“Aún estamos a tiempo de salvar al planeta”

* La ciencia hoy tiene una labor fundamental en el rescate de la vida humana: Gerardo Gil Valdivia * La gran problemática de la humanidad requiere de un análisis de largo plazo

Genaro Rodríguez Navarrete
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Gerardo Gil Valdivia, miembro del Consejo Directivo del Club de Roma, ha comentado los puntos de mayor relevancia del más reciente informe de la organización que representa, contenido en el libro Comen on! Capitalismo, cortoplacismo, población y destrucción del planeta, preparado por Ernst Ulrich von Weizsäcker y Anders Wijkman (Editorial Deusto, traducción de Silvia Yusta Fernández, Barcelona, 2019).

            El texto explora los problemas que aquejan a la humanidad y propone también una serie de soluciones. El Club de Roma postula que, a decir de Gil Valdivia, “aún es tiempo de rescatar al planeta, para vivir mejor y evitar las crecientes desigualdades”. Sin embargo, para ello se debe “actuar más rápido y enérgicamente” porque los efectos del cambio climático ya están a la orden del día. Gil Valdivia compartió, a la vez, sus impresiones sobre la Cumbre del Cambio Climático, COP25, que ha tenido lugar en Madrid y del activismo desplegado por Greta Thunberg, elegida como “persona del año 2019” por la revista Time.

¿Qué novedades trae el nuevo informe del Club de Roma?

—Es un informe que se elaboró para festejar los 50 años del Club de Roma, en el 2018. El Club ha patrocinado alrededor de 50 informes. El primero de ellos fue Los límites del crecimiento encargado al Instituto Tecnológico de Massachusetts, que representó un parteaguas en la historia del pensamiento global, de la prospectiva; así como sobre el cuidado del medio ambiente y los recursos naturales. Otro documento muy significativo fue La primera revolución mundial, coordinado por Alexander King y Bertrand Schneider, que hablaba de las perspectivas globales a raíz de los cambios políticos derivados de la caída del Muro de Berlín.

Y ahora, el presente informe titulado Comen on! Capitalismo, cortoplacismo, población y destrucción del planeta, es una síntesis de la agenda global del momento.

En una segunda parte se pregunta: cómo fue que llegamos a esta situación en un momento del mayor progreso científico y tecnológico en la historia de la humanidad y donde ha habido tantos avances en términos sociales y económicos, por un lado; y por otro, vemos en contraste como crece la desigualdad, la pobreza, con numerosos peligros medioambientales y de destrucción masiva por armas nucleares y otros riesgos.

Una tercera parte del libro se refiere a soluciones globales y específicas para las ciudades, la agricultura, la energía, etcétera.

En el libro hay dos ejes que están presentes: la demografía y la destrucción de la naturaleza provocada por el cambio climático.

¿Se contempla que el capitalismo se ha convertido en un peligro para el planeta?

—Es una crítica a la especulación financiera que ha dominado un capitalismo salvaje, que sólo toma en cuenta el progreso material de los individuos, en contra de la preservación del interés general, el cuidado por la naturaleza y el medio ambiente, el respeto a los principios básicos de una civilización.

El libro defiende que es importante lograr nuevos equilibrios entre el hombre y la naturaleza, el interés privado y público, la vida material y espiritual, el corto y el largo plazo. Al igual que entre el hombre y la mujer, los países desarrollados y las economías emergentes, la iniciativa individual motor del progreso y el interés colectivo, de grupo, de la nación y de toda la familia humana.

¿Al parecer, se hacen observaciones al cortoplacismo?

—Creo que ese es uno de los grandes problemas intelectuales de la humanidad. Los políticos están pensando en la próxima elección, no en la próxima generación; y los empresarios en el ejercicio fiscal del respectivo año y la generación de utilidades lo más altas posibles en el plazo más inmediato. Pero eso no nos debe hacer perder de vista que la gran problemática de la humanidad requiere de un análisis de largo plazo para no ir a un precipicio; al abismo que nos puede conducir el carecer de una visión con horizonte de mediano y largo plazo.

¿En el libro se habla de la necesidad de transitar a una nueva Ilustración?

—Exactamente. Ese quizá es uno de los mensajes más fuertes del libro. El planteamiento es que estamos resolviendo los problemas del presente y del futuro, con teorías y planteamientos conceptuales diseñados para un mundo vacío, cuando estamos enfrentando un mundo saturado. La economía neoclásica, incluso los planteamientos de interpretación, de carácter religioso e ideológicos, están pensando en un mundo con recursos naturales infinitos, cuando sabemos que ahora los recursos naturales son finitos. La Ilustración de siglo XVIII que dio origen intelectualmente al mundo moderno tiene que ser replanteada de cara a la problemática actual de la humanidad. A finales del siglo XVIII, la población mundial llegó a mil millones de personas, ahora somos casi 7 mil 700 millones, y seremos entre 10 mil y 10 mil 500 millones para el 2050, con un vertiginoso agotamiento de los recursos naturales, tanto a nivel terrestre como marino. Estamos destruyendo la atmósfera, la agricultura, los mares, agotando la pesca, en fin. El cambio climático nos ha llevado a muchos problemas como la elevación del nivel de los mares, acidificación de los océanos, deshielos en Groenlandia, la Antártida y del permafrost. Vivimos la sexta extinción masiva de especies animales y vegetales; es decir, de toda la biodiversidad, pero la primera de origen humano. Estamos en un parteaguas en la historia de la humanidad. Requerimos actuar en muchos sentidos.

¿Los efectos del cambio climático son irreversibles?

—Todavía se puede rescatar al planeta, nuestro hogar común, en beneficio de la familia humana. Pero hay que actuar más rápido y enérgicamente. En la Cumbre de Madrid se ha hablado de las metas del Acuerdo de París sobre que no suba la temperatura media del planeta más allá del 1.5 o 2 grados centígrados. Difícilmente se van a lograr si no multiplicamos por tres o por cinco, nuestros esfuerzos de emisión de gases de efecto invernadero. Requerimos de acciones decididas. Si las cosas siguen como van, en este siglo llegaremos a 3.9 grados centígrados de incremento de la temperatura, que es un nivel que se considera absolutamente catastrófico e inmanejable para la sociedad humana.

¿Cuáles fueron los propósitos principales de la COP25 celebrada en Madrid?

—Creo que la Cumbre ha tenidos dos propósitos: uno político, el compromiso de los países y las empresas de reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero; y otro técnico, que es la aplicación del artículo 6º del Acuerdo de París, consistente en los mecanismos de intercambio de certificados de emisiones; es decir, la instrumentación de mecanismos administrativos-financieros concretos para incentivar la reducción de las emisiones. Lo cual me parece muy importante. Sin embargo, es evidente que se enfrentan problemas muy graves. El presidente Donald Trump retiró a Estados Unidos de Acuerdo de París, pero desde la inauguración del encuentro asistió Nancy Pelosi, la líder demócrata de la Cámara de Representantes. Además, muchos estados y ciudades de la Unión Americana están comprometidos con el rescate del planeta, el combate al cambio climático y otras formas de degradación de la naturaleza. California, la ciudad de Nueva York, varias empresas, se han sumado. Por supuesto, el Partido Republicano se opone a cualquier costo adicional para la industria orientado al control de emisión de gases ante el temor de perder competitividad frente a China. China emite el 26 por ciento de los gases de efecto invernadero, está en la actitud de que en el discurso se compromete mucho con las metas para combatir el cambio climático, pero no da cifras precisas de sus reducciones en el corto y mediano plazo. Quien sí se ha tomado en serio esto es Europa. Está trabajando por llegar a una neutralidad de emisiones de carbono para el 2050.

¿Los acuerdos no tienen el carácter de vinculantes?

—Efectivamente, ante el incumplimiento, todavía no hay un sistema eficaz de sanciones que puedan instrumentarse. Aquí lo que vemos es el discurso de los científicos que advierten sobre la catástrofe que se puede presentar para la humanidad, frente al discurso de los políticos que están pensando en recabar votos o en cumplir con sus clientelas políticas para el financiamiento de sus campañas, que si bien reconocen la veracidad y la importancia del problema, no quieren tomar medidas concretas que les comprometan ante los intereses generados. Por cierto, en sectores muy poderosos de la población vinculados a las industrias del carbón y del petróleo, siempre ha habido una línea muy crítica, soslayan el tema, lo cuestionan y aunque ya no pueden negarlo, han propuesto medidas de adaptación, cuando lo que requiere son medidas de adaptación y mitigación. Estamos hablando del cambio climático de origen antropocéntrico, no de un cambio climático de tipo natural.

Y parece que Christine Lagarde ha encontrado resistencias para apoyar estos esfuerzos al interior del Banco Central Europeo.

—Creo que en Europa, en general, la tendencia es positiva. La presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen se ha comprometido mucho. El Banco de Inversiones Europeo financiará proyectos verdes, pero efectivamente, a nivel financiero, en el Banco Central Europeo y otros organismos, persiste esta lucha. Lagarde se ha comprometido a estudiar mecanismos financieros para paliar todos estos problemas. Desde luego, hay resistencias porque se afectan intereses. Aunque ya no hay mucho tiempo. Creo que entre los humanos podemos negociar, argumentar, triunfar o ganar en una discusión, incluso engañarnos; sin embargo, la naturaleza da los mensajes claros y contundentes. Al final va a ser más caro no hacer más cosas ahora que hacerlas tarde. Será necesario tomar medidas, pero entre más tarde, más caro.

¿México tuvo alguna participación en la COP25?

—Hasta donde entiendo, México envió a un subsecretario de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y a otras personas. Desde luego, este es un tema que llegó para quedarse y es muy importante involucrarse cada vez más. No hay que perder de vista que en el fondo el planeta es uno. El destino nos alcanzó a todos. Una política de desarrollo tiene que aprovechar los recursos naturales de un país, sin perder de vista que la tendencia internacional es hacia la transición energética. Debemos fortalecer el aterrizaje de la transición energética.

¿En este tenor, preocupa depender mucho del extractivismo?

—Es una dependencia muy difícil de prescindir. Pero no se debe olvidar que los recursos naturales son finitos. Un ejemplo muy interesante de cómo manejar positivamente los recursos naturales es Noruega. Un país que con una actividad muy intensa en la extracción y exploración de petróleo y gas, utilizaron su riqueza para fortalecer las finanzas públicas, elevar el nivel de vida de su población y financiar una transición energética. Hoy esa región escandinava trabaja muy intensamente en energía eólica y solar. Ese es el ejemplo a seguir. Los recursos naturales hay que seguirlos utilizando, pero cada vez con mayor racionalidad.

El Club de Roma postula que una economía moderna debe ser circular, a través del reciclaje. Debemos transitar a la revisión de todos los modelos de producción y consumo. No entorno a si debe primar el interés individual o colectivo, sino en el sentido de hacerlo más sustentable ambientalmente.

Creemos que aún es tiempo de rescatar al planeta, para vivir mejor y evitar las crecientes desigualdades.

El cambio climático está generando eventos hidrometeorológicos cada vez más intensos y frecuentes. Huracanes, ciclones, inundaciones y, por otro lado, grandes sequías. Vivimos una situación de enorme peligro para todos que afecta la salud, la alimentación, la pesca, en fin. Esto conlleva un cambio en los patrones de producción y de consumo, a lo que no será fácil adaptarse, pero al final habrá que hacerlo.

            ¿No hay otra opción?

—No hay otra opción. Y por eso hablamos de una nueva Ilustración; de otra forma de organización humana que haga viable la vida sin destruir la naturaleza.

¿Un mensaje final que quiera compartir?

—El mensaje final del libro es positivo: que aún estamos a tiempo de salvar al planeta y que la vida de la familia humana sea mejor, siempre y cuando actuemos conforme lo indica la ciencia. La ciencia hoy tiene una labor fundamental en el rescate de la vida humana. Al respecto, soy muy optimista. Creo que hay que promover este tipo de mensajes. Pensando en que se requiere mucha discusión. La discusión en estos temas debe ser bienvenida. Y cualquier crítica, lejos de molestar, debe estimular al diálogo, la discusión.

Es una visión optimista considerando que el tema no sólo debe ser de plática, sino sobre todo de acción y de responsabilidad compartida. En Europa y otras partes del mundo son los jóvenes los que empiezan a protagonizar estos asuntos. Y creo que eso es muy estimulante.

¿Cómo el activismo de Greta Thunberg?

Como Greta Thunberg que ha hecho una labor verdaderamente impresionante. Con una capacidad de comunicación y convocatoria extraordinarias.

Y que también ha sido blanco de críticas, a veces muy hostiles.

—Sí, porque todos estos temas son muy complejos y afectan intereses. En algunos casos, igual afecta nuestra comodidad intelectual de ver las cosas como aprendimos y de repente, hacia el final de sus vidas, advertir que sus planteamientos no son válidos, no es nada fácil. Pero la vida requiere sobre todo de humildad intelectual. El tema no es Greta. El tema es la destrucción de la naturaleza. No es un asunto personal. De ganar o perder una discusión. De tener o no sólidos argumentos. Es una cuestión de sobrevivencia.  

Nota biográfica

Gerardo Gil Valdivia es licenciado en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México. Realizó estudios de posgrado en el área de Derecho y Política Fiscal en la Universidad de Harvard. Ha sido profesor, investigador, directivo de empresas y funcionario público.

Sus líneas de interés académico comprenden temas de desarrollo económico, derecho público, asuntos internacionales, energía, desarrollo sustentable y derechos humanos.

Ha sido secretario Ejecutivo de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y secretario del Instituto Nacional de Administración Pública. Es miembro del Consejo Directivo del Club de Roma.

 

 

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