Ladrón de esperanzas, crítica feroz y apresurada

Ricardo Bravo Anguiano
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El visitante a la librería se detuvo frente a la mesa de novedades editoriales. Lo primero que le llamó la atención de este libro, fue el título y la imagen de portada: Ladrón de esperanzas y la fotografía de espaldas del presidente Andrés Manuel López Obrador. ¿Cómo?, ¿ladrón de esperanzas?se preguntó y reflexionó, ¿qué no es, al contrario, creador de esperanzas de millones de mexicanos? Al leer los primeros párrafos después de comprarlo, y ya en casa, dijo: ¡Qué valiente escritor, que se atreve a criticar al presidente en turno a través de una novela política, cuando nadie lo hizo en el pasado!; rectificó, bueno, quizá Luis Spota lo hizo y así le fue al pobre, que sigue olvidado sin reconocimiento póstumo. Luego, se da cuenta de que el astuto autor, para cubrirse las espaldas, crea escenarios y pone en boca de personajes de la vida pública, el odio y coraje que él siente contra su “adversario imaginario”. Da la impresión de que el escritor es un personaje manejado por una extraña fuerza superior lo pensó el lector, ingenuamente, aun cuando él jura y perjura que es “incorruptible”, ya que dice: “no hay suficientes capitales en la tierra para comprar mi pluma”, p. 267), ¿será?

Este libro no es una novela histórica ni de ficción como el autor escribe dijo para sí el lector, tampoco es un “ensayo literario”; sino que, más bien “es una obra periodística novelada en tiempo presente”, (p. 9). Así, el escritor cambió los nombres de algunos personajes de la vida pública, lo cual es válido en cualquier novela. Con mucha creatividad literaria: A AMLO lo llama “Antonio M. Lugo Olea”, a la esposa de éste, Beatriz Gutiérrez Müller, la llama “Brigitte González Muhler”. A Enrique Peña Nieto lo llama “Ernesto (Eduardo) Pasos Narro” y a la esposa de éste, la Gaviota, la llama “la pajarraca”. A Luis Videgaray lo llama “Lorenzo Villagaray”; a Marcelo Ebrard, “Mariano Everhard”; a Alfonso Romo, “Alonso Roca”; a Vicente Fox, “Valeriano Ford”, y a su esposa, Marta Sahagún, “Malvina Ford”; a Ricardo Anaya, “Roberto Abad”. El autor se encubre con el nombre de Gerardo González Garza (el GGG), alias “Martinillo”.

En la página 10 se le advierte al lector que, el objetivo de esta obra es “dar la voz de alarma… para señalar los errores y aplaudir los éxitos de la nueva administración….” ¡Falso! exclamó tajante el lector, pues el autor prefirió olvidar los aciertos y dedicar toda la obra a la crítica feroz y despiadada, para alegría de los opositores al presidente. Parece ser más bien siguió pensando, que el objetivo es dar a conocer el “Acuerdo Secreto de Impunidad” establecido entre Peña Nieto y López Obrador, mediante el que, el primero para salvar su pellejo, como dice el autor-, se comprometió a no poner obstáculos y facilitar la llegada del segundo a Palacio Nacional; siempre y cuando, el aspirante se comprometiera a no perseguir penalmente a ningún integrante del gabinete saliente, (pp. 86-92 y 148).

En una escena, AMLO se encuentra solo en la sala presidencial en el Palacio Nacional, reflexionando: “¿Qué sería de México si al final de mi mandato entregara las mismas cuentas desastrosas de Pasos Narro? (p.15). Imposible entonces salir con un señoras y señores: hoy, al concluir mi primer sexenio (el subrayado es mío) les he robado toda esperanza”, p. 17, (parece que de aquí surgió el título del libro).

No se midió el escritor pensó el lector, al decir que AMLO imploraba a Dios o a cualquier otra divinidad, para que le concediera “el incomparable placer de poder ir a escupir sobre la tumba de Ernesto Pasos Narro”, p. 13; (afirmación no válida e innecesaria, debido a que Antonio había dicho que perdonaría a la mafia del poder y que no perseguiría a nadie, como el propio autor lo menciona más adelante). El escritor se hace “el importante” y a la vez “víctima”, al decir que el presidente Antonio lo odia, porque él lo critica ferozmente, al grado de imaginar que el presidente tiene en su escritorio algunos de los artículos de Martinillo (como él cree que lo nombra el presidente) para cuando tenga la oportunidad de restregárselos en la cara al escritor (p.21).

Los personajes discuten temas nacionales e internacionales, como si fueran expertos; situación que resulta no creíble para el lector. Los principales asuntos que tratan, son: el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México en Texcoco, el de Santa Lucía, el Tren maya, la refinería Dos Bocas, la mafia del poder y los huachicoleros, la centralización del poder y los súper delegados, el clientelismo político, las iglesias en México, los medios de comunicación, los programas sociales de la nueva administración, la guardia nacional, Morea (Movimiento de Regeneración Amorosa), la Casa Blanca, la residencia de Videgaray en Malinalco, el tren chino a Querétaro, la estafa maestra, Pemex, Odebrecht, Higa, el muro fronterizo, los migrantes centroamericanos, los narcotraficantes, los grupos delincuenciales, la cuarta transformación (que el autor llama la cuarta masturbación, p.21), los chairos y los fifís, el Grupo de Lima, el Pacto de Sao Paulo, Trump, Putin, Castro, Chávez, Maduro, etcétera. La mayoría de los diálogos son entre hombre y mujer: el presidente Antonio y su esposa; entre Ernesto (Eduardo) Pasos Narro y su esposa; entre el GGG, Martinillo (el escritor) y su esposa y entre él y su amante y; entre Juanito (joven catedrático de Derecho y secretario particular del presidente Antonio) y su amante, Yanira Ramírez.

Un diálogo “de hombre a hombre” que hace reír al lector y lo motiva para tomarse un whisky, es cuando en septiembre del 2018, un grupo de viejos amigos, empresarios ricos que estaban jugando golf, apostaron a que uno de ellos aventurero y presumido, se atrevería a enfrentar en privado al todavía presidente Pasos Narro para reclamarle varias cosas que ellos acordaron (p. 117). Se hizo la millonaria apuesta, y el valiente aprovechó la oportunidad de que el presidente iría de viaje a Tepic, Nayarit. Logró escalar el edificio engañando a los guardias, hasta que estaba en la suite del hotel cara a cara con el presidente. Fue una conversación interesante en la que, al final, el intruso y acusador resultó también ser: culpable. El invasor puso una daga en el cuello del presidente, y le dijo: Ernestito quedaste fatal cuando le pediste a tu vieja que saliera a decir que la Casa Blanca la había pagado ella con su sueldo de actriz mediocre en la tele (141). Él se defendió de este y de los siguientes reclamos, como: la cancelación del tren chino a Querétaro, la desaparición de los jóvenes de Ayotzinapa, el pacto que hizo con el nuevo presidente para salvar su pellejo, etcétera. Cuando discutieron el tema de los impuestos, el presidente ya envalentonado se acomodó en la cama y le preguntó a su adversario: “¿quién es más culpable, el que se roba la lana depositada en el erario o quien también se la clava por medio de mil trampas en el pago de impuestos?” (p. 143). Si usted le robó dinero al Estado mexicano siguió diciendo es cómplice y está descalificado para juzgarme. En el tema de la infidelidad, el intruso salió también raspado, cuando el presidente, con voz firme le dijo: “estamos a mano, usted y yo somos rateros y también infieles…” (p. 145), se carcajeó el lector y tomó del refri una cerveza bien fría.

El reporte del médico que atendió a su esposo, el presidente Antonio, decía: el paciente es “un esquizofrénico, un mentiroso compulsivo, un hombre afectado por una senilidad precoz” (p. 273); ella no hizo caso. En otro momento, la esposa entró a la oficina presidencial a saludarlo y lo encontró preocupado porque ese día en la conferencia mañanera, unos periodistas infiltrados con credenciales falsas, entregaron a los demás reporteros unos volantes, de los que el presidente guardó uno que dio a leer a su esposa, que decía: AMLO, el presidente electo ¿estaba loco cuando tomó los pozos petroleros en Tabasco?, ¿estaba loco cuando gobernó la Ciudad de México?, ¿estaba loco cuando en 2006 mandó al diablo a las instituciones?, ¿estaba loco cuando construyó los segundos pisos del periférico?, ¿estaba loco cuando dividió al país en ricos y pobres, chairos y fifís, pueblo y pirrurris?, ¿estaba loco cuando prometió acabar con los huachicoleros y los delincuentes?, ¿estaba loco cuando recurrió a las consultas populares?, ¿estaba loco cuando…?, etcétera; y, remató diciendo que el presidente es un “aprendiz de dictador” (p. 213-217). Después de ese esfuerzo de berrinche estilo Trump, el escritor debió descansar, lleno de satisfacción se imaginó el lector, compadeciéndolo.

En la parte final, en otra escena con los personajes: Juanito (abogado, fifí) y su amante Yanira (socióloga, chaira), en la discusión acalorada porque estaban desnudos en la cama (como en las escenas eróticas del libro del autor de Arrebatos carnales), aun cuando ambos habían votado por Antonio, ahora resulta que él se refiere al presidente su jefe de trabajo en Palacio Nacional, de “mentiroso” (p. 307) y ella, de “traidor”; ¡válgame la aseveración!, exclamó el lector, desconcertado y golpeando su escritorio. Para tratar esos temas, ¿no hubiera sido mejor crear escenarios más creíbles murmuró el lector, como: una conferencia en la Facultad de Economía, o en la de Ciencias Políticas y Sociales en la UNAM, donde discutieran personajes, como: el expositor, maestros y alumnos; o, en cualquiera de las Cámaras de Diputados o de Senadores con argumentos de los partidos políticos?

Al libro le faltó la mano del corrector de estilo y del lector beta (lector de prueba), antes de mandarlo a la imprenta, ya que los temas se repiten una y otra vez. Se siente la prisa que el escritor tenía por sacar a la luz pública, el libro que según él, todo mundo estaba a la espera de su publicación, lo cual generó algunos errores ¿de impresión?: A Enrique Peña Nieto lo llama Eduardo, p. 136 y Ernesto en la p.142; falta acento a la palabra “éste”, en p.160 y 162; a Juanito lo presenta como si fuera economista, cuando es abogado. Llegó al extremo de incluir párrafos de sus artículos periodísticos publicados en otros tiempos y en otras circunstancias, para engrosar el volumen del nuevo libro (21, 68, 123, 159); y, agregó algunas fichas que le sobraron después de que no las pudo insertar en lo que había escrito (p. 287-295). Alguien le debe decir a Martinillo pensó el lector, quizá su esposa Roberta o su amante Marga, que eso no se vale, que son tareas de un estudiante de tercer año de secundaria reprobadas por el profesor.

En la presentación oficial del libro en el Lunario del Auditorio Nacional, en abril del 2019, los presentadores opositores recalcitrantes al presidente (Diego Fernández de Ceballos, Federico Reyes Heroles, Paco Calderón (caricaturista) y Jorge Suárez Vélez) criticaron la política del presidente AMLO. En particular, el llamado Jefe Diego se refirió al presidente, como: “un rufián con poder, hombre vil y despreciable, que vive de la estafa y la mentira”; ¡mira quién lo dice, mejor que viva la vendita libertad de expresión! gritó a solas el lector. La publicidad de la editorial, decía: este libro es el fenómeno editorial del año, escrito por el autor más leído de México ¡¿qué tal?! En las entrevistas que le han hecho en televisión, el escritor ha comentado que, aun cuando ha vendido 50 mil volúmenes y está por salir la próxima edición, lo están saboteando en las librerías, porque los vendedores no ponen sus libros en el área de novedades a primera vista del cliente y los esconden; por lo que, aconseja a sus lectores que insistan para conseguirlo. Esa mentirilla ya te la conocemos Paco pensó el lector, fiel televidente del programa “El refugio de los conspiradores”.

Lo cierto es que el escritor encontró una mina de oro para seguir analizando lo que haga o deje de hacer el presidente y así continuar con su trilogía editorial, cuyo título siguiente anunció, será: La felicidad de la inconciencia que saldrá en el año 2021. Tiene todo el derecho de hacerlo, ¡a ver quién le compra el siguiente libro, porque yo, hasta aquí llegué! dijo en voz baja “el principiante crítico literario”. Se tomó el último trago de cerveza, apagó la luz y se fue a la cama, pensando: ¿aun los que votaron por él, ahora están objetando lo que está haciendo?, ¿hay un desencanto y descontento ciudadano con el presidente? Veamos lo que dice el 1 de julio, en la celebración del aniversario de su triunfo electoral. Se quedó dormido.

Ladrón de esperanzas
Francisco Martín Moreno.
Editorial Alfaguara, 2019.