AMLO: Informe y presupuesto

Luis Emiliano Gutiérrez Poucel
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Septiembre no sólo es el mes patrio, sino el económico, cuando se dan a conocer las intenciones y planes gubernamentales: Informe de Gobierno y Presupuesto de Egresos de la Federación. Hasta el momento, el documento del presupuesto es lo más concreto que se ha podido ver del gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

En este breve espacio, trataré de destacar algunos rasgos relevantes de ambos documentos y plantear algunas conclusiones tentativas, pero antes de entrar en materia, vale la pena mencionar que los modelos económicos que sustentan las políticas públicas evolucionan conforme cambian las circunstancias.

Filosofía económica. El modelo económico de un estado-nación debe responder en principio a la estructura económica y a las tecnologías del momento en la producción, el transporte, la distribución y las ventas. Por ejemplo, en el pasado tuvimos modelos económicos imperialistas, importadores, dependientes, y luego proteccionistas, nacionalistas y competidores. Antes, el país importaba bienes y servicios industriales y exportaba productos primarios. Antes se producía con mucho capital y ahora se produce con menos capital, pero con más conocimientos.

Los tiempos han ido cambiando, cada día surgen nuevas empresas cuyos recursos principales son el conocimiento, la movilidad y la flexibilidad de adaptación. Cada día entran nuevos productos al mercado que transforman rápidamente las necesidades y patrones de compra de los consumidores.

De tal manera, México tuvo períodos de crecimiento hacia adentro, protegiendo nuestras industrias infantiles de la competencia extranjera para permitir a nuestras empresas madurar y a los empresarios aprender a producir eficientemente y competitivamente. Los consumidores nacionales pagaron un sobrecosto para subsidiar a las industrias locales con el objetivo de que, una vez alcanzados niveles de eficiencia equivalentes a los internacionales, dejarlos competir en igualdad de circunstancias con los extranjeros. El problema es que la competitividad de las empresas protegidas no llegaba y los empresarios locales seguían enriqueciéndose con las ganancias extraordinarias en los mercados cautivos.

En esos tiempos, la tecnología en los sectores estratégicos era intensiva en capital, capital que difícilmente los empresarios de los países subdesarrollados podían generar. Por lo que los gobiernos iniciaron, alrededor de la mitad del siglo XX, un proceso de creación de empresas estatales en sectores estratégicos, tales como el petróleo, electricidad y telecomunicaciones. Fue el periodo del crecimiento dirigido, donde los gobiernos se convirtieron en empresarios, no solamente en los sectores que requerirán mucho capital, sino en otros que por caprichos y ocurrencias de los gobernantes en turno entró el gobierno, como la producción de juguetes, bicicletas, etcétera.

Eran tiempos de ideas nacionalistas en los cuales se trataba de proteger los recursos naturales y promover la independencia y soberanía nacional. Los gobiernos nacionalistas veían hacia dentro para fortalecer sus economías a través de la ampliación de los mercados, reduciendo la influencia y dominio de las empresas y gobiernos extranjeros.

Sin embargo, a partir del último cuarto del siglo XX las circunstancias empezaron a cambiar. Las tecnologías de la computación, el transporte y las comunicaciones experimentaron un gran avance, acelerando el progreso tecnológico, la competencia y la diseminación de nuevas y viejas ideas. En las postrimerías del siglo XX, los países con modelos socialistas eran significativamente menos exitosos que aquellos con modelos liberales. Casi todos los estudios de los organismos internacionales apuntaban a que las empresas estatales eran menos productivas que las privadas. La historia reciente informa que los países con modelos liberales están mejor que aquellos con modelos menos liberales, tales como Corea del Sur y Corea del Norte, Chile y Argentina, Colombia y Venezuela, etcétera.

Informe. Hablemos ahora sobre el I Informe de Gobierno (no el tercero como se pretendió hacernos creer en su momento) de Andrés Manuel López Obrador. En síntesis, en su discurso de poco más de hora y media, el presidente sólo resaltó lo bueno y tocó fugazmente, en menos de un minuto, los pendientes de la inseguridad y violencia. Su informe fue más de lo mismo. Un informe tan triunfalista como los de los gobiernos pasados.

Lo que podría separar este Informe de AMLO de los gobiernos anteriores es de que fue reflejo de un hombre-Estado, esto es, el informe del gobierno de una sola persona, tal y como fue en su momento el I Informe de Luis Echeverría Álvarez. Un discurso plagado de aplausos y triunfalismo, festejando al país perfecto de un presidente perfecto.

Sin embargo, el triunfalismo del discurso choca con la brutal realidad. El primer trimestre del 2019 fue el más violento de los registros históricos, mientras que en el primer semestre la economía básicamente se estancó.

Andrés Manuel ha explicado que aun cuando la economía no ha crecido, si ha habido desarrollo, haciendo énfasis en la distribución de dinero a los pobres. Sin embargo, esto es una falacia porque no puede haber desarrollo sin crecimiento. Justificar la falta de crecimiento con esta argumentación exhibe falta de humildad y exceso de soberbia, malos consejeros en el ejercicio del poder.

En el 2014, Andrés Manuel se quejó públicamente que el presidente Enrique Peña Nieto y su secretario de Hacienda, Luis Videgaray, no sabían cómo hacer prosperar a la economía, la cual había crecido menos del 1%, subrayando que con él el crecimiento sería mejor. Sin embargo, ahora que tiene el timón de mando las cosas han sido peor.

Durante estos nueve meses de la administración AMLO ha habido escándalos de corrupción e impunidad. Los culpables señalados han sido las administraciones pasadas y sus adversarios, no él, su equipo o sus aliados. Casi el 80% de los contratos gubernamentales han sido asignados de manera directa en vez de ser licitados competitivamente. Así es que en estos nueve meses se ha deteriorado la seguridad, el panorama económico y el Estado de derecho.

Presupuesto. En cuanto a la filosofía del Presupuesto de Egresos de la Federación 2019, éste no es ni populista ni neoliberal, sino una combinación de ambos. El gobierno de la cuarta transformación cambió los objetivos del gasto público de la promoción del crecimiento al subsidio del consumo de los pobres. Haciendo su principal preocupación las aportaciones directas a los menos favorecidos, repartiendo el dinero en programas sociales de apoyo a adultos mayores y Jóvenes Construyendo el Futuro. No quiero dudar de las bondades de los programas de asistencia, sólo apunto que dichos recursos son destinados al consumo y no a las inversiones productivas por lo que su impacto en el crecimiento económico será mínimo. En pocas palabras, el impacto del paquete económico y Presupuesto de Egresos del 2019 será de incrementar el consumo a corto plazo y reducirlo a mediano y largo plazo.

El presupuesto se puede considerar conservador, no va a detonar un crecimiento económico acelerado, ni a resolver muchos de los problemas de atraso del país, pero afortunadamente el grado de populismo se mantuvo al mínimo, por lo que los mercados estuvieron tranquilos después de darse a conocer el Presupuesto.

Hay que destacar tres importantes preocupaciones del paquete económico. Primero, la reducción del presupuesto a la agricultura pone en riesgo la meta de la autosuficiencia alimentaria. Segundo, la disminución de recursos al turismo, actividad de elevado valor agregado, pone en peligro nuestros ingresos de divisas, especialmente en el momento actual de los costosísimos desafíos como el sargazo en el Caribe mexicano. Tercero, la reducción de apoyos al medio ambiente, pone en riesgo el cuidado de miles de kilómetros cuadrados de bosques y selvas que perdemos cada año. En este rubro destaca la eliminación del programa de Atención de Emergencias y Desastres Naturales.

Lo notable del paquete es que se mantienen los tres proyectos estrella de la 4T como el aeropuerto de Santa Lucía, el Tren Maya y la refinería de Dos Bocas en Tabasco. Estos proyectos son notables porque su justificación todavía no se ha demostrado, confirmando el rasgo obsesivo del gobierno de un solo hombre.

          Finalmente, cabe destacar que las metas del paquete económico y su presupuesto corren el riesgo de no alcanzarse debido a lo endeble de algunos supuestos. En primer lugar, las metas del paquete económico dependen de que la economía crezca por arriba del 1.5 %, la que –dadas las dificultades experimentadas en los primeros nueve meses del 2019 y a la falta de estímulo a la inversión productiva en el presupuesto– probablemente crecerá por debajo del 1%. En segundo lugar, el paquete supone un aumento del 13% en la producción de petróleo, pasando de 1.727,000 a 1.951,000 barriles diarios de petróleo. Tal incremento no se ha visto desde hace casi 40 años, cuando empezó a producir el yacimiento más generoso de nuestra historia, Cantarell. En suma, si el crecimiento económico es débil y/o la producción petrolera no aumenta lo que se prevé, el gobierno tendrá serias dificultades para alcanzar las metas del presupuesto. Quizás Petróleos Mexicanos pueda incrementar la inversión y reducir su carga fiscal, pero si una parte importante de sus recursos se destina a construir una refinería que tardará tres años en terminarse y de baja rentabilidad, Pemex perderán oportunidades de inversión en la producción de crudo. Este riesgo seguramente resultará en una baja de calificación de Pemex, aumentando el costo del servicio de su deuda. Sin pretender ser pesimista, algo parecido podría suceder con la Comisión Federal de Electricidad que quiere hacer las inversiones por sí sola, inversiones que podrían ser desarrolladas por empresas privadas sin necesidad de aumentar su deuda. El argumento de que es más barato desarrollar las inversiones en casa que en asociación con privados, es equivocado porque se tiene que comparar el costo total, incluyendo el costo del aumento de deuda y el aumento en el costo del servicio por la baja en calificación.

En conclusión, no tengo duda de que México pueda crecer al 4% o a tasas superiores, pero para lograrlo tendría que haber políticas públicas (1) de fomento a los mercados, (2) de construcción de proyectos de infraestructura de alta rentabilidad, (3) de combate a la corrupción, la inseguridad e impunidad. El futuro necesita más de un presidente demócrata y menos de un hombre-Estado. La filosofía de la 4T es dirigir la economía de manera centralizada, tal y como se hacía en los gobiernos estatistas del pasado. Es por ello que los resultados hasta ahora son tan pobres en seguridad, crecimiento económico, obra pública, empleos y bienestar. Es por ello que seguramente los resultados continuarán siendo pobres al menos que este gobierno cambie su filosofía de menos dirección centralizada a más regulación descentralizada, de menos intervención estatista y más impulsor de la iniciativa privada, de menos gobierno de un solo hombre a un gobernante liberal y participativo.