ambiente y capital financiero) van a generar, y han generado ya, también, inquietudes sociales diversas a las cuales la sociedad en su conjunto no sabrá, en el corto plazo, cómo hacerles frente, a no ser, como en Chile hoy, con la represión más absurda en contra de la población de la tercera edad, a la que se le agrede por el simple hecho de ser mayor edad o a la que, el día de mañana, se le va a dejar recluida en edificios específicamente construidos para ellos, para que le dejen de dar guerra a la “población activa” (los menores de 25 años, los robots o inteligencias artificiales o aquellos beneficiados con los trabajos generados por el capital financiero). Cuando las sociedades sean esos verdaderos infiernos a los que nos está conduciendo el capitalismo contemporáneo deberá ser, desde hoy, combatido, tratando de construir, desde abajo y a la izquierda, sociedades que destierren esos nuevos ruidos estruendosos que ya hoy, levemente, se comienzan a escuchar y, a leve volumen apenas, comienzan a causar estragos en nuestra comunidades contemporáneas.

            ¿Cómo hacerles frente a esos conciertos caóticos que se avecinan ya en el corto plazo, como una herencia que no quisiéramos tener?

            En el Capítulo VI inédito de El Capital hay mucho que  leer al  respecto, lo mismo que en Lukács, Korsch y otros varios autores para quienes esos mundos del futuro que ya nos alcanzó desde sus años de lucidez les despertaban inquietudes muy parecidas a las realidades que hoy a nosotros nos toca vivir.     

 

 

Terrenos dominantes

Sergio Gómez Montero / Isegoría
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

En la boca
el caballo
soporta el tirón.
M. R. Mo: “Caballos 4”.

Siempre es difícil, en términos sociales, no concederle a la  economía el papel principal a la hora de indagar en dónde se registran los hechos primordiales precisamente del ámbito social. No seguirle los pasos a la economía es siempre un grave error cuando se quiere definir qué pasa en la sociedad que nos tocó vivir, como hoy sucede, cuando no se terminan de entender las diferencias profundas que hay entre desarrollo y crecimiento, lo cual dificulta entender, al mismo tiempo, las diferentes tipos de crisis por las que hoy está atravesando el capitalismo, que no logra cómo sacar la cabeza para respirar aunque sea un poco. Un momento muy interesante en el cual uno tiene que diferenciar allí qué es lo orgánico  y qué es lo emocional a la hora de definir las crisis, profundas, por las que atraviesa el sistema capitalista en su conjunto, porque varias de sus partes no están funcionando como todo el sistema quisiera.

Si Niklas Luhmann estuviera entre nosotros, nos llevaría a reflexionar en si, cuando una parte del sistema está en crisis, ello no conlleva, en el caso de los sistemas económicos, que todo el sistema está en crisis, si es que de manera previa los que disputan se han puesto de acuerdo sobre qué entender por sistema, y allí, entonces, lo que domina es quién impone los criterios con los cuales se va a operar; así, si yo a la luna le quiero decir queso, la luna va a ser un queso y no hay de otra, y de allí las diferencias profundas que hay hoy entre Arturo Herrera y Alfonso Romo para quienes el futuro del país se mueve en torno a dos conceptos para ellos antagónicos: crecimiento (cuya apuesta es de Romo, José Ángel Gurría, FMI, Banco de México, INEGI, entre otros) y desarrollo (al que le apuestan Herrera y varios asesores cercanos a AMLO), y por eso los primeros le apuestan a la inversión privada, apoyada por la deuda, mientras que los segundos creen que el futuro del país se debe sustentar en una mejor distribución de la riqueza, encaminándola hacia la inversión productiva sana y generadora de más riqueza. Pero, como comúnmente sucede en estos casos, hay un dilema (un dilema de pelos): ¿Castigo o no castigo? ¿Ley o no ley?

Hay que tomar en consideración, parece que afirman los segundos, que los recursos que el país requiere para iniciar su desarrollo productivo, existen, pero le fueron robados a la nación de una manera cínica e inocua, y por lo tanto hay que recuperarlos aplicando la ley: es decir, castigando a los culpables y recuperando los recursos que tanta falta hacen. Y ése es el dilema: ¿Se aplica o no la ley? ¿Se castiga o no a los culpables? ¿Crecimiento o desarrollo? ¿Impuestos justos a todos o outsourcing y facturerismo de por vida?

Dilemas graves, pues… Pero urgentes de resolver… Otra vez creo.

 

 

¿Al fin habrá partido?

Sergio Gómez Montero / Isegoría
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Madre eterna, tu creación es serena. (…)
Porque su alma vuela hacia la luz
Porque su corazón se ilumina de magia.
L. A. Spinetta: “Soneto intrauterino”.

Ojalá y no termine, con la resolución más reciente del TEPJF, la vida interna de un Movimiento (Morena) que, desde sus inicios, es cierto, corre arrastrado por la fuerza de su caudillo, quien al menos desde hace 18 años arrastra con su fuerza también al país. Lástima, la verdad, que sea desde fuera, el que el Tribunal Electoral sea el que finalmente intente poner orden en el desorden interno con el que el Movimiento mencionado operaba (ojalá y que la decisión del Tribunal se mantenga más allá de esta mañana del jueves en que escribo esta nota). Es decir, será que, con la decisión del TEPJF, al fin se podrá iniciar la estructuración partidaria que tanto se requiere, al margen de que ella camine por las vías tradicionales del electoralismo vigente, con objeto de que al menos en lo que se refiere a la contienda del 21 (elecciones intermedias) se mantenga el control que hoy se tiene de la Cámara de Diputados y las gubernaturas en disputa se inclinen hacia la 4T como es previsible luego de las giras incesantes de AMLO por todo el país los fines de semana, dándole prioridad a las zonas del país en donde se concentran los votos.

            Desde luego, por ahora no hay tiempo ni intención de modificar ni mínimamente ni el sistema electoral (¿ni al INE, que parece ser a nadie le conviene?) y por ello, lo más que se modificaría es Morena, que pasaría sólo a ser un partido listo para disputar el poder… dentro de la absurda democracia representativa que nos gobierna. No más. ¿Es que no tiene caso entonces mover ese esquema; es satisfactorio así para el país? Muchos somos los que tendríamos que dar respuesta a esa interrogante. Pero si ya se está dando desde el poder formal, parecería inútil tratar de formular otras respuestas; aunque especular al respecto tiene la ventaja, al menos, de formular suposiciones sobre el futuro incierto que se avecina después del 21 si es que la estrategia en marcha puesta a caminar en particular por el partido hoy dominante, Morena o AMLO más bien, comienza a cascabelear (qué raro, hasta el lenguaje se repite: se parece al de hace dos años) y lo hasta hoy levantado se viene al piso.

            Como sea, es a los militantes de esa organización política a quienes les toca definir, en el corto plazo, qué es lo que quieren hacer con su grupo tan heterogéneo; desde qué tipo de organización política quieren armar, hasta cómo piensan enfrentar los futuros mediatos e inmediatos. El inmediato cada vez más condicionado por una economía que, tanto por cuestiones internas como externas, afirma Alfonso Romo (no el secretario de Hacienda, como debiera ser), se niega a caminar; el mediato, porque la falta de consolidación actual, le hace pensar a uno, que las acciones saboteadoras actuales de los conservadores, si no hoy, sí tarde que temprano van a minar las aún endebles bases de los cambios sociales que la 4T quiere consolidar. Entre dificultades y tiempo, uno no sabe aún qué irá a pasar.

Dejar que lo defina, solo, Andrés Manuel López Obrador, pareciera ser una irresponsabilidad mayúscula de la cual, parece, Morena no se quiere dar cuenta: no ve, no escucha, no habla, no nada de nada, parece, insisto.

Sí, creo, habrá partido…, pero partido a la mitad.