Revisar los poderes de la Unión

Sergio Gómez Montero / Isegoría
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¿Se da cuenta, compadre? Era simple la cosa.
Como dicen los bolches: la libertad se ejerce
A. 
Tejada Gómez: “Peatón, diga no”

En memoria del maestro Francisco Toledo.

Sin duda, en el ámbito de la política actual del país, uno de los temas que hasta la fecha no se han abordado con el cuidado y la profundidad requeridos es el referente a la situación que guardan en la actualidad los Poderes de la República en México, los que, como tales, surgen al tiempo que se establece la primera República Federal entre 1823 y 1824 y conmocionado el país entonces por las pugnas intensas entre centralistas y federalistas, que concebían, cada uno de manera diferente, el qué hacer con el país y cómo conducirlo. Desde entonces, en las diversas constituciones del país se mantiene la república y la división de poderes como principios básicos de organización social de la nación. Pero, ¿esto significa que, hasta hoy, ésta es la mejor forma de organización social para el país?

Sin duda, particularmente hoy la pertinencia de esa pregunta adquiere una dimensión mayúscula si vemos que el accionar pacífico y congruente entre poderes no se logra y sí, por el contrario, la diferencia de criterios es manifiesta afectando, mal que bien, la vida pública de la nación y manteniéndose sin contestación plena la pregunta: ¿y quién tiene la razón? Si bien, hasta hace poco, las diferencias eran entre Ejecutivo y Judicial, hoy, queriéndolo o no, también está inmerso en ese pleito el Legislativo, al que se le ha calificado como Poder vergonzante o vergonzoso, que no es poco decir y qué obliga, necesariamente, a preguntarse: ¿y finalmente quién tiene la razón? Es decir, desde luego, no es éste el momento de declarar que la República está agotada (¿o sí?) para convocar a quien haya que convocar para darnos un nuevo tipo de organización social, sino sólo de revisar, creo, qué está fallando entre Poderes para corregir lo que haya que corregir. Esa tarea, que se vuelve cada vez más pertinente y urgente, no tiene claridad respecto a quién le corresponde de establecer las reglas bajo las cuales deben operar ahora dichos Poderes. Los tres, pues ninguno se salva si se quiere, al mismo tiempo salvar la operación de la República. Y no es excusa, claro, que en el pasado inmediato Legislativo y Judicial estuvieron sometidos al Ejecutivo y que hoy, con tales reglas, se puede seguir operando. Grave, gravísimo error sería ello. Por qué, mejor, no buscar una reforma a fondo de los tres para que la República funcione de la mejor manera posible.

En diversas ocasiones se ha planteado aquí la conveniencia de revisar la Constitución de lo que queda de la originalmente del 17, para ver si ella nos sigue siendo de utilidad, o si no es hora ya de constituir un nuevo congreso constituyente que se aboque a la tarea de dar al país un nuevo documento rector de su vida pública y política, para que, así, de una vez por todas, queden resueltos hoy, de manera tranquila, los problemas que en esos planos se manifiestan (lucha de Poderes, vida partidaria, extensión del mandato sin sentido en Cámaras y gubernaturas, presidencialismo, etcétera). O se avanza en tal sentido, o proyectos de la dimensión tal como la cuarta transformación será sólo un conjunto inarmónico de buenos deseos que nunca, nadie, podrá concretar.

Insistir en que la vida pública, cuando se persigue un cambio de régimen político, se complica de manera mayúscula se hace evidente, creo que nadie lo puede evitar. Pero es peor no introducir las reformas que se requieren para que la vida pública opere con el rigor que se requiere en beneficio de aquellos sectores de la población que desde tiempo atrás estamos luchando precisamente por un nuevo régimen político. No atender nuestros reclamos al respecto puede generar un descontento social de proporciones mayúsculas. Más grave aún que el de los fifís y los conservadores a los que ya se derrotó.

 

 

Gobernar en paz

Sergio Gómez Montero / Isegoría
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 Perros enanos entecos, tenéis a vuestro servicio los escribientes
nacionales, pajarracos de la patria.
F. Madariaga: “Los poetas oficiales”.

El júbilo del primero de julio no ha disminuido; se mantiene. El peso de aquella figura que desde antes del 2000 atraía el interés de múltiples mexicanos, y que desde entonces se incrementó, hoy se mantiene y puede decirse que se sigue incrementando por sectores, porque hay sectores de la población que no ven claro respecto a los beneficios que esperaban obtener, y algunos se han retirado y los obstinados siguen necios en seguir saboteando y negando el quehacer gubernamental de López Obrador. Pero de que él se mantiene firme al frente del aparato gubernamental quedó demostrado el recién pasado primero de septiembre, día de un informe nada tradicional, sino fiesta popular que sirvió para ratificar que el gobierno de la república cuenta con un respaldo popular muy amplio y que tiende a crecer día con día dentro y fuera del país. Porque hoy, cuando a nivel mundial se disputa arduamente por darle un nuevo rumbo a la conducción del planeta, muchos ojos voltean hacia el país para ver cómo es que las cosas se están hoy llevando a cabo entre nosotros.

Y desde luego, nadie duda que hay problemas que se mantienen en el país, tanto por las herencias que se arrastran, como también por errores cometidos en el ámbito de la administración pública, como particularmente en lo que se refiere al manejo de la política interior como, asimismo y sobre todo, a la vida partidaria que se ha mantenido tensa desde tiempo atrás y que pareciera ser que nadie sabe cómo conducirla ni con la bendición de Palacio Nacional: en Morena las pugnas siguen y eso en nada ayuda a estabilizar la vida política del país.

Pero al margen de eso, este primero de septiembre, como el pasado primero de julio, en los mensajes dirigidos a la nación en ambas fechas, quedó claro que la confianza del presidente en lo que está haciendo es manifiesta y que tiene muy claro que va ser necesario seguir batallando más que nada con aquellos que piensan que puede ser posible, eventualmente, regresar a los tiempos en que su actuar servil y gansteril al mismo tiempo les proporcionaba una serie de beneficios manifiestos que, poco a poco, han disminuido, o eventualmente desaparecido, y de allí su inquietud manifiesta para que esos viejos tiempos para ellos de bienestar retornen cueste lo que cueste. No quieren aceptar que eso ya no será posible, pues en la medida en que se siga consolidando el gobierno de la república, en esa medida el pueblo que lo apoya seguirá creciendo y va a estar dispuesto a hacer todo lo posible para que las cosas no cambien, al margen de que los beneficios obtenidos hasta hoy no sean los beneficios que se esperaban obtener en términos de consumo y bienestar.

Es decir, un nuevo gobierno conlleva sacrificios y hay que estar conscientes de ello; no todo es fiesta a veces. Lo nuevo también conlleva sorpresas poco agradables, indudablemente a las que también hay que hacer frente si queremos que en futuros que no tardan se concreten las victorias que las utopías anuncian.

No queda de otra, después de este primero de septiembre, que seguir depositando nuestra confianza en López Obrador. Ojalá y lo escuchen los que se niegan a oír, y lo escuchen también los que lo oyen pero se niegan a entender.

 

 

La izquierda avanza

Sergio Gómez Montero / Isegoría
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Y me contó el amigo que en otro tiempo fue la poesía
una indagación de su ser, que fue la poesía un hermoso
momento de su vida. R. G. Aguirre: “El poeta perdido”.

De nueva cuenta, no podemos ver objetivamente  el movimiento político del país, si, paralelamente, no observamos cómo políticamente se mueven el resto de países del planeta; particularmente los que, por su cercanía o por su influencia cercana, afectan el desarrollo de la nación. De allí las dificultades de analizar objetivamente el desarrollo político, pues, del país.

Por ejemplo hoy. Se vuelve preciso ver todas las consecuencias que pueden desprenderse de dos voluntades internacionales que se hacen cada vez más patentes. Primero, los síntomas cada vez más evidentes de una debilidad creciente del sistema capitalista que, a nivel mundial, se ha visto seriamente conmovido, negativamente para él, por la llamada guerra comercial China vs Estados Unidos, llevada irracionalmente a cabo por el actual presidente estadunidense en su afán de consolidarse como candidato de nueva cuenta a la presidencia de su país en el periodo próximo y que no la tiene nada fácil. A ello, hoy, habría que añadir las broncas de Gran Bretaña con el Brexit, que obligó a un acto autoritario por parte de la Corona, que puso en crisis no sólo a su país sino a toda la denominada democracia occidental y que ha conmovido de una manera brutal a todo el sistema social capitalista que se ampara bajo los principios de esa democracia.

La segunda voluntad aquí mencionada tiene que ver con el avance de la “izquierda” a nivel mundial, entendiendo por izquierda a una serie de gobiernos (peronistas unos, socialistas otros, otros sin denominación precisa y aliancistas) que desde Argentina, España, Italia, Portugal, un poco Francia, desde luego México y demás buscan, al interior de los sistemas políticos establecidos, trazar caminos que si bien no rompen con las reglas del capitalismo, sí buscan gobernar de manera diferente al neoliberalismo que dominó durante los años recientes la forma de hacer política a nivel mundial, hundiendo a esos países en la corrupción y en la impunidad y negándoles así cualquier oportunidad de mejora social.

Al entrar, pues, en crisis tanto en lo político como en lo económico el sistema capitalista mundial ha movido a los dos ejes no capitalistas a actuar de una manera más decisiva al margen del sistema que los tenía controlados: el capitalista, y es así que hoy, tanto Rusia como China son verdaderas palancas que impiden que el capitalismo actúe con la impunidad que lo hacía hasta años recientes, y de esta manera, poco a poco, esa impunidad que prevaleció durante tantos años comience a diluirse y eso pueda generar nuevas reglas, como la que hoy, dice el presidente electo de Argentina, Alberto Fernández, va a llevar a cabo: romper con el yugo del Fondo Monetario Internacional para poder gobernar a su país sin ese peso heredado por el gobierno de Mauricio Macri, que al acordar con el FMI reglas que iban a ahogar al nuevo gobierno, le iban a impedir a éste salir del barranco económico en que lo va a dejar el gobierno neoliberal de Macri. Fuera el FMI, fuera el neoliberalismo.

El siguiente paso debe ser, por un lado, acelerar la crisis del capitalismo como sistema económico dominante. Eso por un lado. Por el otro, lograr unir las voluntades de los nuevos gobiernos izquierdistas para diseñar un futuro diferente para el planeta en su conjunto.

            La utopía pareciera estar a nuestro alcance.