Pablo Sepúlveda Allende: “Ser allendista y no
ser chavista es una contradicción ideológica”


Verónica Díaz / Cuatro F. / Resumen Latinoamericano y del Tercer Mundo
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Pablo Sepúlveda Allende sabe que en Venezuela no hay crisis humanitaria, porque desde hace diez años escogió vivir en ese país de inmensas riquezas naturales y hermosos paisajes. Su vida cotidiana se desarrolla en las calles caraqueñas, que aunque con problemas, la gente trabaja, se divierte, hace ejercicio, se enamora, ríe, sueña y vive en paz. Un territorio que atesora las mayores reservas de crudo del planeta, lo que ha despertado la codicia de los grandes capitales, que lo acechan como aves de rapiña. Pablo se conoce estas tierras mejor que muchos venezolanos. Un país que le ha dado hijos, amores y experiencias como el tiempo que convivió con los yanomami y aprendió a conocer a un pueblo misterioso que sobrevive con sus saberes ancestrales a la vorágine de la civilización. Lo llaman el nieto chavista de Salvador Allende porque está convencido de que “ser allendista y no ser chavista es una contradicción ideológica”. Y, al igual que su abuelo, decidió ser médico, pero no es un doctor capitalista que considera a la salud mercancía. Es médico socialista, que ha ejercido su profesión en Barrio Adentro, el programa social creado por Hugo Chávez para atender a los pobres. Y hoy sigue viviendo en una Venezuela bajo la amenaza de una intervención militar, bloqueada por el imperio militarista de Estados Unidos.

Participó en el XXV Foro de Sao Paulo como miembro del capítulo venezolano de la Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en Defensa de la Humanidad, y en ese contexto le ofreció una entrevista exclusiva a Cuatro F.

¿Cómo visualizas la situación latinoamericana, especialmente en Chile y Venezuela?

—La situación continental, aunque compleja, es muy interesante. Desde que llegó Hugo Chávez al poder, América Latina se convirtió en un epicentro mundial. El comandante impulsó la integración latinoamericana y se generó un efecto dominó de gobiernos progresistas. Ganó Kirchner en Argentina, Lula en Brasil, Evo en Bolivia, Zelaya en Honduras, Fernado Lugo en Paraguay y Daniel Ortega volvió a la Presidencia de Nicaragua. La región se integró y se rebeló a las políticas de Estados Unidos, contra sus tratados de comercio y sus recetas neoliberales impuestas por las dictaduras de los años 70. También comenzó a cambiar el mundo unipolar que surgió luego de la caída de la Unión Soviética. Con Chávez hay una reconfiguración del mapa geopolítico mundial. Y comienzan a surgir China y Rusia como potencias. Pero Estados Unidos se propuso recuperar su hegemonía, y a partir de 2009 recurre a golpes de Estado de nuevo tipo con los que saca del poder a Zelaya, Lugo y Dilma, mientras que en Ecuador Lenín Moreno traiciona a la Revolución Ciudadana. Hoy estamos en esa disputa por la integración impulsada por Venezuela y Cuba enfrentada a los gobiernos sometidos a los designios de Washington que promueven el retorno del neoliberalismo. Hace dos años se decía que había llegado el fin del ciclo progresista, pero en México ganó Andrés Manuel López Obrador, y aunque se dedica más a la política interna es un gobierno de corte de izquierda. Se espera que en las próximas elecciones de Argentina retorne el kirchnerismo, en Bolivia Evo puntea en las encuestas, mientras que China y Rusia siguen creciendo como potencias configurando un mundo multipolar y América Latina se encuentra en el centro de esta transformación mundial.

¿Allende y Chávez en qué se parecen?

 —Hay similitudes entre Chávez y Allende, porque Allende es el primero que plantea hacer una revolución en términos democráticos y Chávez a fines del siglo pasado llegó al poder por elecciones. Ambos fueron atacados con guerra económica, golpes de Estado, pero con distintos desenlaces. Chávez, a diferencia de Allende, venía del ámbito militar y los militares de Chile no son iguales a los de Venezuela. Chávez decía que nuestra Revolución es como la de Allende, pero aunque es pacífica no es desarmada, es decir, que se aprenden las lecciones. Hay que tener como proteger a la Revolución bolivariana. Allende no pudo protegerla, primero porque le descabezaron a todos los militares leales y tampoco había una estrategia de defensa del gobierno.

¿En qué se diferencian los militares venezolanos de los chilenos?

—Las Fuerzas Armadas de Chile son clasistas, tienen una formación prusiana, y desde los mandos medios hacia arriba provienen de la clase alta y familia militar. No cualquiera puede ingresar a la Escuela Militar y defienden sus intereses de clase. En cambio en Venezuela la Academia Militar es multiclasista. Chávez es uno de los mejores ejemplos, porque viene del campo, hijo de profesores, su familia era pobre y llega a ser teniente coronel. En Chile jamás hubiese logrado ese rango alguien de origen campesino. Además es una Fuerza Armada bolivariana, influida por el pensamiento de Simón Bolívar, por lo que los militares venezolanos, ideológicamente y por su configuración de clase, son más propensos a defender los intereses populares.

¿Tratan de “hacer chillar” la economía venezolana como lo hicieron en Chile?

—Cuando Allende no existía el concepto de crisis humanitaria, pero se justificó el golpe de Estado en el caos económico, que es lo mismo que ocurre en Venezuela, y usan la llamada “crisis humanitaria” para que la Fuerza Armada dé un golpe, pero el componente militar se ha mantenido leal, por lo que tratan de utilizar ejércitos extranjeros, y también pretenden usar una crisis económica provocada por ellos mismos para invadir. En Chile las Fuerzas Armadas traicionaron a Allende, pero primero fueron asesinados los generales leales, como Rene Schneider, comandante en Jefe del Ejército, y Carlos Prats, también comandante en Jefe del Ejército, a quien mataron después del golpe con una bomba en Argentina, también el general Alberto Bachelet, papá de Bachelet, fue torturado y asesinado porque se opuso al derrocamiento de Allende.

¿Qué opinas de las últimas sanciones de Trump contra Venezuela?

—Es una vuelta de tuerca más a la asfixia económica a la que quiere someter el gobierno supremacista de Donald Trump al pueblo venezolano, con la intención declarada, como dijo el exembajador, William Brownfield, de hacer colapsar la economía venezolana y castigar a la población, porque estas sanciones no afectan al gobierno de Maduro, van dirigidas a castigar a un pueblo que no se ha arrodillado ante el poderío imperial. Un embargo total es un paso peligroso. Incluso, la anunciada cuarentena es un paso previo a un bloqueo naval, que complicaría mucho más las cosas, pero estoy seguro de que el pueblo hará respetar su soberanía y su integridad territorial, y resistirá a este intento genocida de generar una hambruna en Venezuela, porque se trata de un país con tierras fértiles para lograr una verdadera soberanía alimentaria, con alimentos producidos en Venezuela. Esta medida viola el derecho internacional y pisotea la Carta de las Naciones Unidas, porque sólo las puede tomar el Consejo de Seguridad de la ONU, pero el gobierno de EU con su habitual prepotencia impone sanciones sin respetar lo estipulado en la legislación internacional. Pero estoy seguro que estos ataques contribuirán a que aflore el patriotismo para resistir y vencer.

¿Qué explica el comportamiento de Michelle Bachelet pese a ser víctima de esa dictadura?

—Hay gente que traiciona su historia, por ejemplo Pepe Mujica, pese a que estuvo preso y torturado por ser guerrillero, en su práctica política no ha hecho cambios para transformar la sociedad, y ha declarado en contra de Venezuela, Nicaragua y Cuba. Con Bachelet ha sucedido igual, pese a que ha tenido la oportunidad de dos veces llegar a ser presidenta de Chile, no hizo grandes cambios económicos, todo lo contrario siguió profundizando el modelo neoliberal y tampoco modificó la Constitución de Pinochet que está vigente. Bachelet reprimió a los mapuches y líderes sociales fueron asesinados. En Chile hay militares presos por sus crímenes durante la dictadura pero viven en cárceles de lujo, con canchas de tenis, piscina y otras comodidades que fueron construidas especialmente para ellos, hay acusaciones de corrupción, no sólo contra su hijo, también recaen sobre Bachelet, por ejemplo, grandes capitales ilegales financiaron su campaña, pero sus hechos cuestionables en materia económica y derechos humanos no son visibilizados por la gran prensa a diferencia de cualquier cosa que ocurra en Venezuela.

Has cuestionado el reciente informe de Bachelet sobre la situación de los derechos humanos en Venezuela ¿Por qué?

—El informe tiene muchas fallas en la metodología que utiliza, realiza afirmaciones sin sustento, casi el 80% de las entrevistas en las que se basa son a voceros que están en el exterior aunque su equipo estuvo en el país más de 15 días y luego ella visitó Venezuela. Se basa en informaciones de organizaciones no gubernamentales (ONG) financiadas por organismos de Estados Unidos, como la USAID, la National Endowment for Democracy (NED), Fundación Ford, y ONG venezolanas como Foro Penal, Provea, Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS), que también dependen económicamente del principal enemigo del gobierno de Maduro, lo que hace que sus apreciaciones sean sesgadas. Antes eran los golpes de Estado a través de la CIA y ahora utilizan estas ONG que se van infiltrando en la sociedad y crean líderes de varios tipos que están formados para hacer explotar la sociedad en un momento dado, como ocurrió en Venezuela en el 2017 o en Nicaragua en el 2018, que recurren a cualquier excusa para generar caos social. En Nicaragua, pese a que ha venido avanzando en reivindicaciones sociales, gracias a estas ONG estalló una conflictividad que puso en jaque al gobierno. También el informe obvió las gestiones del gobierno de Maduro en defensa de los derechos humanos, como las causas abiertas contra los policías acusados por sus abusos al contener una protesta, lo que evidencia que no es una política de Estado.

En Francia ha habido una represión brutal contra el movimiento de los Chalecos amarillos, que han sido mutiladas, algunos han perdido los ojos, y no hay ni un solo policía juzgado. En Colombia y Honduras cotidianamente asesinan a líderes sociales y no hay ningún policía ni paramilitar preso. Incluso el Fiscal Tarek William Saab ha informado que hay 104 condenados por excesos policiales y 335 privados de libertad en procesos de investigación, lo que demuestra que sí hay una política para castigar las violaciones a los derechos humanos. Además el informe hace afirmaciones sin sustento como, por ejemplo, sostiene que morirán en los próximos meses 20 mil niños por hambre, por lo que su rigor metodológico es totalmente cuestionable, ya que sólo pretende alimentar la criminalización contra Venezuela.

¿Con qué objetivo?

 —Para justificar una intervención militar, como se hizo con Libia, en donde también hubo un informe de la Comisionada de los Derechos Humanos de la ONU de la época que se usó para justificar la intervención militar ejecutada en el 2011. La Corte Penal Internacional señaló que Gadafi cometía crímenes de guerra, se emitió un código rojo y el Consejo de Seguridad de la ONU decidió invadir. Es el mismo camino, pero en Venezuela no la tienen tan fácil porque hay mayor solidaridad internacional y en el Consejo de Seguridad China y Rusia lo vetaría.

¿Sigue vivo el allendismo?

—El allendismo sigue vivo, hace un par de años hubo una encuesta sobre quién era el personaje más importante de la historia de Chile y ganó Salvador Allende, incluso por encima de los próceres de la independencia. Y los 10 finalistas son todos de izquierda. Estaba Víctor Jara, Pablo Neruda, Manuel Rodríguez y Violeta Parra.

¿Sigue vivo Pinochet?

—Sí, la victoria de Bolsonaro en Brasil es el mejor ejemplo. Incluso en este momento José Antonio Kast, es quien se perfila como el candidato, desde el Partido Republicano, que tiene grandes posibilidades de ganar si la izquierda no se une. Kast se parece mucho al presidente brasileño, reivindica a Pinochet, es de ultraderecha, racista y nazista. Es hijo de un oficial nazi que llegó a Chile en 1950 y la familia de ese candidato está vinculada a la desaparición de campesinos que eran trabajadores de su latifundio, pero cuando vino el gobierno de Allende pidieron que la tierra se repartiera y en los tiempos de la dictadura fueron asesinados. También en Europa hay bastantes expresiones del fascismo. Pero también se está fortaleciendo la izquierda. Los extremos crecen, el centro se diluye y el mundo se polariza.

¿Consideras que Maduro ha sido un buen hijo de Chávez?

—Sí, Maduro ha tenido que resistir junto al pueblo venezolano, incluso un asedio mayor al que enfrentó Chávez. Todo el mundo se sorprende de la resistencia del pueblo venezolano, y de la conducción asumida por el gobierno de Maduro, más allá de los errores.

¿Cuál es tu visión de la medicina?

—Estudié en la Escuela Latinoamericana de Medicina de Cuba que se basa en una visión humanista, con énfasis en la medicina social, en donde lo que condiciona la salud de los pueblos, no es el medicamento, sino el ambiente económico y social en que se vive, y la pobreza es el principal generador de enfermedades. También el sistema capitalista enferma, con el sedentarismo, la comida chatarra, ya que el modo de vida de la sociedad es lo que determina la salud. Así lo entendía Allende y por eso se hizo médico, pero pronto se dio cuenta de que la política era la mejor forma de hacer salud, cambiando las estructuras económicas y haciendo políticas públicas pensadas en el ser humano. Cuando fue ministro de Salud a los 33 años se encontró con altas tasas de mortalidad por enfermedades infecciosas a causa de la insalubridad. Entendió que había que mejorar la alimentación, la vivienda y la educación. Decía “no se le puede dar salud a alguien que viste harapos y que no sabe leer ni escribir”, por eso se dedicó a combatir la pobreza como la mejor forma de promover la salud.

¿Qué significado tiene que la edición XXV del Foro de Sao Paulo se haya realizado en Caracas?

—Ha sido un gesto de solidaridad de la izquierda internacional, incluso la declaración final es un apoyo a la Revolución bolivariana, a Cuba y Nicaragua, pero lo importante es que se articulen fuerzas y no se limite a lo declaratorio. Ha sido una oportunidad para establecer planes de acción conjunta y una agenda de lucha común.

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