El motín reveló tres cosas

Miguel Ángel Ferrer / Economía y política
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.    www.economiaypoliticahoy.wordpress.com

En menos de 72 horas empezó a desinflarse el motín protagonizado por algunos (pocos o muchos) miembros de la Policía Federal. Y si bien no hay sinonimia perfecta entre motín, insurrección, sublevación, levantamiento en armas y golpe de Estado, es indudable que tales vocablos mantienen una notoria semejanza semántica. 

Todos ellos representan la idea de la toma del poder por medio de la violencia. O, dicho de modo más crudo, el derrocamiento del gobierno legítimamente constituido. Podría decirse que a esas voces las vincula una especie de gradualidad que va de menos a más. Un motín cuartelario puede ser la señal para un movimiento insurreccional de mayores proporciones geográficas o políticas.

Pero el amotinamiento puede servir también para evaluar las posibilidades de éxito de un movimiento mayor. Una especie de globo sonda para prefigurar o conocer las posibles reacciones de apoyo o rechazo de los diversos grupos o de las distintas clases sociales. Y también, naturalmente, para calcular el eventual respaldo de otras guarniciones castrenses o de otros cuerpos de las fuerzas armadas.

En cualquiera de las anteriores posibilidades o planes es claro que el amotinamiento protagonizado por agentes de la Policía Federal reveló la total ausencia de condiciones objetivas y subjetivas para el éxito en el propósito de derrocar al gobierno del presidente López Obrador.

Que esas condiciones no existan hoy no significa, sin embargo, que no puedan existir mañana. Esta fallida intentona no va a conducir a la derecha y al conservadorismo a la resignación. Están trabajando y continuarán trabajando para crearlas. 

Ese es el fin último de las permanentes campañas mediáticas de calumnias, guerra sucia y propaganda negra contra el gobierno de López Obrador. Se trata de ir creando el clima social para que en un determinado momento prendan en el ánimo de la sociedad las consignas golpistas.

Ciertamente el motín se dio en un cuerpo armado altamente desprestigiado, signado por las más nefandas prácticas de la corrupción, la perversidad y el crimen, lo que sin duda contribuyó al fracaso de esta primera intentona golpista. Este símil de tanquetazo chileno o tejerazo hispano.

De todos modos la sublevación policiaca mostró indirectamente tres cosas: la   indisposición del Ejército y la Marina para aventuras golpistas, la pertinencia de la creación de la Guardia Nacional y la necesidad imperiosa de extinguir a la Policía Federal.

 

Problema serio pero no irresoluble

Miguel Ángel Ferrer / Economía y política
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.    www.economiaypoliticahoy.wordpress.com

Luego de la inmensa proeza consumada por López Obrador y el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) el domingo 1 de julio de 2018 era absolutamente esperable una respuesta del viejo régimen pripanista en defensa de los inmensos, inmorales, ilegales e injustificables privilegios de los que los personeros de ese podrido régimen habían disfrutado desde 1940, pero fundamentalmente a partir de 1982, con la instauración de las políticas privatizadoras de los bienes de la nación.

Esa esperable respuesta llegó de inmediato pero sin contundencia. Podría decirse que la derecha, confundida y en estado de shock por la magnitud de la derrota electoral, ha tardado varios meses en organizarse para presentar un frente de batalla medianamente sólido y eficaz.

Para cumplir esa misión no sirvieron los casos de los aeropuertos. Ni el desabasto petrolero. Ni los ataques, descalificaciones e injurias del zapatismo marquista o galeanista. Ni las concertadas calumnias y falsas noticias de los columnistas y locutores al servicio del viejo régimen. Hoy, a un año de la victoria, López Obrador está más fuerte que nunca.

Pero de pronto aparece en escena un tema complejo y espinoso que provee de inesperada munición al antiobradorismo. Ese tema es la migración irregular, en parte espontánea y en parte promovida, que utiliza el territorio mexicano para intentar internarse en Estados Unidos.

Esos migrantes de diversas naciones son rechazados, detenidos y expulsados de EU hacia México. Pero ni quieren volver a sus sitios de origen ni desean permanecer en México, aunque la nación azteca les ofrece protección, asilo, refugio, residencia y trabajo.

Obviamente esta situación no es un problema mayor para EU. Simplemente cierra su frontera sur y echa de su territorio a los que logran colarse por cualquier vía.

El problema es para México. ¿Qué hacer con esos miles y miles de personas que se niegan a residir en suelo mexicano y que sólo desean internarse en EU?

El problema se resolvería si EU abriera sus puertas a esos migrantes. Objetivamente la solución del problema está en manos de EU y no de México. Pero la anómala situación surte de municiones a la derecha para cuestionar a López Obrador, y a Trump para presionar e intentar controlar a éste.

Pero, impasible como Juárez, López Obrador no tardará mucho en encontrar, con el apoyo del pueblo, una solución. Porque, como debería ser obvio, no hay problema sin solución si existe la decidida voluntad de resolverlo.

 

Cosecha magra y producto sin mercado

Miguel Ángel Ferrer / Economía y política
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.    www.economiaypoliticahoy.wordpress.com

Son muchas y muy poderosas las fuerzas políticas y económicas que se oponen al gobierno de López Obrador. Se trata de personas, instituciones y organizaciones ligadas al antiguo régimen, a la ideología y a la práctica neoliberales. Pero a pesar de que esas fuerzas han logrado algunos pequeños éxitos judiciales y mediáticos, la constante hasta ahora es el avance de las medidas diseñadas y puestas en práctica por el obradorismo.

Y es que a pesar de los muchos recursos invertidos, los personeros del viejo régimen no han logrado arrastrar tras de sí a sectores o representantes significativos de la población. Ni sindicatos obreros ni organizaciones campesinas, estudiantiles o profesionales se han hecho eco de las críticas y descalificaciones antigubernamentales.

Ciertamente no puede decirse lo mismo de los partidos políticos ligados claramente o al servicio de los intereses de la derecha: PRI, PAN y PRD. Pero se trata de organizaciones absolutamente desprestigiadas, sin líderes carismáticos, sin más ofrecimientos al ciudadano que una vuelta al pasado de crisis económica permanente y empobrecimiento popular constante y creciente.

Más aún: esos abanderados del  antiobradorismo, como los panistas Felipe Calderón o Vicente Fox, tienen fama pública de ineptos, abusivos, ladrones y hasta asesinos. Con esas bien documentadas credenciales, cómo pueden conseguir adherentes. Y lo mismo más o menos puede sostenerse de los líderes priistas.

Pero la razón principal del fracaso de la derecha en socavar al obradorismo se encuentra en el hecho de que la ciudadanía no observa en las medidas gubernamentales indicio alguno de actos contra el pueblo trabajador. Al contrario.

Porque más allá de errores o insuficiencias, los ciudadanos reconocen la voluntad de hacer un gobierno de claras intenciones de beneficio popular. Y no ven ni sienten ni perciben un gobierno rapaz dedicado a buscar y hacer negocios al amparo del poder público.

Por eso no prenden en el ánimo popular las censuras, las descalificaciones y las francas calumnias contra el presidente y su gobierno. Ninguno de esos censores aporta datos o indicios de que en Palacio Nacional se hayan cocinado o se estén cocinando políticas lesivas para la economía popular.

Qué tiene de extraño entonces que la cosecha de aquellas censuras y calumnias resulte magra y que el producto no encuentre mercado.

 

Vivir con menos

Miguel Ángel Ferrer / Economía y política
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.    www.economiaypoliticahoy.wordpress.com

“Nadie puede gastar más de lo que gana” reza la sabia sentencia económica. O, dicho con otras palabras, el ingreso total de una persona es el límite de su egreso total. Sin embargo, frente a una baja temporal del ingreso, una persona puede acudir al crédito, es decir, a un préstamo o a la venta de algún bien: una casa, un coche, unas joyas, un terreno a fin de mantener el nivel histórico o acostumbrado del gasto. Pero lógicamente esta es una solución temporal en espera de que el ingreso vuelva a sus niveles anteriores. Si no es este el caso, la única salida es la reducción del gasto. O, dicho en palabras sencillas, vivir con menos.

Esta solución al problema puede, a primera vista, no parecer grata. Porque, como decía John Maynard Keynes, el consumo es una función del ingreso presente y pretérito. Y personas y familias tienden a mantener un gasto correspondiente al antiguo ingreso. Pero una nueva situación económica exige una nueva conducta económica. Y una reducción del ingreso obliga irremediablemente a una disminución del gasto. Así que, como diría el clásico, la disminución del gasto es una “medida dolorosa pero necesaria”.

Sin embargo, lo que a primera vista puede parecer ingrato o doloroso, quizá no lo sea tanto si entra en juego el factor racionalidad económica. ¿Cuántos gastos de una persona o de una familia son en verdad necesarios y no superfluos? ¿Cuánto de ese gasto es racional y no caprichoso?

Todo esto en cuanto a personas y familias. Pero es igual en lo que respecta a las empresas. Una reducción de los ingresos lleva necesariamente a una disminución de los gastos. Y lo mismo hacen los gobiernos cuando se reducen sus ingresos.

La experiencia de personas, familias, empresas y gobiernos demuestra que es posible vivir con menos ingresos si se reducen los gastos. Y en este rubro siempre hay mucha tela de donde cortar.

Claro que la pérdida de ingresos es una eventualidad y no una fatalidad. Pero siempre será sensato y aconsejable estar preparados para esa eventualidad. Unos ahorros pueden paliar los efectos de una pérdida de renta. Y mientras más grandes sean esos ahorros, podrá por más tiempo sobrellevarse la caída en el ingreso.

Y he aquí la clave del razonamiento: si hay ahorros, que por definición no son gastos, quiere decir que es posible vivir con menores ingresos, es decir, con menos gastos.