Natura, eficaz aliado contra cambio climático

Cira Rodríguez César  / Prensa Latina
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

La naturaleza está disponible ahora y debemos usarla a nuestro favor porque ella es un eficaz aliado para combatir el cambio climático, y como tal debe ser parte esencial de todos los planes para reducir el calentamiento global. Sobre esa base en junio de este año el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, hizo un llamado a la comunidad internacional ya que “el mundo necesita crear las condiciones para la armonía entre la humanidad y la naturaleza”.

Contar con ella permitirá reducir hasta un tercio las emisiones de gases de efecto invernadero que se necesitan a nivel mundial de aquí al 2030. A ello se suma que los hábitats naturales cambian, la biodiversidad se pierde, los ciclos de la agricultura se ven interrumpidos y la escasez de agua es cada vez más normal. Peligros como las inundaciones, las sequías, los huracanes y las olas de calor se hacen más intensos y frecuentes, destruyen casas, infraestructura y ganado, y cuestan miles de millones de dólares.

 La crisis climática amenaza el bienestar de la gente y su alimentación, y está empeorando las condiciones de la pobreza. Tal es el panorama actual de la naturaleza a la que la humanidad está llamada a proteger y salvar urgentemente con acciones que protegen o restauran ecosistemas naturales y los gestionan de una manera sostenible y, a la vez, evitan desafíos sociales porque se traducen en bienestar para los humanos y la biodiversidad.

Alimentación, cambio climático, acceso al agua potable, salud, gestión del riesgo de desastres o desarrollo económico a partir del cuidado de la naturaleza ayudarán a encontrar el camino, aseguró el secretario general de la ONU en su convocatoria, reiterada en la recién celebrada Cumbre sobre la Acción Climática Las soluciones basadas en la naturaleza pueden centrarse en reducir las emisiones producidas por las prácticas agrícolas o de deforestación y en mejorar la capacidad de los ecosistemas naturales para eliminar dióxido de carbono de la atmósfera. Es loable tener siempre presente que el dióxido de carbono contribuye a los gases de efecto invernadero que conducen al calentamiento global.

Por eso la mayoría de las medidas que se adopten deben reforzar o restaurar los ecosistemas naturales existentes. Como es el caso de los bosques que no sólo absorben carbono, sino también nos defienden de los impactos más devastadores. Plantar árboles de manera cuidadosa puede actuar como cortafuego o aliviar las inundaciones gracias a su forma de absorber agua como esponjas; colocar árboles cerca de los campos de cultivo puede protegerlos contra la acción erosiva de las lluvias; cambiar las prácticas sobre la tierra de cultivo puede reducir un 30 por ciento de las emisiones, y así se logrará el objetivo establecido en el Acuerdo de París. Todo lo que se necesita es aumentar urgentemente la inversión para desbloquear el potencial de la naturaleza, pues en estos momentos las soluciones para combatir el cambio climático sólo reciben menos del 3 por ciento de la financiación para el apartado climático.

Válido es tener presente que cualquiera de estas acciones representan una rentabilidad muy alta, ya que añaden millones de dólares a la economía mundial. Tan es así que la creación de la Gran Muralla Verde, propuesta insignia en África para combatir los efectos del cambio climático y la desertificación en la región del Sahara y el Sahel, puede generar hasta 10 millones de empleos hasta el 2030, con beneficios secundarios como la reducción de la migración.

Expertos de Naciones Unidas opinan que todas las iniciativas tienen que estar integradas a los esfuerzos por la adaptación al cambio climático y la mitigación de sus efectos; por esa razón los gobiernos deben alinear sus esfuerzos y comprometerse a invertir en estas soluciones como parte de sus políticas nacionales.

Opinan, además, que no se puede limitar el calentamiento global a 1.5 ó 2 grados centígrados sin soluciones basadas en la naturaleza, las cuales tienen el potencial de reducir las emisiones de carbono en 12 gigatones anuales, lo que equivale a las emisiones de todas las centrales térmicas que trabajan con carbón en todo el mundo.

Ello implica también un compromiso global para una transición energética y una mayor inversión en la naturaleza, unido a una actuación urgente para impedir que la capacidad de proteger a la humanidad disminuya aún más.

Muchas son ya las soluciones con resultados positivos: En Nigeria, la reforestación ha mejorado la cobertura forestal, reduciendo de tres horas a 30 minutos el tiempo en el que las mujeres tienen que ir a buscar leña. Cuando se complete la Gran Muralla Verde en 2030, la tierra restaurada absorberá el equivalente a mantener aparcados todos automóviles de California durante tres años y medio.

Y en Medellín, Colombia, se redujeron las temperaturas en dos grados convirtiendo sus junglas de cemento en bosques urbanos. Este último ejemplo demuestra que la protección y la mejora de los bosques del mundo es una de las formas más rentables de  luchar contra el calentamiento global, pues actúan como sumideros de carbono y absorben aproximadamente dos mil millones de toneladas de dióxido de carbono cada año.

Además, en la medida que las fuentes renovables reemplacen a los combustibles fósiles, los bosques serán más importantes como generadores de energía, ya que suministran alrededor del 40 por ciento de la energía renovable mundial en forma de combustible de madera, tanto como la potencia combinada de energía solar, hidroeléctrica y eólica.

De ahí que la buena gestión de las áreas naturales constituye un requisito para garantizar el futuro de las actuales y venideras generaciones, las actividades agrícolas representan un medio de subsistencia y contribuyen a la alimentación de millones de personas en el mundo y los bosques albergan una amplia variedad de productos para su consumo, purifican el aire y garantizan un agua más limpia. Es entonces importante preservar la naturaleza como una de las responsabilidades de la comunidad internacional.

“No tenemos mucho tiempo, pero tenemos mucho poder si trabajamos juntos, de manera colaborativa, para cambiar la forma en la que usamos la naturaleza y la biodiversidad”, insiste el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres.