México hundido sin salvavidas

Luis Emiliano Gutiérrez Poucel
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Los temas de actualidad son (1) la renuncia con las denuncias del secretario de Hacienda Carlos Urzúa, (2) las opiniones de las calificadoras y los economistas de que México ha entrado en una recesión técnica y que se puede esperar una recesión en lo que resta del año, y (3) la inasistencia del presidente de México a la reunión del G20 en Osaka Japón. Andrés Manuel López Obrador con la confianza que le da su autoritarismo, falta de preparación y analfabetismo económico, justifica la renuncia de su secretario porque sigue siendo medio neoliberal; niega que México haya entrado en recesión, y concede más mérito a sus mañaneras que a los beneficios de discutir con los principales líderes mundiales.

Caray, en primer lugar, ¿qué tipo de datos e información tiene Andrés Manuel para negar los dictámenes de las calificadoras? Querido lector, dudo mucho que AMLO tenga algo de sustancia que le permita rebatir los análisis de los expertos de las calificadoras y las universidades. En segundo lugar, si ser neoliberal es tomar decisiones de política económica solamente cuando están bien sustentadas, entonces este escribiente es totalmente neoliberal. Mientras tanto, dos terceras partes de los mexicanos se siguen alimentando de promesas, no de fórmulas económico sociales, ni de buenas políticas económicas basadas en hechos concretos y sustentadas con principios económicos, sino con tan sólo palabras huecas respaldadas en datos de una supuesta realidad alternativa. En tercer lugar, las reuniones informales de los 20 países más importantes del mundo no solamente sirven para reducir la inestabilidad y compartir conocimientos, sino para formar alianzas en contra de enemigos comunes.

En nuestra comida mensual con mis compañeros del Colegio Williams discutíamos que las políticas de la cuarta transformación no reconocían dos grandes desafíos a los que se están preparando para enfrentar todas las naciones del mundo, condenando a México a seguir en el atraso económico-social.

El primer desafío que se nos avecina es el de la singularidad tecnológica, que no es otra cosa que el momento en el cual el cambio tecnológico es tan rápido y su impacto tan profundo que la vida humana es transformada de manera irreversible. La singularidad es aquel punto en el cual los cambios en el último millón de años serán suplantados por los cambios en los próximos cinco minutos. El impacto de la singularidad va a ser tan profundo que nos cuesta trabajo comprenderlo en toda su dimensión. Lo que sabemos es que la singularidad se acerca cada día más y más, y los países que no estén preparados para recibirla, están condenados a ser sus víctimas.

El segundo desafío, asociado al primero, es que, en un mundo de creciente complejidad, en donde el cambio tecnológico es más rápido que el crecimiento económico, se requieren poblaciones educadas y preparadas para entender la cambiante realidad y adaptarse al cambio. Las poblaciones educadas tienen más capacidad de adaptación y mayor flexibilidad que las no educadas. Esto implica mejores y más grandes sistemas educativos, operados por lo mejor que produce la sociedad, maestros y profesores preparados que se mantienen al tanto de los últimos desarrollos.

Sin embargo, las políticas de la 4T en estas dos áreas van en sentido opuesto, minimizando, posiblemente por ignorancia, la relevancia de estos dos grandes desafíos. Probablemente uno de los lastres que más pesan en la falta de progreso de México es “el deficiente sistema educativo”, puesto que mientras los países desarrollados y los emergentes están apostando a la nueva educación para enfrentar los grandes retos futuros, la 4T le está apostando al pasado convencional de buscar la politización de los maestros (como si no la hubiera habido en los últimos cien años), relegando a segundo plano la búsqueda de la excelencia de los estudiantes, la innovación y el nuevo papel de la internacionalización de la cultura.

Se puede pensar que los países avanzan como si dejaran en un ferrocarril, en donde los países desarrollados van en primera clase, los emergentes en segunda, los que están empezando su desarrollo en tercera clase, y aquellos que siguen las políticas equivocadas viajan en cuarta clase. Con las políticas de la 4T, AMLO está condenando a México a viajar en el vagón de cuarta clase o a no subirse al tren.

El abandono de este gobierno de su lugar en el concierto de naciones, en donde hasta el momento ha sido un factor de estabilidad y de apoyo al diálogo constructivo entre los países desarrollados y emergentes, es un tema preocupante. La pregunta clave que nos formulamos querido lector, es ¿Qué tan significativo fue la inasistencia de nuestro mandatario en la reunión del G20?

Como dicen los japoneses, la inasistencia del mandatario mexicano en la reunión del G20 en Osaka, Japón fue desafortunada. ¿Por qué no asistió Andrés Manuel? Probablemente por varias razones, la primera, siento que le dio pavor escénico de estar entre los líderes más influyentes del mundo. La segunda, que el mismo explicó, es que quería evitar una confrontación directa, pues se iba a tratar la guerra comercial entre China y Estados Unidos, dejando entrever que le preocupaba que esto se desbordara en una riña con Trump sobre sus amenazas arancelarias. La tercera que se me ocurre es que no quería responder a lo que por primera vez le tocaba explicar a México, ¿por qué las perspectivas del crecimiento económico se han deteriorado tan rápidamente, pasando del 2% de crecimiento a menos de 0.5% esperado para este año? Esto coloca a México junto con Turquía (que por sus malas políticas económicas y conducción autoritaria de la economía ha tenido pésimos resultados económicos), con Italia (que por sus políticas populistas y sin fundamento económico continúa de crisis en crisis), y con Argentina (cuya economía lleva años desmoronándose inexorablemente).

           Querido lector, no hay forma de justificar que el líder de un país que tenga el privilegio de formar parte del selecto club de potencias y economías emergentes que representan cerca del 70% de la población mundial, el 90% de la economía del planeta, y 80% del comercio internacional, no asista a la cumbre de líderes del G20. Las reuniones del G20 constituyen el foro global más relevante para la deliberación económica y política del que disponen los principales países desarrollados y emergentes. Una consecuencia de la desafortunada inasistencia de Andrés Manuel a la reunión del G20 fue que mientras los mandatarios de los otros 19 países tenían reuniones a puerta cerrada, decidiendo cómo colaborar, coordinar sus políticas económicas y lograr mayor estabilidad, los secretarios de Hacienda y Relaciones Exteriores, que iban en representación del presidente mexicano, tuvieron que esperar, mirándose el ombligo, sentados afuera del recinto porque solamente mandatarios podían participar en la discusión de la agenda global del G20.

En un momento crucial para México, en donde hay un nuevo gobierno que pretende nuevos paradigmas para la cuarta transformación del país y un presidente de Estados Unidos que busca cualquier arma, especialmente la que más le duele a México, para lograr lo que quiere, como fue la amenaza de los aranceles para hacer que México se constituyera en muro contra la emigración centroamericana a Estados Unidos. Dada la asimetría de poder, la fórmula que más le conviene a México es la de la unión. Sólo con la imagen de una posible alianza con otros países con problemas similares con Estados Unidos hubiera mandado un fuerte mensaje de tratarnos como iguales y con respeto.

No había necesidad de confrontar a Trump, sino tan sólo de enviarle un claro mensaje al juntarse con los líderes de India, Rusia y China. El mensaje era: “México tiene otras opciones, tú no eres la única”. La pauta la marcó el primer ministro indio Narendra Modi, quien buscó reuniones con Vladimir Putin, de Rusia, y Xi Jinping, de China. Esto fortaleció el poder de negociación de India al grado que, después de la reunión del G20, el secretario de Estado Mike Pompeo fue a India para calmar al gobierno hindú. Andrés Manuel perdió una gran oportunidad de conseguir que el presidente estadunidense recibiera ese mensaje nada ambiguo de que México es más importante para la estabilidad y crecimiento de Estados Unidos que India.

No sorprende que quien ha hecho de la frase “no hay mejor política exterior que la buena política interior”, la fórmula para relacionarse con el mundo, no asista a su primera cumbre del G20, tampoco fue a Davos en enero ni asistió a la reunión en julio de la Alianza del Pacífico, en Perú. El costo para Andrés Manuel de su inasistencia es mínimo, pero para México la ausencia de su mandatario en los foros internacionales es relevante dada la creciente globalización, fenómeno cuya relevancia no entiende nuestro mandatario.

No hay nada más peligroso para un país que un líder ignorante y autoritario, aquel que piensa que sabe y no quiere aprender, aquel que combina ignorancia, poder e iniciativa. Un barco no se hunde por el agua a su alrededor, sino por el agua que le entra. El gobierno de la cuarta transformación está hundiendo a México sin preocuparse siquiera por tener salvavidas.