Justicia no es venganza

Moisés Edwin Barreda / Silabario de política
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Justicia penal a los oligarcas que la merecen no puede ser llamada venganza como éstos procuran y Andrés Manuel López Obrador les ayuda. El pueblo exige, aguarda se les aplique y espera ansioso e impaciente la consulta que el presidente AMLO propone para determinar si se les encausa empezando con Felipe Calderón, Vicente Fox, Ernesto Zedillo y Carlos Salinas.

La captura y el proceso a Genaro García Luna en Estados Unidos son la hebra que llevará a la madeja que justifica emprender esa necesaria y tan esperada depuración social. Decepciona que AMLO diga que en México no se investigará a ese sujeto, aunque anuncie que se darán los informes que Estados Unidos solicite.

Asombro, satisfacción y torrente de cuestionamientos y preguntas causó el que de la noche a la mañana sentaran en el banquillo de los acusados a ese individuo tan reconocido y apreciado por la DEA y la CIA por su “eficacia en el combate al narcotráfico” en México, en el que participaron con él durante doce años consecutivos.

No menos asombró el candor con que Calderón, ya mejor conocido como Comandante Borolas, afirmó que ignoraba los malos manejos de García Luna al frente de la Secretaría de Seguridad Pública y que recibía sobornos multimillonarios en dólares, de capitostes del narcotráfico que debía combatir, y que enseguida, contradictorio, declaró que conseguir la seguridad pública no era tarea de un solo hombre, sino de varios, militares y civiles.

Llovieron desmentidos de la periodista Anabel Hernández y de Javier Herrera Valles, ex comisario de la Policía Federal Preventiva, que ridiculizaron el lavado de manos del Comandante Borolas.

Mediante vídeo difundido en YouTube, la reportera le recordó que en 2006, Calderón, recién declarado presidente electo, recibió en su casa de campaña al general Tomás Ángeles Dauahare, quien delante de Juan Camilo Mouriño, alma gemela de Calderón, le entregó constancias de que García Luna protegía al Cártel de Sinaloa; el ya presidente espurio hizo caso omiso.

Dos años después el mismo general lo volvió a visitar y le entregó lista de militares y funcionarios beneficiarios igual que García Luna, del Cártel de Sinaloa. Mouriño, ya secretario de Gobernación presente allí, dijo recordar la primera vez que ese general denunció la actuación delictuosa de dicho funcionario.

Por si fuera poco ese mentís, al día siguiente de la caída del consentido de Calderón, Javier Herrera Valle acudió al espacio de Carmen Aristegui y en larga entrevista narró que en 2008, cuando fungía como coordinador regional de la Policía Federal Preventiva, por conductos y tiempos distintos envió dos cartas a Calderón. Así le informó de la corrupción de García Luna y que éste puso en puestos clave de la PFP a sus incondicionales en la Agencia Federal de investigaciones, que hacían de las suyas mientras le cuidaban la espalda.

Las denuncias de Ángeles Dauahare y Herrera Valles de que García Luna protegía las actividades del Cártel de Sinaloa sólo sirvieron para que ambos fueran a prisión, más de un año el primero y tres el segundo; ahora fueron útiles para exhibir la mendacidad de Calderón y hacer ver que éste buscaba el poder e impunidad mediante su mujer como presidenta de la república.

A lo anterior se suma que el narco sicario Édgar Valdez Villareal (la Barbie) denunció que Calderón tuvo reuniones con capitostes del narcotráfico.

Mientras se llega a saber por qué Ángeles Dauahare no denunció las consecuencias de sus entrevistas con Calderón, como lo hizo Herrera Valles, se confirma que como Fox y los oligarcas, Calderón ataca a AMLO y la 4T por temor a que se ventilen sus fechorías y lo refundan en presidio.

Aquí no se investigará a ninguno de esos pillastres, pero es muy probable que serán “invitados” por la Corte de Nueva York donde se juzga al ex “súper policía”, como testigos del caso, antes de que López AMLO acepte que justicia no es venganza y que no debe ni puede ser interpretada en ese sentido.

 

 

La narco-guerra de Fecal: ¿Y qué con sus occisos?

Moisés Edwin Barreda / Silabario de política
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He leído cosas sorprendentes. Pura pus. Fluye de la inmensa llaga que en 2006 Vicente Fox y la PRI-dictadura en la trastabillante democracia mexicana abrieron fraguando y aplicando el fraude electoral con que en 2006 Felipe Calderón Hinojosa se convirtió en presidente espurio, pues, como reconocen tirios y troyanos, el pueblo dio el triunfo a Andrés Manuel López Obrador. Esa maloliente efusión de las páginas El traidor..., libro escrito por la reportera Anabel Hernández, obliga a conjeturas y preguntas a los actores explícitos e implícitos de la trama. Difícil que haya respuestas.

Tangencialmente nos ocuparemos de algunas que emergen de “Más respuestas que preguntas”, texto del colega Guillermo Buendía Hernández (https://www.sdpnoticias.com/columnas/eduardo-ibarra-utopia-mas-preguntas-que-respuestas.html) acerca del artículo en que “Ana María Salazar, la ‘experta’ en seguridad nacional y asesora en esta materia del expresidente (William) Clinton”, defiende a Genaro García Luna, que de hombre fuerte del régimen de Calderón, devino en preso estadunidense, cargado de cadenas. Increíble el llanto en diligencia judicial, de este tipo ruin, autor de telemontajes para crearse fama de súper policía.

Las preguntas de mayor calibre obligadas son para Felipe Calderón (Fecal), Washington que incluye al USNortCom, las secretarías de la Defensa Nacional y de Marina y el propio ahora presidiario. Quizá parte de las respuestas sea que cuando se planteaba la intervención de Estados Unidos de América en la Segunda Guerra Mundial, su gobierno le propuso al de México un tratado para la siembra de amapola en Sinaloa, pues precisaban goma de opio para elaborar morfina.

Eso podría explicar la complacencia con que Washington ve la relación de la DEA con el Cártel de Sinaloa, que era conocida y reiteradamente confirma Anabel Hernández. Se entiende porque ¿qué podría hacer si los millones de viciosos estadunidenses no reciben drogas? La existencia o no de ese acuerdo podría estar registrada en los anales políticos y diplomáticos de ese país.

La primera y más importante interrogante emerge del párrafo (pág. 6) de El traidor..., donde la autora dice haber documentado que “fue farsa de Felipe Calderón su llamada ‘guerra contra el narcotráfico’” en 2006, luego de haber llegado a la presidencia con el tufo de fraude electoral... Todos los documentos internos del gobierno a los que tuve acceso, los informantes de los diversos cárteles y de instituciones oficiales lo confirmaban.”

Las preguntas fundamentales son: Si fue farsa la “guerra” con que Calderón trató de legitimarse, ¿cómo explicaría este sujeto el asesinato de más de 200 mil compatriotas, presuntos criminales o inocentes, a manos de soldados, marinos y policías federales? No hay vuelta de hoja: Felipe Calderón es directamente responsable de que sin juicio previo y pese a que está abolida la pena de muerte en el país, se haya privado de la vida a esos compatriotas.

De allí se desprende, como he dicho antes en “Silabario de política”, que esos uniformados actuaban como sicarios del régimen espurio de Fecal, pues la legislación militar prohíbe obedecer órdenes que impliquen la comisión de delito. Lo más sorprendente y da mucho qué pensar, es que los uniformados muertos no llegaron a mil, con todo y que no hay “rambos” en las fuerzas armadas. Lo primero que se piensa es que asesinaron a miles de civiles inocentes.

¿Trascenderá o no cuando García Luna declare como testigo protegido? El gobierno mexicano está obligado a exigir al Poder Judicial estadunidense todo lo que deponga ese sujeto, para proceder en consecuencia. El pueblo mexicano confía en que no quedarán impunes todos los responsables de esa criminal guerra. El propio Calderón blasonó que durante 2006 el Estado le asignó 600 mil millones de pesos.

Las fuerzas armadas deben ser tratadas como lo que son: brazo armado del Estado, no la “ínsula” intocable porque así le convenía a la PRI-dictadura y sus aliados panistas, y auditar el gasto en esa “guerra” tan costosa como sangrienta e inútil, pues dada la corrupción institucionalizada, bien pudo servir para formar nuevos ceresos civiles y militares.