Aproximación al oficio más antiguo

* En México, donde el feminicidio ha cobrado miles de vidas, se debería legislar sobre la prostitución, como en Holanda.

Genaro Rodríguez Navarrete
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En De banqueta y canapé, el periodista sonorense Humberto Musacchio se ha dado a la tarea de desentrañar las mil y una acepciones desde las de mayor conocimiento hasta aquellas de extraño origen con las que se les ha designado, a lo largo de la historia, a las protagonistas del oficio más antiguo del mundo. Mujerzuelas, esclavas del placer, mujeres de la mala vida, sacerdotisas de la noche, rameras, cuscas, coscolinas, nalgasprontas, pirujas, mozcorras, currulacas (posible corrupción de corrutacas), son algunos ejemplos del amplio vocabulario con que se les ha tildado.

        Y de los lugares donde han ejercido su oficio, el catálogo no es menos abundante: burdeles, lupanares, prostíbulos, congales, puteros, etcétera. Musacchio precisa que "a la antigua Roma le debemos el término prostituta (prostibilis), que significa manchada, obscena, profanada, corrompida y expuesta a las miradas". Esto último, se dice, porque en la Ciudad Eterna y como ocurre prácticamente por todos lados, las meretrices estaban con frecuencia semidesnudas, mostrando sus carnes y expuestas a las miradas de sus posibles clientes.

El autor se nutre de obras de vario linaje como las de Pancracio Celdrán Gomáriz, Manuel Bretón de los Herreros, Valle-Arizpe, Francisco J. Santamaría, Camilo José Cela, Octavio Paz, entre otras fuentes.

En el recorrido histórico, se resalta el enorme servicio que han brindado a la sociedad los lugares de mala muerte, con la aquiescencia de reyes, gobernantes, la Iglesia católica e incluso universidades. Se le atribuye al gran estadista ateniense Solón haber establecido el primer lupanar. Lo que le mereció elogios, como los del bardo Filemón, por “invención tan útil para la salud pública”. San Agustín de Hipona habría coincidido en que tales lugares “son semejantes a las cloacas que, construidas en los más esplendidos palacios, separan los miasmas infectos y purifican el aire”.

El título del ensayo De banqueta y canapé hace referencia a que incluso en este gremio también existen las clases sociales: las que ofertan sus servicios en la calle, a la intemperie; y aquellas que lo hacen en cálidos salones y cómodos canapés.

El texto de Musacchio es desenfadado, agudo, divertido, mordaz, que se lee rápido y es muy ilustrativo. De hecho, el libro incluye un apéndice iconográfico donde se registran obras sobre el tema central aquí abordado realizadas por Rufino Tamayo, Julio Ruelas, Diego Rivera, Ernesto García Cabral (el Chango Cabral), Francisco Díaz de León y José Guadalupe Posada.

Al final y vale la pena recuperar las palabras del propio autor como un llamado a legisladores y gobierno de la Cuarta Transformación, se indica que “el sexoservicio, una profesión que en Holanda, un país civilizado, hoy se considera un negocio y ha rodeado de medidas de protección a sus ejecutantes, las que pagan impuestos como todos los ciudadanos. En México, donde el feminicidio ha cobrado miles de vidas, se debería legislar en sentido semejante a Holanda. Muchas vidas se salvarían, las mujeres dedicadas al oficio más viejo del mundo harían su trabajo en condiciones humanas y el fisco ganaría con esa actividad económica. ¿Será posible?”. La propuesta es loable ahora mismo que la violencia de género repunta de manera alarmante en el país y cuando el tema de la prostitución se imbrica con otras lacras como la trata de personas y el tráfico de drogas.

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Humberto Musacchio (Ciudad Obregón, Sonora, 1943) ejerce el periodismo desde hace 50 años. Fue militante del Partido Comunista Mexicano (PCM), cofundador y directivo de la Unión de Periodistas Democráticos. Es autor de la reconocida columna La República de las Letras. Fue cofundador y jefe de redacción de El Machete (revista patrocinada por el PCM). Ha colaborado para diferentes medios, tales como El Universal, Ovaciones, El Nacional, Uno más Uno, El Día, La Jornada (donde fue subdirector), El Financiero y Reforma. Dirigió las revistas Kiosco y Mira. Actualmente escribe para Excélsior y Siempre! y conduce programas en la radio y televisión públicas. Ha publicado, entre otros, el Diccionario enciclopédico de México (reeditado como Milenios de México); Hojas del tiempo (Hoja Casa Editorial, 1993); Ciudad quebrada (Joaquín Mortiz, 1995); Urbe fugitiva (Raya en el Agua, 2002); México: 200 años de periodismo cultural (Conaculta, 2012) e Historia crítica del periodismo mexicano (Luna Media Comunicación, 2016), entre otros libros.

Humberto Musacchio
De banqueta y canapé
Luna Media Comunicación.
México.
2017.
72 paginas.

 

 

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