El camino y las veredas


Raúl Moreno Wonchee
/ La nave va
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Los mexicanos llevamos doscientos años construyendo nuestro propio camino. Haciendo camino al andar como escribió el poeta. Una larga marcha, ardua y sinuosa, en busca de respuestas a las necesidades sociales y a los problemas nacionales en nuestra experiencia y en las ideas universales más avanzadas, muchas veces encontrándolas pero otras no. Y donde las exigencias del desarrollo se han conjugado, algunas de manera imperfecta, con los sentimientos de la nación de lo que ha resultado nuestro desigual progreso social. Nada nos ha sido ni nos será dado sin el esfuerzo, el trabajo y la lucha del pueblo. ¿Cuál es, entonces, la cuestión? Precisamente la vigencia que se asigne en el desarrollo democrático a las instituciones que mediante su reforma le habrán de dar perfil y sustento al cambio necesario: que se reconozcan las realidades actuales, se continúe el trazo liberador original y se renueven los instrumentos políticos, lo que para significar un paso decisivo en la emancipación de México, debe forjar una nueva conciencia de la unidad nacional. Porque hoy no puede haber unidad nacional si a priori se está contra el gobierno, si no se garantiza la división de poderes, si se debilita al federalismo, si no se respeta la laicidad, si se trastoca el régimen de partidos, si se vulnera a las organizaciones sociales, si se impide el ejercicio de la soberanía popular. A diferencia de las veredas que desde el conservadurismo opositor a toda costa y la adhesión incondicional a una visión corta e improvisada de la política nos pueden llevar a la discordia y al extravío, la Constitución es el único camino que nos puede conducir a la unidad nacional.