Resoluciones congresuales del PCM para el campo

Elba Pérez Villalba
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Con motivo del centenario del PCM, el objetivo de este texto es recordar algunas resoluciones en los temas alusivos al campo que abarcan desde el reparto agrario hasta la política de fomento a la producción y que fueron abordados y aprobadas en la mayoría de sus veinte congresos. Las resoluciones de los congresos están reunidas en la compilación Los congresos comunistas. México 1919-1981, elaborada por Elvira Concheiro Bórquez y Carlos Payán Velver.

En el I Congreso, realizado del 25 al 31 de diciembre de 1921, el PCM abordó la cuestión agraria con la posición de que el reparto de tierras significaba la creación de la pequeña propiedad, así como contemplando que la creación, por parte del Estado, de colonias agrícolas militares, de exsoldados agricultores, constituían agrupaciones de pequeños propietarios lo que, en ningún caso, consideraba al campesinado. Como alternativa se llamó a organizar sindicatos rurales, comités de Campesinos Pobres con la intención de integrar los futuros sóviets, bajo principios comunitarios. Por igual, se dio gran peso a la alfabetización rural.

El II Congreso, celebrado del 1 al 5 de abril de 1923, el comunismo mexicano se enfocó el problema campesino manteniendo la idea central de la constitución de los sóviets, y las directrices de la Internacional Comunista que proponía “orientar la lucha principalmente hacia el control de los municipios” de acuerdo con “la situación en las distintas regiones“; y “la defensa de las tierras” con “las armas que tienen en sus manos”.

El III Congreso, efectuado del 7 al 12 de abril de 1925, encomendó luchar por una organización campesina nacional y la unidad obrero-campesina. Se asumió el mandato de la Internacional “Cara al campo” y llamó a configurar el Frente Único de todos los obreros y campesinos, sobre la base de la organización en general, en este caso la de corte campesino, refrendando luchar por la conformación de la Liga Nacional Campesina. La influencia de la Internacional Comunista es evidente en los planteamientos de “bolchevización" del partido y la política de ir “a las masas”.

El IV Congreso, se llevó a cabo del 21 al 27 de mayo de 1926; en él se acordó, como una de las tareas transformar al PCM en el partido dirigente de la clase obrera y campesina; con un programa, una organización y una táctica comunes a través del Bloque Obrero y Campesino. Al mismo tiempo se consideró bregar por la reforma agraria; la expropiación de las grandes propiedades; el reparto de la tierra a las comunidades y, la anulación de la deuda agraria, teniendo como núcleo básico a los Comités para la Defensa de las Conquistas de la Revolución.

En el V Congreso, celebrado del 15 al 20 de abril de 1927, los comunistas mantuvieron los planteamientos del Frente Único y el Bloque Obrero y Campesino; “la completa expropiación de la tierra, de los instrumentos de los grandes hacendados, y su repartición entre las masas campesinas pobres y sin tierra…”, entre los más relevante.

El VI Congreso, se desarrolló del 21 al 23 de enero de 1937, reafirmó su espaldo a la reforma agraria y a la política para el campo del presidente Lázaro Cárdenas, con la observación de no limitarse a ellas, y continuar con el movimiento revolucionario campesino que “confiscaría todas la tierras a los hacendados y empresas imperialistas” para repartirlas “gratuitamente a los campesinos e indígenas”, y contra la deuda agraria.

Las tareas de los comunistas en relación al campo aprobadas por el VII Congreso, reunido del 28 de enero al 3 de febrero de 1939, colocaron la alianza obrero-campesina como asunto central para garantizar las conquistas de la Revolución mexicana, despojados de sectarismo y en cumplimiento de la directriz de la Internacional Comunista de “Unidad a toda costa”.

En 1940, los comunistas convocaron al I Congreso Nacional Extraordinario, que sesionó del 19 al 24 de marzo de 1940, para los campesinos se propuso la lucha por “la expropiación sin indemnización de los latifundios y la entrega gratuita de toda la tierra” a ellos, “asegurándoles medios para cultivarla y para la transformación de los productos agrícolas…” y elaboraron un programa con 16 reivindicaciones. Adicionalmente, los comunistas formularon un programa para los indígenas, que contenía seis demandas.

En el VIII Congreso, citado del 16 al 20 de mayo de 1941, se preservó como tarea primordial la revolución agraria y antimperialista además del cumplimiento del Segundo Plan Sexenal y el desarrollo de la Revolución mexicana; también se mantuvo la directriz de la alianza entre obreros y campesinos y la conformación de un gran movimiento no sólo antimperialista sino antifascista.

El IX Congreso discutió, entre el 12 al 18 de mayo del 1944, diversos temas pero, en el caso de los campesinos adoptó 16 puntos destacando, entre otros, reforzar la Confederación Nacional Campesina (CNC), como el organismo representativo de los campesinos integrantes de las diversas Ligas de Comunidades Agrarias y Sindicatos Campesinos, y luchar por la unidad del movimiento campesino. De nuevo, para los indígenas presentó seis puntos.

El X Congreso, congregado del 24 de noviembre al 1 de diciembre de 1947, hizo hincapié en que el problema agrario, que había generado el movimiento revolucionario, continuaba sin resolverse, enfatizando la permanencia de residuos “latifundistas y feudales” y, ante la situación general nacional, los comunistas plantearon constituir el Frente Democrático de Liberación Nacional, con un programa de nueve demandas, entre otras, alcanzar el pleno desarrollo de la reforma agraria. Este Congreso continúo subrayando la necesidad de la alianza obrero y campesina.

En el XI Congreso Nacional de los comunistas (20 al 25 de noviembre de 1950) resolvió lanzar la consigna de “restaurar el original artículo 27 constitucional, derogar las reformas reaccionarias al Código Agrario, y sus antiguas demandas por la expropiación sin indemnización, por la tierra y por la alianza entre obreros y campesinos”.

Cuatro años más tarde se celebró el XII Congreso, del 20 al 25 de septiembre de 1954 y en él, fundamentalmente se confirmó lo resuelto en el XI Congreso al igual que la postura respecto al problema indígena, todo ello como parte de las tareas hacia la conformación del Frente Nacional Democrático y Antimperialista, en una lucha abierta, de masas.

El XIII Congreso realizado del 27 al 31 de mayo de 1960 mantuvo la misma posición respecto al campo aunque cuestionó el aumento del “control social, económico y político de los campesinos por el gobierno”, descartando la idea de que la alianza obrero-campesino se concretaba mediante el acuerdo entre la Central de Trabajadores de México (CTM) y la Central Nacional Campesina (CNC).

El XIV Congreso, verificado del 19 al 23 de diciembre de 1963, ubicó un nuevo sujeto del campo: los obreros agrícolas. Los comunistas también analizaron la composición del campesinado, destacando la disminución de “aparceros o medieros y los pequeños con tierra en propiedad personal”, y el aumento en el número de los ejidatarios al tiempo que se consolidaba “la mediana y gran propiedad de carácter capitalista”. El PCM demandó derechos y prestaciones para los obreros agrícolas; una reforma agraria radical; el impulso a las cooperativas; la nacionalización del crédito; la dotación de aguas; la promulgación de una legislación agraria democrática así como el respeto a los pueblos indígenas, entre lo más destacado. Asimismo se planteó la orientación de la revolución democrática de liberación nacional sustentada en la alianza obrero-campesina.

El XV Congreso, efectuado del 18 al 22 de junio de 1967, colocó “en el centro de las tareas de los comunistas la lucha por la reorganización del movimiento obrero y popular de masas”; en lo rural se planteó el “desarrollo” de la Central Campesina Independiente (CCI). El problema agrario continuó siendo un tema nodal debido a los procesos de liquidación ejidal y aumento en la concentración de tierras en manos de unos cuantos; la falta de crédito a los campesinos así como de ayuda técnica estatal a los que agregaba el fenómeno de alquiler o renta de las parcelas ejidales. La tarea era liquidar la gran propiedad privada de la tierra; la lucha por una revolución democrático-popular y antimperialista, que haría realidad la consigna de “toda la tierra para los que la trabajan” que se expresa en la contradicción entre los pequeños campesinos, los semiproletarios y los obreros agrícolas con la gran burguesía; las economías campesinas versus la gran explotación agraria capitalista. Por eso, los comunistas fijaban como tarea suprimir la gran propiedad privada en el campo; nacionalizar los latifundios en manos de extranjeros y distribuir la tierra, es decir, la reforma agraria radical. El XV Congreso propuso además introducir en el Programa el asunto de la renta diferencial. Hasta ese momento el trabajo del PCM había estado dirigido principalmente al movimiento campesino. En México, el movimiento campesino revolucionario se ha formado, en mucho bajo, la dirección de los comunistas; se trata de un factor histórico. Una tarea importante fue la propuesta, a las diferentes organizaciones campesinas, de un trabajo conjunto a nivel nacional.

El XVI Congreso (27 al 31 de octubre de 1973) caracterizó al país como capitalista con desarrollo medio industrial-agrario y dependiente del imperialismo. Concluyó que en el campo el sistema ejidal perdió importancia; el papel principal lo ocuparía la gran explotación capitalista; se incrementó el número de obreros agrícolas, producto del despojo a los campesinos y de los sin tierra, aumentando la desocupación. Reconoció que la organización de los obreros agrícolas era difícil debido a la persecución y la represión. La situación de los indígenas no era mejor. De manera que, indicaron los comunistas, “se requería de un cambio fundamental en la estructura de la propiedad y usufructo de los medios de producción; impulsando la cooperación”. Debiendo modificarse la estructura de control, de organización, del campesinado. Se subrayó, de nuevo, la alianza obrero-campesina como “base de las fuerzas revolucionarias” y continuó la demanda de suprimir la gran propiedad de la tierra, procediendo a su reparto y a la organización de la producción cooperativa en el campo; el Estado, por su parte, podría explotar directamente las unidades económicas agrícolas. El objetivo era impulsar la propiedad social; derogar la legislación agraria reaccionaria y nacionalizar el crédito. La bandera principal era “Por la revolución democrática y socialista”.

El XVII Congreso, 9-14 de diciembre de 1975, observó la continuidad de la situación respecto al campo de “fortalecimiento de las empresas capitalistas, la disgregación y el ataque a la pequeña economía campesina” y de aumento de la desocupación. Se dio cuenta de la represión a las marchas campesinas de Puebla, Tlaxcala, Veracruz, entre otras, aunado a matanzas de campesinos en Sonora, Hidalgo, Veracruz y Puebla. Por ello, los comunistas propusieron proseguir la lucha por la tierra; la unidad en las movilizaciones nacionales; reformar la legislación agraria; la libertad de organización y la liquidación de la gran propiedad privada de la tierra. Además plantearon un conjunto de medidas para mejorar la vida en el campo.

El XVIII Congreso, tuvo lugar del 23 al 28 de mayo de 1977, en él se señaló que no obstante ser el movimiento campesino una fuerza social, estaba disperso y carente de integración con carácter nacional. Por lo que se hacía necesario luchar por reformas a la legislación agraria; contra los monopolios en la comercialización e industrialización de la producción; la conformación de una organización de las agrupaciones campesinas identificadas con la izquierda; la sindicalización a los obreros agrícolas y pugnar por salir de la crisis. Se perseveró en el planteamiento de la lucha por la tierra y la organización colectiva autónoma de los ejidos. Igualmente, se demandó la mejora de los precios, los créditos, la dotación de agua de riego y la eliminación del cobro de impuestos para los campesinos.

El XIX Congreso se celebró del 9 al 15 de marzo de 1981, propuso un programa cuyo eje era la alianza de las fuerzas democráticas de izquierda, buscando “transformar el régimen agrario, desarrollar los ejidos colectivos, suprimir la gran propiedad privada de la tierra y crear empresas de Estado”. Por primera vez, se abordó el tema de la migración como producto de la estructura agraria vigente, generadora de desocupación. Migración dirigida a los centros industriales, ciudades y a Estados Unidos. Los comunistas consideraron entonces como parte de sus tareas la sindicalización de los obreros agrarios así como la colectivización voluntaria y la creación de agroindustrias. Cuestionaron el Plan Global de Desarrollo y, especialmente, al Sistema Alimentario Mexicano (SAM), como alternativas para acabar con la crisis en el campo, y la falta de apoyos diversos. El reparto agrario continuó siendo una demanda de los comunistas.

Conclusiones

La lucha por la tierra (su reparto y supresión de la gran propiedad); la reforma agraria; la unidad obrero-campesina; la unidad y la organización nacional campesina y, en los últimos años de existencia del PCM, por la sindicalización de los obreros agrícolas, siempre estuvieron presentes en los debates sostenidos por los comunistas en sus diversos congresos celebrados desde la década de los 20 hasta principios de los 80 del siglo pasado. Es de mencionarse que, a partir de los 40, el tema indígena también estuvo inscrito en su agenda y, en los 80, se incorporó el problema migratorio. En el XX Congreso del PCM lo relevante fue caminar hacia la unidad de la izquierda mexicana lo que dio paso a la conformación de varios partidos, como fueron el Partido Socialista Unificado de México (PSUM), el Partido Mexicano Socialista (PMS) y el Partido de la Revolución Democrática (PRD). Las preguntas son ¿cómo abordaron el problema del campo estos partidos? y ¿qué es vigente del programa comunista para el campo?

Bibliografía

Concheiro Bórquez Elvira y Payán Velver Carlos (compiladores). 2014. Los congresos comunistas. México 1919-1981. Tomos I y II. Ediciones Secretaría de Cultura del Gobierno del Distrito Federal. México.