Slim: El poder y la gloria

Fausto Cantú Peña
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“Necesitamos ya una sacudida, una transformación, un cambio que nos permita empezar a tener crecimientos que son los que merece nuestro país”, expresó el magnate al recibir el reconocimiento profesional como ingeniero.

Y sigue el debate... ¿Crecimiento o desarrollo? 

Puede haber el primero sin el segundo, mas no el segundo sin el primero, diría Perogrullo, exprimiéndole al sentido común la más pura de sus esencias. 

¿Por qué no crecemos? Por la falta de inversión productiva y sus efectos multiplicadores y aceleradores de la actividad económica.

Tampoco hay inversión nacionalmente productiva en razón de la incertidumbre, el alto riesgo país y la falta de confianza tanto interna como externa. Está convenido que el capital, especulativamente es muy cobarde. A mayor precisión: porque las condiciones objetivas y subjetivas para que el capital se reproduzca se encuentran en grados inferiores.

Gráficamente las curvas de oferta y demanda agregadas se cruzan en bajos niveles; habrá que desplazarlas concomitantemente hacia arriba y adelante de ambos ejes de las abscisas y las ordenadas. Esto significa, cambios estructurales. ¿Y puede haberlos si la energía económica que genera el crecimiento es de tendencia entrópica; es decir, que está en proceso de disminución?

Por cuanto al desarrollo, tal concepto económicamente concierne a la distribución equitativa de la renta, generada por la remuneración a los factores de la producción que dinamizan la energía económica.

Se trata del aprovechamiento óptimo del empleo de recursos naturales, de inversión, capital humano y organización institucional que conforman las fuerzas productivas nacionales.

El arreglo de tales fuerzas debe obedecer a un plan,  programas y proyectos prioritarios, evaluados (análisis: costo, riesgo, oportunidad, beneficio) y presupuestados con rigor técnico-político.

Por lo anterior, un ejemplo: habiendo leído en el Reforma sobre la eliminación de las siete Zonas Económicas Especiales propuestas en el gobierno anterior, vale la pena preguntarnos ¿acaso no se desarticulan y desintegran de los macro proyectos prioritarios: Tren Maya, Corredor Transístmico, Sembrando Vida, Jóvenes Construyendo el Futuro, etcétera?

Si enfocamos el asunto dentro de un plan geopolítico de desarrollo sustentable y sus programas regionales, como es el caso de una de las cuencas hidrológicas más importantes de Mesoamérica y ubicamos lo anterior en relación con el Programa Nacional de Infraestructura, el fomento y promoción de la actividad económica, el desarrollo social (educación, salud, etcétera), el cuidado del medio ambiente, la ciencia y la tecnología, entonces le daríamos sentido y eficacia a uno de los propósitos de la enunciada Cuarta Transformación.

No obstante, nuestro sistema nacional de planeación democrática y deliberativa adolece pese a su ley específica de reglamentación y se ha convertido desde que se estableció en el artículo 26 constitucional en un mero ritual protocolario, cuya simulación y contradicciones hacen socioeconómicamente ineficaz la norma, tanto como la gobernanza.

Empecemos, pues, con una buena sacudida al orden institucional para enfocar el problema y las soluciones con visión de largo, mediano y corto plazos sin desdeñar los aciertos del pasado, corregir los errores en una prospectiva de grandeza, amplia y profunda visión. Por lo pronto, avoquémonos a la elaboración de un seminario permanente y cuantos cursos sean necesarios en torno a la política económica más racional en los escenarios posibles con un debate de altura entre la academia, los actores en el gobierno, la sociedad y el mercado.

 

 

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