Irán y EU: ¿El inicio de la tercera guerra mundial?

Luis Emiliano Gutiérrez Poucel
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El asesinato del segundo hombre más importante del régimen teocrático de Irán, el general Qasem Soleimani por órdenes del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, produjo una gran especulación en las redes sociales de una posible TGM (tercera guerra mundial). Circularon textos anónimos sobre un complot estadunidense para controlar el mercado de hidrocarburos reduciendo la influencia china e hindú a través de la provocación de un conflicto con Irán, uno de los principales proveedores de crudo de estos países. De tal manera, querido lector, pensé apropiado examinar en esta breve nota la posibilidad de una tercera guerra mundial provocada por el conflicto entre Donald Trump y los extremistas ayatolas.

Primero, hablemos de los antecedentes, ¿ha habido algo parecido en el pasado que haya desatado un gran conflicto con lo que ahora está sucediendo? La respuesta es sí, si lo hubo.

Europa a principios del siglo XX era el centro geopolítico del mundo y la vida transcurría tranquila y en paz en las principales capitales. Sin embargo, esa calma fue interrumpida en junio de 1914 en Sarajevo –capital de una Bosnia Herzegovina anexada al imperio austrohúngaro– con el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria y de su esposa Sofía Chotek por un grupo de nacionalistas bosnios. Nadie pensaba días después del incidente que el asesinato pudiera llevar a hechos mayores. La vida en la capital del imperio austrohúngaro continuaba de manera tranquila y serena. Sin embargo, el asesinato pronto generó un efecto dominó, agrupando a las principales potencias europeas en dos bandos antagónicos desatando la Primera Guerra Mundial.

Lo mismo podría pasar ahora. Estados Unidos es la principal potencia militar del mundo e Irán no constituye comparativamente una amenaza significativa, pero lo que no se puede prever con certidumbre son los efectos en otros países, lo que podría llevar a una confrontación entre el bando de países antiestadunidense y el bando de los países prooccidentales.

Segundo, antes de entrar al tema de los posibles ejes antagónicos, hablemos de las causas que puedan hacer crecer este conflicto. Éstas son:


1) la moneda de referencia para las cotizaciones y transacciones en el mercado internacional del petróleo;

2) los principales países oferentes de petróleo y;

3) el control de Irán del estrecho de Ormuz por donde pasa más de la quinta parte del petróleo mundial, y

4) el panorama futuro de Medio Oriente.

Después de que Estados Unidos abandonó el patrón oro para respaldar su moneda en 1971, las fuerzas de la demanda y oferta de dólares fijaron su valor contra las otras divisas. Sin embargo, los principales precios del comercio internacional siguieron fijándose en dólares, por ello el término de petrodólares. Esto significó que los países, al necesitar dólares para importar sus productos en los mercados internacionales, extendían un préstamo sin intereses a Estados Unidos, cuya moneda ya no estaba respaldada por oro sino por la demanda de otros países por su moneda.

El petróleo casi siempre se ha vendido en dólares por lo que cuando el valor del dólar cae el precio del crudo aumenta y viceversa, manteniéndose el mismo valor del petróleo en el mercado. Sin embargo, uno de los principales productores e importadores de petróleo, China ha empezado recientemente a solicitar pagos y cotizaciones del petróleo en su moneda, el RNB (Renminbi). Sin embargo, si otros países –en especial india e Irán– empiezan a aceptar otras monedas de referencia diferentes al dólar, Estados Unidos perderá su influencia dominante en el mercado de hidrocarburos, algo que están tratando de evitar a través de presiones y sanciones.

Dentro de los cinco principales productores de petróleo están Estados Unidos, Arabia Saudita, Rusia, Canadá, y China. En cuanto a los principales exportadores están Arabia Saudita, Rusia, Irak, Canadá, Emiratos Árabes, Irán y Estados Unidos (México está en la posición 14 con el 2.3 por ciento del valor total de las exportaciones de petróleo).

Los principales compradores de petróleo iraní son India, China, Taiwán, Japón, Corea del Sur y Turquía, países que siguen comprando crudo iraní a pesar de las presiones de Estados Unidos. Aun cuando Estados Unidos tiene una posición relevante como productor y exportador, su predominancia ya no es absoluta, sino que ahora hay otros grupos de países influyentes en el mercado del petróleo.

Irán controla el estrecho de Ormuz, ubicado entre el Golfo Pérsico y el Golfo de Omán, siendo el canal más importante para el transporte internacional de petróleo de los productores de la región hacia los mercados asiáticos. Por este estrecho pasa poco más del 20 por ciento del petróleo mundial.

En una escalación del conflicto contra Estados Unidos, Irán podría cerrar el estrecho lo cual sería catastrófico para el mercado petrolero, aumentando exponencialmente el precio del crudo y perjudicando las economías de varios países, especialmente de China y la India.

Toda esta tensión entre Washington y Teherán se da en el contexto de un conflicto permanente en el Medio Oriente. No solamente Irak e Irán están involucrados, sino también Israel, Líbano, Siria, Arabia Saudita, Qatar, Yemen y Afganistán. Detrás de la confrontación estadunidense-iraní, existen varios jugadores antagónicos y apoyos explícitos e implícitos como los de Rusia y China. La arena del pleito es la más inestable del mundo, cualquier cosa puede pasar.

Finalmente, hay que preguntarse, ¿existen las condiciones para que haya una conflagración mundial? Este economista piensa que no existen tales condiciones para una TGM.

Para empezar, una guerra global requiere la participación activa de dos grandes ejes que agrupen a las principales potencias militares y nucleares. El radar bélico indica que el probable eje antiestadunidense agruparía a China, Rusia, Irán y Corea del Norte. El problema con este bando es que estos países no comparten los mismos intereses económico-políticos, no son ni siquiera economías interdependientes, carecen de una ideología similar y no tienen un denominador cultural común. Estas diferencias son profundas y difícilmente les permitirá construir una alianza fuerte.

Mientras que, por el otro lado, el eje proamericano incluiría a Estados Unidos, Inglaterra, Francia e Israel, países que tienen una simbiosis de intereses político-económicos. Sus intereses y objetivos políticos y económicos están prácticamente en línea. Son países que forman parte del capitalismo global y practicantes del libre mercado. Estas afinidades les han permitido a estos países superar diferencias históricas casi irreconciliables, permitiéndoles pacificar el epicentro de dos guerras mundiales y crear la Unión Europea.

En conclusión, querido lector no creo que estemos ante el nacimiento de una tercera guerra mundial. El conflicto entre Estados Unidos e Irán no es el prólogo de un conflicto bélico global. China y Rusia están conscientes de sus debilidades y dificultades de crear una alianza equivalente a la occidental. Irán, aparte de no ser una superpotencia, está inhabilitado, dada la distancia geográfica con Estados Unidos, para llevar a cabo una guerra directa y transcontinental.

Opino que la tensión entre ambos países continuará, pero no creo –por lo menos no durante el 2020– que haya guerra entre Estados Unidos e Irán.