Entre sabotajes y problemas

Sergio Gómez Montero / Isegoría
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Nadie pensó (hace siete meses o un año), creo, que gobernar al país iba a ser sencillo, toda vez que él era un mosaico de colores múltiples y una olla de presión a punto de explotar porque se guisaba un platillo de cosas putrefactas y echadas a perder, con la finalidad de que a todo el país nos indigestara ese guiso. Muy malas intenciones tenían quienes habían cocinado tan maléfico platillo. Y lo peor es que la intención subsiste: que el país se vaya a pique, junto con quien lo dirige, pues la finalidad también permanece: evitar a toda costa que un proyecto de país diferente al de ellos (los capitalistas, los neoliberales) se consolide entre nosotros, para darle a la mayoría de la población otras condiciones de vida, más justas y libertarias. Esa intención sólo con la lucha intensa de quienes nos oponemos a ella se va a lograr. No basta con cerrar los ojos para borrarla.

Nadie, pues, creo, con cierta visión objetiva de la realidad podrá negar que existe no una sino múltiples manos negras empeñadas en evitar que el gobierno actual del país realice su trabajo en un clima de tranquilidad y armonía, sino por el contrario: se busca crearle a él problemas continuos para evitar así la consolidación del proyecto de país que él, con mínimo treinta millones de mexicanos más, está impulsando, y que tiene, dentro y fuera del país enemigos múltiples de toda naturaleza.

Pienso así, por ejemplo, en por qué hoy, sorpresivamente, se inscriben en esa lista quienes oficialmente “defienden” (es un decir, porque eso no tiene nada de verdad) los derechos humanos, como en México el  presidente de la Comisión Nacional que supuestamente defiende esos derechos (Luis Raúl González Pérez, que comía de la mano de José Narro), no desaprovecha la oportunidad para buscar la yugular del presidente de la república porque no lo invitó al té de las cinco, luego de que le aventó los caballos encima, de la misma manera que Michelle Bachelet, expresidenta de Chile que dejó en manos del conservador Sebastián Piñera a su país, trató de hacer lo mismo en Venezuela aguas, parece que la CIA toca a la puerta). ¿Por qué pues los burócratas de los derechos humanos encargados hoy de golpear a los gobiernos que buscan defender a las mayorías de la región tienen tanta actividad tan sucia?

En todo proceso político, es cierto, no hay gratuidad: siempre se actúa con una intención. De allí entonces que un qué de la persistencia de aquellos procesos que buscan intermitentemente sabotear o crear problemas a los gobiernos (en este caso, particularmente al de López Obrador) que no comulgan con las ideas neoliberales que alimentaron durante treinta y siete años a los gobiernos recientes del país, hayan sido del PRI o del PAN despierta suspicacias y uno no tarda en vincularlo con los grupos que una y otra vez dificultan el quehacer gubernamental de las autoridades en turno, las que, sin duda, para hoy ya han de saber que esos sabotajes o problemas forman parte ineludible del quehacer gubernamental: desde el despido justificado de una empleada de Notimex, hasta la rebelión de un cuerpo institucional como lo es la Policía Federal.

Los tiempos venturosos del verano no se presentan aún. Continúan las tormentas y nevadas del invierno. La  transición de la primavera se borró y el cielo continúa gris y aborregado.

 

 

¿Lucha de poderes?

Sergio Gómez Montero / Isegoría
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Todo comenzó desde el principio. Desde que se vieron las caras –al margen de que se conocían desde tiempo atrás– se las vieron con cara de pelea, de combate; y el combate no tardó en darse. Pero digo, ¿por qué ahora, por qué no los sexenios anteriores? No, desde luego, en el siglo XIX cuando se funda la República (1823) con el fin del seudo imperio de Iturbide y a partir de allí cuando ella queda establecida como forma de gobierno en el país. No, no desde entonces, pero sí, dígase, con los gobiernos neoliberales de Carlos Salinas a Enrique Peña que mantuvieron sumiso al Poder Judicial al Ejecutivo, que daba de comer en la mano a los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación para que, a lo más, piaran mientras recibían las prebendas que el Ejecutivo les daba y les permitía (sueldos, jubilaciones, nepotismo y lo más grave de todo: justificación y encubrimiento de todo tipo de corrupción). Por eso, insisto, desde el principio, ahora, con este gobierno, Ejecutivo y Judicial fueron poderes que se vieron con caras de pocos amigos: pues mientras el primero está necio en ponerle freno a la corrupción; el segundo está emperrado en seguir propiciando de maneras múltiples su protección y propiciándola a ella. Por eso son pues ambos, ahora, poderes antagónicos.

Pero ni el Ejecutivo quiere ir a fondo (¿por qué permitir la conducta facciosa del ministro Eduardo Medina-Mora, a quien las cortes internacionales ya condenaron?) ni el Judicial le deja de meter goles a éste propiciando amparos que protegen cínicamente a los enemigos de la cuarta transformación y dándole largas así a una lucha que mínimo tiene siete meses. Y está bien, uno entiende la campaña anticorrupción del Ejecutivo, pues ella es la bandera y tarea principales de su gobierno.

¿Pero por qué al Judicial se le permite que actúe como actúa; acaso porque Olga Sánchez Cordero es una posición que engrana a ambos poderes? ¿Cuál es la razón de que hoy exista esa relación enfermiza entre ambos poderes? No, no es la primera vez que en la historia de América Latina hay pugnas políticas entre poderes de la república (Colombia, Argentina, Brasil), pero por lo común, en los inicios de un gobierno esas pugnas se disipan y el Ejecutivo gobierna con relativa tranquilidad y así se navega con el paso del tiempo. ¿Así pronto sucederá entre nosotros o persistirán las pugnas entre ambos poderes? ¿Cómo será que esa pugna finalmente se dirima: enfrentándose ambos poderes; otro factor social intervendrá (el Legislativo) y los pondrá en paz, o cuando el pueblo diga ¡basta! y a uno de los dos lo ponga en su lugar?

Como sea, pero evidentemente hoy los bonos están a favor del Ejecutivo y de su cuarta transformación que suena a más justa, a más razonable, a más libertaria. Abogar por ella frente al Poder Judicial es una cuestión de principios, pues sólo los conservadores más obtusos y obcecados le pueden apostar a un Poder Judicial tan desprestigiado como el que hoy integra a la república en el país. Alguien, además del Ejecutivo, le debe poner un alto a esos ladrones y distorsionadores de la ley.

PD. Mis disculpas por la errata de mi artículo pasado en donde los apellidos correctos de Félix son Goded Andreu y no Godede Abreu, como yo puse. Perdón.

 

 

Un país en migración

Sergio Gómez Montero / Isegoría
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El país pasa hoy por una de las etapas más difíciles de su historia contemporánea. No porque él así lo haya querido, sino por las amenazas que sin ninguna razón de ser nos ha lanzado Donald Trump en su calidad de presidente del país vecino, como si él tuviera capacidad legal como para amenazarnos tal y como hoy lo hace. ¿Por qué permitir que eso suceda y por qué atender solícitamente a lo que hoy se nos está exigiendo, sin existir ningún sustento legal para que ello se concrete? ¿Somos acaso nosotros los culpables de que básicamente población centroamericana busque llegar a tierras estadunidenses para ofrecer allí su fuerza de trabajo? ¿Somos acaso nosotros los culpables de que esa población, la de Estados Unidos, sea la mayor consumidora de narcóticos de todo tipo y la posesionaria de todo tipo de armamento, el que puede comerciar a su libre antojo?

Esa es, pues, nuestra tragedia: ser los vecinos de un país cuyos vicios son mayúsculos y cuyo gobierno, hoy, no tiene límites a la hora de amenazar la paz mundial, y ése es nuestro mayor problema: ¿Cómo hacerle frente a esa realidad que nos atosiga y amenaza y a la cual, dada su agresividad, no le podemos hacer frente? Si en el siglo XIX fue posible enfrentar nuestro ejército al de Estados Unidos, ya, a principios del XX, en Veracruz (para castigarnos por la incursión de Francisco Villa en Columbus), nos dimos cuenta que ya no le podíamos hacer frente para contrarrestar sus arteros embates armados y, luego de hacerle frente con todo, se consideró conveniente tocar retirada para salvaguardar a las tropas y poder concentrarlas en la guerra civil que entonces aún estaba viva en el país. Desde entonces, no pudimos más hacerle frente con las armas a un enemigo tan poderoso, y de allí que desde entonces también hemos tenido que negociar con ellos pacíficamente nuestras diferencias, luego de haber sido aliados forzados en la Segunda Guerra Mundial y en la guerra de Corea. La presión de Estados Unidos sobre nosotros desde entonces no ha cesado. Aliados forzados, ello le ha permitido a los gobiernos vecinos ser nuestra espada de Damocles que nos resta libertad para actuar como nosotros lo consideremos más conveniente en lo que se refiere a nuestro desarrollo industrial, comercial y social, por el puro y simple hecho de ser vanguardia en América Latina.

Si ésa es la historia relativamente reciente de nuestros dos países, esa historia definitivamente se ha complicado en los tiempos recientes con la crisis migratoria actual, en la cual nuestro país juega el papel nuclear de una amplia zona no sólo latinoamericana sino mundial. Dada la vecindad que él tiene con Estados Unidos. Esa singular situación no es ya bilateral como lo fue durante muchos años. Hoy, esa crisis se resuelve a nivel multilateral o no se resuelve aquí y en todo el mundo (por ejemplo, hoy incluidos China y Hong Kong). ¿Qué mundo nos va a tocar vivir después de las crisis migratorias, es sin duda algo que no se resolverá en el corto plazo por más que las amenazas trumpianas se incrementen? Apostarle al futuro es algo que no podemos hacer porque corremos el peligro, seguro, de perder… todos. Si queremos que eso pase, ¿quién le quiere entrar al futuro de la migración?