El agua, otra guerra que enfrenta Siria

Pedro García Hernández / Prensa Latina
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Damasco. A pesar de que cerca de dos tercios de su territorio es desértico y las lluvias son escasas todo el año, Siria es en el Medio Oriente paso natural de los ríos Éufrates, Orontes y Jordán, fuentes esenciales para el abastecimiento de agua y cuyo control es continuado objeto de enfrentamientos, sobre todo a partir de la guerra de agresión del régimen sionista de Israel en 1967.

No es casual, entonces, que a partir de esa fecha, Tel Aviv ocupara mil 200 kilómetros cuadrados de las Alturas del Golán, en cuya área las precipitaciones tienen un promedio anual de 750 milímetros frente los 212 en Damasco y aún menos en el resto del país.

Siria, de acuerdo con datos de la Organización de las Naciones Unidas, llegó a ser en el Medio Oriente, protagonista en cuanto al uso y resultados del uso de recursos hídricos y como parte de los Objetivos del Desarrollo del Mileno, planteados por ese organismo.

Además de la guerra terrorista impuesta a esta nación del Levante a partir del 2011, Siria enfrenta la irrazonable y altamente inequitativa distribución del agua en la región mencionada y de acuerdo con estudios de la Escuela de Economía de Londres, capital del Reino Unido.

Guerra y crisis hídrica

Con casi dos tercios de sus 185 mil 180 kilómetros cuadrados desérticos, Siria desde la década de los años 70 intentó paliar la crisis del agua, construyó embalses como los de Tabqa, en áreas de Homs y Hama y al noreste del país como Deir Ezzor. De igual forma, activó sistemas de regadíos intensivos modificados por fallos iniciales y aprovechó los ríos Orontes y Éufrates en consonancia con los Objetivos del Milenio y en correspondencia con el continuo cambio climático en el Medio Oriente, cuyos recursos hídricos suponen tan sólo una sexta parte del promedio mundial.

Sin embargo, la iniciativa y buenas intenciones de Naciones Unidas a través de la FAO (Organización para la Agricultura y la Alimentación) la marcaba con más altas que bajas en el territorio sirio, chocó con la impuesta guerra terrorista y las ambiciones del régimen sionista de Israel a partir de la ocupación de las Alturas del Golán, fundamentalmente.

El flujo del río Jordán, sus afluentes, vital para Siria, Jordania y la propia Israel, fue absolutamente controlado por Tel Aviv, cuyo gobierno entre 1967 y el 2004, dejó a esta nación con menos de 260 millones de metros cúbicos de agua mientras utiliza a su favor 700 millones y en detrimento de Jordania, Líbano y los territorios ocupados de Palestina.

Situación actual

En la actualidad, Israel logra el 15 por ciento del abastecimiento de agua potable a partir del Golán ocupado a Siria, produce un tercio del vino y otros cultivos y mantiene limitaciones al acceso de los recursos hídricos del lago Tiberiades y el mar de Galilea.

Además de la presión sobre los potenciales recursos de gas y petróleo valorados en el mar Mediterráneo oriental, que incluye las costas del Líbano y Siria, el régimen sionista expande las operaciones de compañías como la Golan Height Winery y Mey Eden, dedicadas a la explotación de los recursos hídricos y agrícolas.

Tras casi nueve años de agresiones e intentos por desmembrar al país, Siria enfrenta por tanto un reto vital porque en esa etapa mencionada las pérdidas por acceso al agua potable y otros recursos acuíferos representan para esta nación, casi 140 mil millones de dólares del total de más de 500 mil millones causados por la crisis.

Los desafíos del agua en esta región están inmersos en la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible y la reducción de riesgos de desastres por parte de la ONU, pero la falta de paz y las continuadas agresiones contra Siria desde el exterior impiden alcanzar las satisfacciones humanas, comerciales y agrícolas. La urgencia para resolver tales problemas críticos, en la actualidad más allá de las fronteras exigen una conciliación y una negociación al respecto y son, quiérase o no, un llamado a la sensatez en pro de las crecientes demandas, realidades tergiversadas y ambiciones políticas y militares más allá del sentido común.