La economía mundial se precipita hacia
la recesión: Óscar Ugarteche Galarza

* La guerra comercial entre Estados Unidos y China no busca nivelar aranceles, sino vencer al gigante asiático en campos como la alta tecnología, donde EU ya no lidera * EU tiene un problema de productividad y de falta de capacidad * Eso es nuevo y los coloca en desventaja * Los convierte en seguidores tecnológicos * Combatir la corrupción matándola de hambre no es combatirla, es matar a la economía mexicana

Genaro Rodríguez Navarrete
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.    @GNavarrete

Para Óscar Ugarteche Galarza, profesor-investigador del Instituto de Investigaciones Económicas (IIE) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la economía mundial se encamina rumbo a la recesión. Se trata de una situación provocada, entre otros factores, por la disputa comercial entre Estados Unidos y China. En entrevista explica que todos los indicadores globales, a corto plazo, apuntan hacia el cero crecimiento. “Nadie espera algo que no sea una recesión. Las expectativas son pésimas”.

¿Qué pasa con la economía mundial?

—Lo primero que está pasando es que la economía de Estados Unidos viene creciendo progresivamente a tasas menores, desde el segundo trimestre de 2018. Y nada indica que va a caminar más rápido. Se dirige a una recesión hacia finales de este año y el primer trimestre del siguiente. Es decir, ya. Hay quienes sostienen que será dentro de 24 meses; pero no, llegará más pronto.

La segunda cosa es que el crecimiento de la economía mundial se detuvo en 2018. Dejó de crecer.

Y la tercera es que el comercio internacional no sólo dejó de crecer, sino que en octubre de 2018, la curva dio la vuelta. Había venido creciendo de manera exponencial y ahora está de bajada, decreciendo a tasas agigantadas menores, como un reflejo de la guerra comercial entre Estados Unidos y China.

¿Qué hay detrás del conflicto comercial entre estos países?

        —La guerra comercial entre ambos países no tiene como objeto lograr un acuerdo mutuo. La guerra comercial es una “guerra”. Y en las guerras hay ganadores y perdedores. El objeto de la guerra es sacar a China de la posición de liderazgo en cuatro ramas: la fabricación de celulares, en telecomunicaciones de quinta generación, en autos eléctricos y en la generación de energías alternativas. O convertir a China en una economía totalmente desregulada. Lo que lograron en América Latina con el Banco Mundial. Para eso es esta guerra. No está hecha para nivelar los aranceles. Estados Unidos, el agresor, busca vencer a China en los campos donde ya no lidera, donde es perdedor.

De otro lado, Estados Unidos se ha convertido en una economía exportadora de bienes tecnológicos intermedios y de gasolina. La principal exportación de Estados Unidos al mundo es gasolina.

De forma tal que Estados Unidos exporta gasolina y automóviles a gasolina, en un momento en que el cambio tecnológico ha llevado al uso de energías limpias y automóviles eléctricos. China fabrica y consume dos tercios de los autos eléctricos fabricados en el mundo, con marca y tecnología propias. Con esto desplazó a la industria automotriz estadunidense –con excepción de Tesla, una cosa pequeña–, que no está fabricando autos eléctricos. Los chinos están ensamblando millones de autos. Ahora viene Europa con sus autos eléctricos (Volvo, Volkswagen); en Japón (Honda, Toyota) están en el mismo camino. Esto va a colocar a la industria automotriz estadunidense en la retaguardia.

Más bien, tratarán de que los autos eléctricos no circulen. Que no se importen. Aunque no pueden evitar que se fabriquen dentro de la Unión Americana con BMW. De hecho, el segundo consumidor de autos eléctricos, después de China, es Estados Unidos, pero no son vehículos estadunidenses. Esto cambia todo.

¿La economía estadunidense permanece anclada a la industria petrolera?

—El peso de la industria del petróleo es de tal magnitud que no les importa llevarse el planeta. Por eso la campaña de “no hay cambio climático”. Tiene que ver con la industria de petróleo y la automotriz. Para los estadunidenses, para el Partido Republicano en específico, el tema ambiental es una invención. Y no van a cambiar. Tienen un problema de productividad y tecnológico instalado desde hace tiempo y que ahora ya se siente. Si hubieran logrado sacar un auto eléctrico a tiempo, lo hubieran hecho. No pudieron. Si hubieran podido colocar la red 5G, la hubieran colocado. Pero no pudieron. Si pudieran hacer un celular como el Apple, que cueste lo del Huawei, lo hubiera hecho; sin embargo, no pueden. Hay un problema de productividad y de falta de capacidad. Eso es nuevo. Los coloca en desventaja. Los convierte en seguidores tecnológicos cuando ellos desde los años 40 del siglo pasado eran líderes.

A la par de la baja competitividad tienen el problema de un nivel salarial altísimo, desproporcionado a la productividad. Ahora enfrentan esta situación que atenta contra el espíritu igualitarista del New Deal: la concentración del ingreso que hace 40 años era impensable. Se les ha desmoronado el igualitarismo. La brecha entre sobre remunerados y mal remunerados, entre pobres y ricos se acentúa. El 60% de la población estadunidense tiene empleos inestables.

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Perfil

Óscar Ugarteche Galarza (Lima, Perú, 1949) es licenciado en Finanzas por la Universidad de Fordham de Nueva York, maestro en Finanzas Internacionales por la Business School de Londres y doctor en Historia y Filosofía por Universidad de Bergen, Noruega.

Es investigador Titular C del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM y miembro del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel II.

Es autor de 27 libros, entre ellos, Modernización reformista y deuda externa en el Perú 1963-1976 (Instituto de Estudios Peruanos, Lima, 2019); Arquitectura financiera internacional: Genealogía 1850-2015 (IIE-UNAM, AKAL, Madrid, México, Buenos Aires, 2018) y de Historia crítica del FMI (Breviarios de Investigaciones Económicas, IIE-UNAM, 3ra. edición, Capital Intelectual, Buenos Aires, 2016).

Ha publicado 82 ensayos en revistas especializadas y 46 capítulos de libros colectivos. Ha sido colaborador de la Agencia Latinoamericana de Información (Alai) y de la agencia EFE. Es Coordinador del Observatorio Económico Latinoamericano (OELA).

La Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa, Perú, le otorgó en 2015 el Doctorado Honoris Causa, por su contribución al estudio de la economía internacional.

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¿Cómo juzga la actitud de China ante el embate estadunidense?

—China se preparó evidentemente para la guerra. Ha respondido con medidas puntuales sobre productos que dentro de Estados Unidos tienen altos costos. Estados Unidos no vende productos de alta tecnología, sino gasolinas refinadas, productos agrícolas, autos de gasolina. Para China ha sido más fácil dejar de comprar productos agrícolas y con eso deja a todos los granjeros estadunidenses con productos para exportar sin comprador. Ese es un golpe poblacional, no a una rama, a una tasa de retorno. Se golpea a la gente que produce trigo en el Medio Oeste. Tal es el tipo de represalias. Es decir, ponen aranceles y prohibiciones en campos específicos. En tecnología intermedia no tiene que hacer gran cosa, donde han subido aranceles y dejar de comprar. Lo que hace atractivo el comercio es la nueva tecnología. Estados Unidos tiene agarrado a China en insumos de alta tecnología que en monto es poco; pero en significancia es muy importante para la fabricación de celulares. Qualcomm y Broadcom producen insumos que para los móviles Huawei son fundamentales. Y que el gigante asiático no puede reemplazar. Norteamérica tiene tierras raras que de no vender a China, ésta no podría elaborar ni teléfonos ni computadoras ni nada porque con las tierras raras se manufacturan las nuevas tecnologías.

¿Cómo observa el funcionamiento de las instituciones financieras internacionales?

—Como siempre: son el brazo extendido del Departamento del Tesoro de Estados Unidos. Ellos reflejan el interés de Washington y las políticas económicas son para acomodar lo que la Casa Blanca necesita.

Mientras tanto, Europa tiene problemas diversos que no le permiten resolver los resabios de la crisis del 2007.

Europa no crece. Y no va a crecer. Ahora que Alemania no crece por el tema automotriz, porque China no está importando autos, se complica la situación. Y encima tienen el Brexit y la amenaza estadunidense de los aranceles. Estamos a la espera de ver cuando Estados Unidos le imponga aranceles a los autos alemanes. Pese a ello, los alemanes seguirán vendiendo sus autos porque producen autos buenos. El problema de los autos americanos es que son malos y caros. Para qué comprar un auto malo y caro, si puedes comprar un auto bueno aunque sea viejo. Compras un Mercedes-Benz de hace 30 años que sigue funcionando o un Ford nuevecito que al tercer año no vale nada. Ese es el problema de la productividad de Estados Unidos.

      Estamos en un momento de quiebre. Las economías europeas tienen que pensar cómo quieren hacer el futuro, porque así como vienen, no van a ningún sitio. Además, Europa tiene el problema poblacional: se está despoblando. Los viejos se están muriendo. Necesitan de la migración, pero al mismo tiempo no la quieren.  No quieren a los migrantes de África ni a los de Medio Oriente. Se van a quedar despoblados. Sin fuerza de trabajo no hay crecimiento económico. Igual que Estados Unidos: no quieren fuerza de trabajo migrante, que no la tengan. Que se malogren solos.

¿Qué papel juega BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) en esta crisis que se avecina?

—No se ha visto reaccionar a los BRICS. Tengo la impresión de que todo el mundo está bajo la presión de la crisis.

Según informe reciente de la CEPAL, América Latina sigue siendo un polo de atracción para la inversión extranjera directa.

—El problema es que la inversión extranjera directa no deja nada. Se lleva las utilidades. No acumula en el país. Y como no es alta tecnología, lo que hace es generar empleos de baja calificación, con excepciones, como la industria aeronáutica, que contrata personal del país altamente calificado. Pero eso no es el grueso de la fuerza de trabajo. La inversión extranjera habla de confianza, pero en términos macroeconómicos, no dice nada. 

¿Cómo impacta ese entorno mundial en México?

—Creo que ya está impactando. México ha dejado de crecer, no por Estados Unidos, sino por aplicar una política de austeridad que tiró abajo la inversión pública y el multiplicador fiscal se volvió negativo. Eso tiene resultados rápido. Si se corta la inversión pública, el crecimiento del PIB se desploma. Ojalá que haya una recuperación, pero en este contexto, sólo será posible poco a poco. Si México llegará a crecer .5% este año sería un logro. No obstante, México y Centroamérica de ninguna manera crecerán 2.5%.

Hecho el primer ajuste en enero de 2019, en México se indujo el estancamiento económico a cero. Pero ahora, el sector exportador se encontrará con que Estados Unidos compra menos. Lo que va a pasar es que habrá menos empleo porque el empleo está directamente relacionado al sector exportador. Y como también se corta el empleo por el lado público, entonces se obtendrá una mala suma de gente desempleada incluso calificada. Un problema.

Calificadoras internacionales como Moody's y Bloomberg, parecen no ser muy optimistas sobre el futuro económico de México.

—Claro. Eso es lógico.

Pero desde el gobierno no se aceptan tales estimaciones.

—Eso no importa. La realidad llega. Lo que el gobierno diga o deje de decir, no importa mucho, la realidad se impone. La gran interrogante es por qué se recesó la economía. Con qué ojos miraron para crear una situación de recesión. El hecho es que creada, ahora, esa economía en recesión tiene que enfrentar un mundo en desaceleración acelerada. Más rápido. Los próximos dos años no serán los mejores.

Al menos, se ha empezado a combatir la corrupción.

—Combatir la corrupción matándola de hambre no es combatir la corrupción es matar a la economía. Ese es el problema. La comprensión de la manera de combatir la corrupción ha sido errónea. Si paramos la economía del todo, la corrupción se para. Qué duda cabe. Cero gasto público, cero corrupción. Pero no se trata de eso, sino que la economía funcione y los responsables de la corrupción vayan a la cárcel. Bueno, comienza con el pie derecho y no por matar a la economía.

Todo esto preocupa porque México no es una ínsula en el mundo.

—No solo eso: México es la décima economía mundial. Esto no es una economía pequeña. Aquí hay 120 millones de habitantes. Lo que pasa en México importa a todo el mundo. Si le va bien, al mundo le va bien. Si a México le va mal, al mundo le va mal. Ésta es una economía que le sigue a las grandes. Si no crece el PIB, golpea al PIB mundial. Como Brasil, sino crece, el mundo se ve afectado porque es la sexta economía del mundo.