Mi relación con Lucio Cabañas

José Luis Alonso Vargas
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A Lucio Cabañas Barrientos lo conocí, o supe de él, en su calidad de miembro de la Juventud Comunista de México, cuando Raúl Ramos Zavala, dirigente del grupo pre guerrillero conocido ahora como Los Procesos, me nombró como su representante ante el Partido de los Pobres.

Me dijo Raúl Ramos Zavala que hacía unos días, en julio de 1970, Lucio había estado en la capital y se había entrevistado con camaradas del Comité Central del Partido Comunista Mexicano, de los cuales había recibido la irrisoria cantidad de mil pesos, para apoyar su lucha armada. Eso nos tuvo indignados un tiempo, pero después comprendimos que el PCM, por su política “prosoviética pacifista”, jamás iba a actuar consecuentemente con aquella tesis enunciada en el XV Congreso Nacional: la vía más probable de la revolución en México será la lucha armada. Eso había sido expresado en junio de 1967, un mes después de que Lucio había sido obligado a remontarse a la sierra, para salvar la vida, tras la masacre gubernamental del 18 de mayo, en Atoyac, Guerrero.

Después supe que Lucio nació en El Porvenir, municipio de Atoyac de Álvarez, el 15 de diciembre de 1936 en el seno de un hogar campesino; que su abuelo participó en el ejercito zapatista ocupando el cargo de general; que estudió la carrera de maestro en la Normal Rural  de Ayotzinapa, Guerrero; y que comenzó una activa vida estudiantil, apasionado en la política de izquierda; que participó en lides estudiantiles; que fue líder de su Normal; que representó a sus estudiantes en diversas partes de la república al ser elegido secretario general de la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FECSM), en 1962; que la primera plaza que recibió fue en un poblado llamado Mezcaltepec, municipio de Atoyac, a 10 kilómetros de la sierra; y que posteriormente fue cambiado a Atoyac, cabecera municipal, a la escuela Modesto Alarcón donde se hizo líder magisterial, miembro del Movimiento Revolucionario del Magisterio (MRM), que encabezaba el maestro Othón Salazar, y que por eso él representaba a los maestros de su zona; que por eso era llamado frecuentemente como conciliador de problemas incluso de otras escuelas; que en 1964 ingresó a la Juventud Comunista de México; y que, precisamente, en 1965, el hecho de intervenir en la solución de un conflicto de la Escuela Juan Álvarez originó que el entonces gobernador del estado, Raymundo Abarca Alarcón promoviera su cambio al estado de Durango. En Durango también participó en movimientos, como el del Cerro del Mercado, contra el gobernador Alejandro Páez Urquidi, razón por la cual fue devuelto a su lugar de origen.

Con todos esos antecedentes ya estaba preparado para subir a la sierra de Guerrero y representar a Los Procesos en el seno del Partido de los Pobres. Pero Raúl Ramos no pudo hacer el contacto en esos meses de octubre a diciembre de 1970 y me dejó esperando en la capital. Al iniciarse 1971 decidí dejar Los Procesos e integrarme al grupo hoy conocido como Los Guajiros, con Diego Lucero y Leopoldo Angulo Luken como principales dirigentes. Nuestra primera acción armada se realizó el 3 de febrero de ese año de 1971. La expropiación de un banco nos redituó 200 mil pesos de los cuales a mí me entregaron 100 mil para impulsar el trabajo en los estados del Pacífico. De entrada, le entregué 10 mil a David López Valenzuela, en Guadalajara; 5 mil a Francisco, de Acaponeta, y 50 mil a Carlos Ceballos Loya, en Tijuana. La infraestructura de Los Guajiros en varias zonas se empezó a construir.

En la segunda reunión nacional de Los Guajiros, a fines de julio de 1971, decidimos enviarle a Lucio, aparte de dinero y armas, que ya habíamos enviado, a cinco camaradas para que se incorporaran al Partido de los Pobres, entre ellos a Carlos Ceballos Loya, mi paisano y camarada de más confianza. Cuando Leopoldo Angulo regresó de la sierra de Guerrero, tras entregarle a Lucio a los cinco camaradas, nos dijo que Lucio era exigente, alegre, bromista, dicharachero y que le gustaba cantar; que fue muy acomedido con los cinco y que, sin egoísmo, sino con gusto, los incorporó a las tareas de la Brigada Campesina de Ajusticiamiento, brazo armado del Partido de los Pobres.

A partir de aquel momento nos consideramos parte de la red urbana del Partido de los Pobres y al camarada Lucio Cabañas lo consideramos como nuestro comandante en jefe. Decidimos elaborar nuestro primer órgano de difusión interna denominado El Guerrillero, y en él publicamos un amplio documento relativo al Partido de los Pobres, incluyendo el primer Ideario. “Hoy nos parece importante reproducir un documento básico para comprender el grado de conciencia alcanzando por los militantes que en las sierras de Guerrero contestan con fuego a la opresión y a la violencia de los capitalistas.” Eso dijimos, en aquella ocasión.

Caí a la cárcel después de las acciones del 15 de enero de 1972, en Chihuahua; sin embargo, en mis escritos, publicados, algunos, en la revista Por Qué me asumía como parte de la guerrilla guerrerense. Por eso, cuando aparecieron los documentos conocidos como Maderas, A, B, C y Bis, de la Organización Partidaria, donde se calificaba a Lucio como pequeño burgués y se le trataba despectivamente, decidí que ya no era parte de la corriente surgida de las ideas y la acción de Raúl Ramos Zavala; las ideas predominantes, en 1972, eran las de Ignacio Arturo Salas Obregón que combinaban sus anteriores ideas religiosas con algunos elementos del marxismo; me eran extrañas y contrarias. Por eso, cuando se propuso la fusión de los grupos guerrilleros más activos, en lo que se llamó la Liga Comunista 23 de Septiembre, muchos de los que habíamos sido Guajiros, en 1971, no aceptamos fusionarnos y, al realizar el secuestro del cónsul estadunidense Terence Leonhardy, el 4 de mayo de 1973, aparecimos como Fuerzas Revolucionarias Armadas del Pueblo (FRAP).

A cambio de la libertad del cónsul secuestrado nos fuimos a Cuba 30 combatientes de diferentes grupos guerrilleros, incluyendo a dos camaradas de la Liga Comunista. Allá, en La Habana, en noviembre de 1973, los camaradas de la Liga, crecidos en número gracias a la incorporación de otros exiliados, nos pidieron que firmáramos un manifiesto, dirigido al proletariado mexicano, donde se denunciaba la traición de los dirigentes de los países socialistas existentes en aquel momento en la URSS, China y Cuba, por lo menos. Por no firmar aquel manifiesto fuimos sentenciados a muerte por el grupo de la Liga Comunista 23 de Septiembre, en Cuba, y eso nos separó por algunos años.

Al morir mi comandante en jefe, Lucio Cabañas, el 2 de diciembre de 1974, redacté un documento político en que decidía abandonar la táctica guerrillera, por el momento, y regresar a la tarea de construir la organización revolucionaria de la clase obrera. Por eso rompí también, orgánicamente, con los camaradas de las FRAP, en Cuba, y me sumé al Seminario convocado por el MIR chileno que sesionaba una o dos veces al mes, en La Habana. En ese seminario, los grupos guerrilleros de casi todos los países de Latinoamérica y el Caribe, e incluso los Panteras Negras de Estados Unidos, informaban de las tareas cumplidas y reflexionaban sobre el futuro de sus organizaciones y la lucha revolucionaria de sus pueblos. Ese intercambio nos permitió a todos vernos como una sola fuerza, enfrentada al enemigo número uno de nuestros pueblos, el imperialismo yanqui. La estrategia estaba clara, el nuevo internacionalismo proletario debía enfocarse a destruir al imperialismo, entendido como fase superior de capitalismo y de sus ruinas construir el socialismo mundial.

A mi regreso a México reingresé al Partido Comunista Mexicano. Fui delegado al XIX y al XX Congresos nacionales y propuse que el nuevo partido, surgido de la fusión, se llamara Partido de los Pobres. La mayoría votó por el nombre de Partido Socialista Unificado de México y me sumé a la mayoría, llegando a ser miembro del Comité Central en sus cuatro últimos años.

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Texto presentado en el acto conmemorativo del 45 aniversario de la caída en combate del comandante Lucio Cabañas Barrientos, en el sitio de Memoria de Circular de Morelia 8, Ciudad de México.

 


Los retos urgentes del MCM
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A un año del gobierno progresista de López Obrador, cuatro son, principalmente, los retos para el Movimiento Comunista Mexicano:

1. Solicitar formalmente, obtener y realizar una primera entrevista con el presidente. Él nos conoce, tal vez le hayan hecho llegar nuestros materiales y nuestras declaraciones, pero, de todos modos, junto con la solicitud de audiencia formal, le podemos hacer llegar un CD con la colección de Tribuna Comunista y otras publicaciones. Esto debe hacerse ya, pues la apertura demostrada nos coloca como un grupo marginal, si no nos damos el valor que tenemos, después de tantos eventos públicos realizados por la celebración del centenario del PCM y el traslado de los restos de Valentín Campa a la Rotonda de las Personas Ilustres. Debemos acudir a esa entrevista los más veteranos y representativos del MCM y de la corriente histórica de la que provenimos. Prepararnos para ello con un documento de presentación y de propuestas concretas.

          2. Después de tantos eventos realizados en los últimos meses y del surgimiento de numerosos camaradas manifestando su deseo de incorporarse a las tareas militantes del MCM, debemos tener una propuesta general y amplia para dar cabida a todas y todos, en la trinchera que cada quien escoja, sin obligar a nadie a la vida de célula o de aparato. Pero, eso sí, informando periódicamente, cada quien, de las tareas realizadas en su frente de acción, pues sin eso, tal militancia sería una simulación o falsedad. Y así no avanzaría el MCM hacia el siguiente nivel: el carácter de partido.

3. Las tesis, su presentación, discusión y aprobación es ahora más urgente que nunca. Ya no podemos aparecer solamente con posicionamientos de coyuntura. Necesitamos calendarizar la discusión de las que ya se han presentado y urgir a los responsables de las demás, para calendarizarlas. El período vacacional debe ser aprovechado para avanzar en algunas y entrar a enero con resultados que animen a continuar con las demás.

4. Nos debe preocupar seriamente el avance de la derecha internacional pues está tocando a nuestras puertas. Sus modelos golpistas ya son tan claros y evidentes que no hay que quebrarse la cabeza para identificarlos en su accionar cotidiano. Ante ello urge la unidad de la izquierda en forma de frente. No debemos escatimar ningún llamado, y debemos estar en todos los espacios donde se realicen, aunque sean pequeños foros unitarios. Es tarea de los comunistas mantenerse alertas del avance de la derecha. La denuncia puntual de ese avance es de ¡vida o muerte!