La matanza de Cholula, holocausto de América

 

Antonio Tenorio Adame / Noticias y Debate M3

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Cuando el presidente Andrés Manuel López Obrador, de nueva cuenta demandó al rey de España pidiera perdón por los “abusos cometidos en la Conquista”, ocurridos hace 500 años, con el fin de reconciliarnos (25 de marzo y 11 octubre de 2019); se le rechazó con firmeza al contestarle que “la llegada hace 500 años de los españoles a las actuales tierras mexicanas no puede juzgarse a la luz de las actuales consideraciones contemporáneas”.

 

No se trata solo de un aparente malentendido diplomático, sino además se abre una grieta de la compresión de la historia cuando es relativamente frecuente que se llegue al reconocimiento de actos vergonzantes mostrando arrepentimiento y la expiación por medio de demandar el perdón.

 

Por ahora carecemos de capacidad de alcanzar el consenso en el debate, nuestra contribución se perfila a entender mejor el conflicto que no se reduce a una disrupción en el tiempo sino apreciar el proceso en el cual los valores humanos se alteraron y aun suprimieron, así como en sentido inverso los avances registrados en beneficio de la sociedad, porque la invocación de perdón como acto de contrición solo lo valida el remordimiento.

 

Por tanto, es necesario replantear el tratamiento histórico de la Conquista de América para no depender sólo de concientizar los actos arbitrarios cometidos sino sería suficiente con aplicar la esencia sustantiva de su violencia para su mejor entendimiento y aceptación de la prevalencia de injusticia.

 

En tal contexto se ubica la experiencia de los 500 años del hasta entonces llamado “Descubrimiento de América” por Cristóbal Colón, efemérides conmemorativas que fue mejor denominada como “El encuentro de dos mundos”, y después declarada como “Día de los pueblos indígenas”.

 

Otra experiencia más es la referente a la Segunda Guerra Mundial, la cual después de la victoria de loa aliados, los juicios de Núremberg, el Tribunal Internacional de Justicia, la revelación de los hornos crematorios para la incineración de las minorías judías, gitanos y homosexuales en el orden de 12 millones de personas, el pueblo alemán primero y Europa después, reconocieron el genocidio por lo que se mostraron arrepentidos del holocausto que propició la “solución final” de la doctrina nazi. En la actualidad la referencia de esta etapa de extrema violencia se refiere más al holocausto que a la Segunda Guerra mundial.

 

La Conquista de América es uno de los actos de mayor barbarie que registra los daños humanitarios, en consecuencia, bastaría con señalar las dificultades para reconocer como seres de razón a los habitantes originarios del nuevo continente, lo cual dio lugar a formas degradantes del ser humano, como la esclavitud, la servidumbre, el genocidio y el etnocidio, aún más suprimir su historia y sembrar la colonización de su memoria.

 

La matanza de Cholula con un saldo de alrededor de 3 mil víctimas, ocurrida hace medio milenio, en este día y este sitio, propiciada en el proceso de la llamada Conquista española nos obliga a la reflexión para proponer que ese acontecimiento sea reconocido como uno de los mayores actos de violencia contra la humanidad, de manera que el nombre de Conquista sea modificado por el del “Holocausto americano”.

 

El holocausto en la región del Anáhuac se inscribe en la reducción abismal de la población de 8 millones de habitantes a la llegada de los europeos a solo un millón de personas después.  

 

Walter Benjamín advierte que “no hay un acto de civilización que no sea al mismo tiempo un acto de barbarie. Surge la pregunta: ¿Se puede y se debe resistir a la barbarie, y aun se debe intentar reprimirla? ¿No es sin embargo un ingrediente de civilización que jamás podrá suprimirse?

 

La barbarie no es sólo un elemento que acompaña a la civilización, sino que la integra. La civilización produce barbarie, en particular la barbarie de la conquista y de la dominación.

 

Se reseña “la barbarie de las conquistas guerreras”, sus formas modernas se encuentran en el colonialismo. En un ejercicio de simplificación sus inicios se dan con las conquistas de Alejandro, sin embargo, no fueron éstas bárbaras, porque Alejandro respetaba a los dioses de las diferentes civilizaciones que había conquistado.

 

Al igual que casaba a centenares de sus soldados con mujeres naturales del país, preparando así una civilización mestiza. Alejandro fue excepcional, los otros grandes conquistadores son terribles, Gengis Kan, el conquistador mongol del siglo XII y comienzos del XIII, sembró la muerte y la destrucción tanto en Oriente, en China, como en Occidente, al crear un imperio desmesurado sin que durara más de un siglo por falta del factor de integración.

 

Tamerlán (1336-1405), un siglo más tarde, construyó un imperio formidable que pronto dividió entre sus cuatro descendientes.

 

La conquista romana, por ejemplo, fue una de las más bárbaras de toda la antigüedad: el saqueo de Corinto en Grecia, el sitio de Numancia en España, la aniquilación de Cartago, etcétera. Sin embargo, la cultura griega se infiltró en el interior del mundo romano, que se había convertido en imperio, se llegó a la famosa expresión del poeta latino “Grecia derrotada, derrotó a su feroz vencedor”. De esta manera la barbarie también generó civilización (Edgar Morin)

 

Como se advierte, las conquistas son guerras de dominio que no se conforman con vencer al enemigo sino someterlo con fines de tributación, expansión territorial, explotación de recursos o de aprovechamiento geoestratégico. Las conquistas son sinónimo de barbarie, de atropello a la condición humana, a pesar de su aberrante destino se les menciona envueltas en la leyenda de la proeza histórica como hazaña fundacional donde los verdugos se convierten en libertadores como sucede con el relato de la conquista española en América.

 

Por eso la propuesta es denominar la matanza de Cholula como el Holocausto de América. Un concepto categórico y definitivo que desgrana la nominación general del salvación de la conquista de los nativos originarios que se encontraban en estado infiel de la creencia apostólica romana, así como en un nivel inferior de desarrollo civilizatorio.

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