AMLO, hábil estratega político

Gerardo Fernández Casanova
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Por enésima ocasión tengo que reconocer que el presidente López Obrador es un hábil estratega político que, cuando los que lo observamos preocupados por deslices y descuidos, él ya tiene trazado el camino con mucha anticipación. La semana pasada me sentí muy ducho en el análisis y la asesoría política advirtiendo del endurecimiento de la reacción; hoy me alegro mucho de mi error: AMLO  deja hacer y hasta alienta a sus adversarios, al mismo tiempo que desbarata con precisión de misil de alta tecnología sus baluartes golpistas. Sabe dar a la política su muy particular ritmo, resiste presiones aceleradas y avanza con firme sutileza en su proyecto.

          Con la eliminación de Eduardo Medina-Mora en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) se deshace de un grave riesgo de golpe de estado judicial (me convenzo que tiene bien calibrada la experiencia de Argentina y Brasil). El sujeto renuncia por ser un corrupto que, además, es su adversario, no al revés; la oposición grita por advertir el afán de proveer a la depuración del Poder Judicial, como intención de centralizar su poder, pero su clamor cae al vacío por tratarse de alguien indefendible. Con temor a equivocarme creo que el reemplazo lo tiene calculado desde hace mucho tiempo en la persona del maestro Bernardo Bátiz, de honorabilidad intachable y de lealtad a toda prueba, además cuenta con la habilidad del senador Ricardo Monreal para procesar su nombramiento con el aseo que lo distingue.

         Con firmeza el presidente empuja la modificación constitucional para permitir de revocabilidad del mandato por ser la más eficaz vacuna contra los afanes golpistas, acompañada de su permanente vinculación con el pueblo mediante todos los instrumentos a su alcance: las conferencias de prensa cotidianas, las giras todos los fines de semana a ras de tierra, su acuciosa supervisión del cumplimiento de programas, principalmente. Con esto destruye el muy conocido recetario de los golpes blandos; él va muchos pasos adelante de quienes, como Vicente Fox, convocan a “darle en la madre a la 4T” y eliminar al dictador en ciernes.

          El presidente da muestra de una enorme capacidad de absorber los golpes sin perder el buen humor; la reacción diseña una vigorosa campaña para truncar sus proyectos mediante una andanada de amparos (muy costosa y encabronante, por cierto) la deja que se desgaste a los ojos del pueblo y saca su as de la manga para conjurarla.

            La prensa escrita y televisiva despotrica en su contra por el motivo que sea y resulta como las llamadas a misa, leídas y atendidas por muy pocos, en tanto que en las redes sociales la estridencia de quienes le apoyan tiene cada vez mayor audiencia, además gratis. En nueve meses de gobierno no ha soltado la iniciativa; la agenda la pone el presidente.

         Especial mención amerita el manejo del tema internacional en el que comienza a tener resultados. Decir que la mejor política externa es la interna toma cabal significado. El diseño consiste en remontar el desprestigio internacional heredado –verdadera vergüenza– a través de ir obteniendo logros domésticos en materias importantes. Me gustó que hoy haya expresado su rechazo a la pretendida intervención del gobierno gringo en el caso de un yacimiento petrolero compartido entre Petróleos Mexicanos y una empresa privada, indicando que en  caso de diferencias se dirimirían en México soberanamente. Órale.

           En mi obstinado esfuerzo por ser crítico no dejo de señalar errores, aunque siempre con el temor de hacer el ridículo cuando lo que estimé error resulte ser una simple concesión táctica. No dejo de marcar como error grave la concesión del gobierno del estado de Morelos a cambio del apoyo del Partido Encuentro Social (evangélico) que no le dio votos pero sí muchos problemas en esa entidad; igual que el erróneo manejo de la termoeléctrica del mismo estado, del cual no da visos de solución y que tendrá que enfrentar cuando visite sus instalaciones hospitalarias.

         Bueno espero no haberme mostrado demasiado aplaudidor del gobierno del presidente López Obrador, por aquello del rigor profesional. Mi papel no debiera ser laudatorio, sino de señalar los errores, aunque el afán informador hacia mis amables lectores es también tarea obligada de intentar.

 

 

La reacción apenas comienza

Gerardo Fernández Casanova
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La elección presidencial y legislativa de 2018 significó el triunfo en una añeja batalla, 12 años con López Obrador a la cabeza pero más de 60 de movilizaciones de todo tipo, incluida la guerrilla armada, que lucharon por construir un país justo cuando ya la Revolución mexicana había devenido en autoritarismo antipopular y negado sus postulados libertarios. No obstante lo prolongado de la lucha y el carácter de hazaña del triunfo electoral, sólo significó un nuevo primer paso en un proceso de mayor envergadura y duración. Reconstruir al país para aspirar a la justicia, la libertad y la democracia es un constante enfrentamiento contra las causas naturales y artificiales de la destrucción. Significa profundizar en la revolución de la conciencia del pueblo para comprender la realidad y para activarlo en su transformación permanente, así como acabar de erradicar a las fuerzas cuyo afán es la conservación de los viejos privilegios. El reto ha sido realizarlo en paz y lo seguirá siendo.

          Hoy, a menos de un año en el gobierno, el nuevo régimen comienza a enfrentar el fragor de la lucha reaccionaria, apenas buscando reorganizarse después de la derrota electoral abrumadora. Está moralmente derrotada, pero inmoralmente revivida y financieramente fortalecida, en proceso de reorganización a troche y moche, urdiendo las telarañas mediáticas, económicas y judiciales que tan exitosamente experimentaron en Brasil y Argentina, que asfixian a los heroicos pueblos de Cuba, Venezuela y Nicaragua.

          La prensa, tanto la escrita como la televisiva, actúa como partido político de oposición en reemplazo de los actores políticos sin prestigio; el dinero que antes fluía del presupuesto público, hoy llueve de empresas afectadas por la eliminación de condonaciones fiscales y por el combate a la evasión y la elución; así como de fundaciones de pantalla filantrópica y contenido activamente reaccionario. Todo ello aplicando a detalle el recetario internacional de la llamada guerra blanda, muy experimentado y enriquecido por los agentes del gran poder del capital internacional.

          #No Más Derroches es el contradictorio nombre que le pusieron al ente tenebroso encargado de impulsar la guerra judicial contra las obras del nuevo gobierno. Lo integran Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (coherente en la contradicción), la Confederación Patronal de la República Mexicana y un antes desconocido Consejo General de la Abogacía Mexicana, entre cuyos miembros distinguidos está el muy activo ministro de la Corte en retiro, Ramón Cossío. Prostituyen el Estado de derecho quienes, a su amparo, pretenden dinamitar la acción de gobierno; se va a necesitar un ejército de abogados para dar respuesta a tanta necedad, más aún si la judicatura milita en el mismo partido. Alerta: Andrés Manuel: el fuero constitucional es hoy de vital importancia, pregúntale a Dilma y a Cristina Fernández.

          Es la misma reacción que arma un escándalo por un artículo de Pedro Salmerón, que llama valientes a los guerrilleros urbanos que mataron a don Eugenio Garza Sada a quien, en el mismo artículo, calificó de generoso empresario. El alboroto causó la renuncia de Salmerón, pero logró su verdadero objetivo de acotar los trabajos de Alfonso Romo y las buenas relaciones de Carlos Lomelín del Consejo Coordinador Empresarial.

          De otra parte y entre la miasma de su desvarío, Vicente Fox convoca a “darle en la madre a la 4T” y a “sacar a López del Palacio Nacional”, a quien tilda de “dictador”, nada menos que ante los disminuidos panistas asistentes al 80 aniversario de su partido, donde fungió como estrella central, no obstante haberle traicionado vergonzosamente. La bancada del insepulto PAN en las cámaras pretende reemplazar pequeñez por estridencia e insolencia, haciendo del debate convocado por la mayoría un feroz pleito de verduleras, sólo “por joder” diría el clásico. Pero se oponen a la revocación del mandato, prefieren la vía del golpe sin que el pueblo intervenga.

          Pero el asunto va más allá. El vandalismo infiltrado en las marchas de protesta es un arma de peligro no obstante su obviedad; se emplea para desprestigiar a los marchantes y/o provocar a la represión, ambos muy dañinos al ejercicio democrático; ellos sí que tienen escuela de cuadros de alcance mundial y se combinan con la actuación de medios. Encapuchados y diciéndose “anarquistas” introducen la violencia en donde se actúa pacíficamente. Son un instrumento caro pero ya podemos intuir quién les paga.

          Mientras esto está sucediendo, el partido Morena está ensimismado y siendo omiso en el esfuerzo de la formación de cuadros militantes y en el debate creador de conciencias. Más vale que ya se pongan las pilas, dejando de lado las pugnas palaciegas y volcándose a la construcción de ciudadanía, pueblo consciente y organizado. López Obrador no tiene porqué abstenerse sino que está obligado a ejercer su papel de liderazgo.

           Para luego es tarde.