Te extrañamos Jaime Avilés


Jorge Gómez Naredo
/ Polemón
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¿Qué decirte Jaime? ¿Que han pasado muchas cosas en estos dos años? ¿Que por fin ganamos? ¿Que tanto esfuerzo y tanto artículo y tanta crónica y tanta organización en la que participaste tuvieron sus resultados y resultó que la victoria que parecía imposible fue inevitable?

¿Qué decirte Jaime? Te seguimos extrañando.

Y nos haces mucha falta. Hay cuestiones que no logramos explicarnos. O que las explicamos, pero nos gustaría que tú nos las contaras, nos las hicieras comprensibles, nos las describieras. Tus palabras siempre fueron muy potentes. Eras un genio. Cuando te leíamos, aprendíamos. Tenías esa característica de explicarnos muchas cosas narrándolas como si fueran una novela, o un cuento. Digamos que tenías ese talento donde confluyen la explicación con la narración y todo eso siempre resultó impresionante. Una delicia tus textos.

Yo no lo he visto mucho en otras personas. Algunos se sienten muy buenos periodistas, y narradores, y súper buenos escritores, y andan ahí presumiendo que son “periodistas narrativos” excelsos y hasta te miran así como “mírame don nadie”. Tú no eras así. Jamás. Y eras un chingón.

Pero muchos de esos que andan presumiendo a todas horas que son excelsos, la mayoría, no hace lo que tú hacías: porque eras distinto. Tenías un talento singular, completo, complejo, y además comprometido y de izquierdas. Y tu sentido del humor… Eso era un doble talento. Todavía me lleno de carcajadas cuando me acuerdo de cómo nos hacías destornillarnos de la risa.

Por eso duele tanto tu partida: porque perdimos a alguien que nos contaba lo que pasaba, y que al contarlo, nos lo explicaba de una forma más profunda que cualquier análisis académico (de esos que son muy teóricos).

Eras, sin duda, un periodista distinto. Nunca del montón.

Nos dueles. Y mucho.

Sigo pensando que no se te reconoce lo que se debe. Lo justo. En el gremio periodístico muchos te siguen odiando. Escuchan tu nombre, o lo leen y se les retuerce el estómago. Dicen que te perdiste, que te convertiste en “propagandista”, y que ya no eras un periodista serio.

Yo pienso que te odian porque nunca han tenido lo que tú tuviste: esa forma de contarnos con simplicidad muchas cosas complejas. No tienen esas palabras y escenas que tú acomodabas con tanta viveza, con tanta fuerza y con tanta precisión.

Eras un periodista distinto. Nunca del montón. Y por eso, pienso, te detestan. Nunca serán, aunque se esfuercen, como tú fuiste. Y nunca harán, como lo hacías tú, eso de contar lo que se ve.

Ganamos. Y como nos decías, cuando sucediera eso, comenzaría una nueva etapa en la lucha para la transformación del país. Porque ganar era un paso. Sólo un paso.

Recuerdo que en muchas ocasiones me decías: “estos cabrones, cuando gane AMLO, van a querer hacer un golpe de Estado”. Claro, cuando hablabas de golpe de Estado, pensabas en esto que está pasando: las “alertas” del PAN porque AMLO es autoritario; los amparos para impedir que el gobierno de AMLO haga cualquier cosa; las noticias falsas; la exageración con la “crisis” y las movilizaciones que piden “no más López” y “renuncia AMLO”.

Lo veías hace dos años. Sí, lo veías un año antes de que ganara AMLO.

Eras un genio del análisis. Y además, eras un excelente narrador. Muchos no te perdonaban esos talentos, y te odiaron y te siguen odiando.

Para el movimiento de Andrés Manuel López Obrador (que en 2018 ganó la Presidencia) en 2006 fuiste bien importante. Y en 2012 también. Pero fuiste quizás más importante entre esas fechas, es decir, en los procesos intermedios entre una elección y otra. Porque los años de comicios eras referente, es decir, todos iban a leerte. O leían esa obra magistral (AMLO. Vida Privada de un hombre público) que escribiste y publicaste en 2012. Pero cuando las cosas se “calmaban”, cuando la guerra de la derecha contra AMLO intentaba hacer del movimiento social que representa un cadáver, un pasado, un “ya no existe”, tú estabas ahí. Constante. Nunca traicionando. Nunca desilusionado. Nunca “ya no me importa”.

Hoy que muchos que no estaban se han subido al movimiento porque es normal que suceda así cuando se gana, hay que recordar a esos heroicos que estuvieron ahí siempre. A pesar de las desdichas. De las desilusiones. De los fraudes. De la guerra sucia. Del acoso por pensar como se pensaba. A pesar de todo, ahí estuvieron muchos y ahí estuviste siempre. Referente siempre.

Fuiste importante. Y lo eres.

Si te contara que César Huerta y yo, a veces, para explicarnos algunos puntos del hoy, recurrimos a tus textos

Y es que muchos de ellos, además de ser periodísticos, del presente, eran sin tiempo. De esos que explican realidades complejas y que por lo tanto su actualidad no se acaba al siguiente día, sino que sigue. Permanece. Es lo más difícil de hacer para un periodista: la permanencia de su obra. Y tú en eso eras un maestro.

Jaime, te extrañamos.

Polemón te extraña.

Tus lectores te extrañan.

Tu familia te extraña.

Nos da mucho coraje no sólo que no nos estés explicando el hoy, sino que no lo estés viviendo: tú, que tanto luchaste. Que tanto esfuerzo y tiempos y energías diste. Que tantas esperanzas pusiste ahí, en eso de transformar.

Dos años, Jaime, del día en que se te ocurrió morirte. Y dos años en que no hemos dejado de pensar en ti. De recordarte.

Brindemos, pues. Y riamos. Por al final, somos lo que reímos.

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