La prensa debe asumir su responsabilidad

Teresa Gil / Libros de ayer y hoy
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El accidente sufrido por periodistas el pasado 26 de octubre en Sonora, puso sobre el tapete de nueva cuenta, la relación tensa que ha habido con el actual gobierno desde antes incluso de que tomara posesión. Por un lado está uno de los proyectos centrales de la 4T sobre la corrupción y los deslindes que se están haciendo de los gastos que no corresponden a la responsabilidad del Estado. Por otro, una prensa que cubre las fuentes informativas oficiales bajo la costumbre que fue diseñada por gobiernos anteriores, en la que los gastos que generaba esa prensa corrían a cargo de las oficinas públicas. Viajes, vehículos, hospedaje, alimentos y todo lo que se necesitara se trasladaba a gastos gubernamentales. Son clásicas las referencias de los gastos suntuarios que ocasionaba esa prensa sobre todo en viajes internacionales y la naturalidad con la que ello se tomaba no solo de parte del gobierno que pagaba los gastos, sino por las propias empresas que enviaban a reporteros sin que les costara un centavo. Esa liberalidad pagaba su precio porque desde el sector oficial censuraban reporteros y ponían a otros, cuando el trabajo de unos no les convenía. La censura aceptada por las empresas, pues. Y en el fondo, la aceptación de que el gobierno compraba el servicio y adicionaba en grado mayor el ingreso a las empresas, con publicidad y anexos. Los datos que se han aportado de revistas conocidas que recibían un porcentaje en publicidad y otro en compra de suscripciones miles cuyo destino no es conocido, y otros anexos, carece de explicación como no sean casos de corrupción. Por otro lado estaba la imposición a los trabajadores de la prensa de ciertas formas de comportamiento de parte de las empresas y el gobierno, a las que se terminaban por someter en su mayoría, porque les convenía. La corrupción se trasminaba y llevaba al chayote, al embute, a la dádiva que compra conciencias. 

Las empresas tendrán que asumir los gastos de sus reporteros

La decisión del actual gobierno de deslindarse de los gastos que ocasiona la prensa que cubre las fuentes oficiales y la oferta de una información directa del gobierno federal a través de la mañanera y otros instrumentos, obliga a las empresas a asumir el costo. En temas de seguridad y accidentes, como el que ocurrió el pasado 26, las empresas deben de tener asegurados a sus trabajadores  más cuando son enviados a zonas peligrosas. No se sabe si en los poderes estatales se menciona  que los casos de chayote siguen en algunos, y de otros niveles, se aplicará esa decisión, pero las intenciones federales son recuperar todo ese gasto sin fondo que conducía a una prensa dependiente. Hasta este momento, la reacción ha sido de críticas y de ataques, en algunos casos virulentos, como ha sido el de los periodistas accidentados en Sonora en el que quieren cargar toda la responsabilidad al gobierno federal.  El presidente lamentó durante su presencia en Pótam, los hechos, se solidarizó con esos comunicadores y les pidió  no cubrir las giras presidenciales porque la información se les dará oportunamente.

La cláusula de conciencia tema riesgoso para las empresas y se oponen

La cláusula de conciencia que el trabajador de la prensa puede esgrimir ante las empresas cuando le imponen condiciones que vulneran su ética, sus convicciones y su independencia, no es solo un problema ético y moral. Es un derecho que se desprende del derecho a la información, pero que tiene un impacto laboral cuando el periodista se opone a que una empresa le imponga condiciones laborales que rechaza o cuando la empresa gira drásticamente de línea editorial. No ha sido muy bien aceptado por las empresas desde que se mencionó por primera vez. Aprobado en septiembre pasado en la capital, junto con el secreto profesional Ley del Secreto Profesional y Cláusula de Conciencia para el Ejercicio Periodístico en la Ciudad de México ha sido instaurado en varios países del mundo con el fin de  defender la libertad del trabajador a no ser obligado a realizar una actividad que lesiona sus principios y convicciones, incluso su seguridad. Francia es señalada como puntera por su ley de 1935, pero España tiene una reciente de 1997. Ya se habla de orígenes desde 1927, pero se le ha dado muchas vueltas porque implica una obligación que se impone a las empresas. En México se aplicará después de décadas de seguir criterios como los ya mencionados arriba, en donde se establecía una relación empresa-Estado en las que el trabajador quedaba obligado ante ellos.  A lo largo de décadas dicha cláusula se ha mencionado en organismos de periodistas para volcarla en los papeles contractuales, y se toman en cuenta las influencias  cubanas y suramericanas, pero aquí aunque aprobada, todavía está en pañales. Los códigos de ética a veces circulan por ahí, pero ante una prensa que ha sido inducida al individualismo hay pocos sindicatos de trabajadores de la prensa, los organismos que funcionan son asociaciones civiles y las cooperativas han ido desapareciendo, ha sido empujada en el aspecto laboral a resolver sus problemas solo como persona. Y a negociar su propia situación ante la fuente de la mejor manera. Cómodamente así ha transcurrido la vida del periodista común que cubre fuentes oficiales en todo el país, con excepción notable de quienes se han  opuesto a esas conductas y que apoyados por sus propias empresas, han mantenido  independencia. Y desde luego, han impulsado los cambios que se están dando.

 

 

El macartismo en México, ejercido por opositores

Teresa Gil / Libros de ayer y hoy
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Las declaraciones de Nicolás Maduro en Cuba, en las que incluye a AMLO dentro del bloque antineoliberal, fueron utilizadas con jiribilla por la derecha y la ultraderecha mexicanas, que ya en fechas anteriores han calificado al actual gobierno de ser izquierdista. Hay quienes en el colmo de la ignorancia, lo tildan de  comunista. Ese macartismo ramplón que algunos medios recalcaron incluso como principal en sus primeras planas, recuerda una de las etapas más oscuras del país del norte, cuando un solo personaje Joseph Raymond McCarthy, puso en jaque la llamada democracia estadunidense y durante años remontó la vida de esa nación a la medieval cacería de brujas. En respuesta el dramaturgo Arthur Miller, un hombre de izquierda, escribió Las brujas de Salem (Editorial Tusquets, 2005). Fueron años hostiles, con señalamientos impíos sin pruebas, calumniosos y enfermizos, algunos  que se captan en estos momentos en la administración Trump. McCarthy un senador por Wisconsin, se subió en  la palestra de triunfador,  no por una casualidad ni por grandes méritos, sino porque con su posición y con denuncias inciertas, extrajo de las profundidades de un pueblo el gringo lo que realmente era: conservador, lleno de prejuicios, generador de organismos criminales y racistas como el Ku Klux Klan. Sus acusaciones privaron de la vida al matrimonio de izquierda  Ethel y Julius Rosemberg, condenados por sus creencias. Miles fueron expulsados de sus entornos, calumniados, perseguidos, llevados al descrédito por sus concepciones y a la  mutilación de talentos sobre todo en el medio cinematográfico y literario. Uno de los afectados fue el dramaturgo Bertolt Brecht que había llegado al vecino país huyendo de algo similar, el fascismo. Como traidores y delatores quedaron Ronald Reagan, Gary Cooper y Robert Taylor, entre otros.

El gobierno mexicano para la campaña macartista, con un deslinde

Ante voces que lo han querido relacionar con Venezuela, el gobierno mexicano ha sido claro de su neutralidad y al llamamiento que comparte con Uruguay, de convocar al diálogo. En esta ocasión hizo lo mismo frente a medios que aprovecharon las declaraciones del presidente Maduro para desenvainar la espada. Aquí sucede lo contrario con el macartismo vecino; en Estados Unidos lo aceptó el gobierno Eisenhower le hizo el juego cuando asumió la Presidencia en 1953 y lo sostuvo hasta 1956, las persecuciones y calumnias han venido de los opositores, no del gobierno, aunque si de grupos de los otros dos poderes. Como coincidencia y ante la reacción que genera la presión estadunidense, en El Salvador su presidente Nayib Bukele, corrió del país a todos los diplomáticos venezolanos. Y todavía se da por ofendido cuando Maduro lo tilda de servil a Estados Unidos. Eso demuestra que una corriente como la que sostuvo el senador por Wisconsin se está incubando en países de América. McCarthy también se lanzó contra los homosexuales pero como una contradicción, él lo era y quizá quería esconderlo a partir de su campaña. El legislador, que después cayó en desgracia y fue defenestrado, murió joven, a los 49 años.

Las brujas de Salem de Miller y la metáfora del macartismo

En Salem, una colonia de Massachusetts, se hizo real la quema de brujas en 1692. Ya Nathaniel Hawtorne que nació en ese poblado, lo menciona en algunas de sus  novelas y de hecho su obra central La letra escarlata se basa en el oscurantismo pueblerino que se ensaña con las personas más si son mujeres, sin pruebas y solo llevados por la superstición y los prejuicios. Arthur Miller utilizó aquellos acontecimientos en el que mucho tuvieron que ver los desprendimientos religiosos que llegaron de Inglaterra a terrenos de Estados Unidos. Se basa su obra Las brujas de Salem en hechos que comenzaron en chismes por el paseo de unas jovencitas en un bosque, y que fue creciendo agarrados de oscuros conceptos religiosos hasta llegar a los juicios públicos, la degradación y la muerte a partir de la hoguera. Miller concentra en Abigaíl, una jovencita mentirosa y vengativa, la denuncia que causó tantas muertes y la ingenua pero criminal credibilidad que dieron a sus palabras. Filmada en varias ocasiones, ese papel lo hizo en una, la actriz Wynona Ryder de manera magistral. En ese personaje, el dramaturgo nacido en Nueva York en 1915 y fallecido en 2007, identifica al falaz McCarthy que se enseñoreó de la mentira y la calumnia para convulsionar a un país. Miller escribió alrededor de 40 obras todas con un toque crítico y al recibir el premio español Príncipe de Asturias, ratificó sus compromisos.