Benjamín Wong Castañeda luchó por
una prensa libre, crítica y responsable

Andrea Becerril / La Jornada
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El periodista Benjamín Wong Castañeda falleció ayer (24-V-19) a los 84 años de edad. Dedicó la mayor parte de su vida al ejercicio periodístico y a luchar por una prensa libre, crítica y responsable.

Periodista brillante, valiente, de trayectoria intachable, definen amigos y contemporáneos a Benjamín Wong, nacido en Concepción del Oro, Zacatecas, en 1934, con amplia trayectoria que incluyó puestos de mando en los principales periódicos nacionales.

Se desempeñó como director de El Sol de México en la década de los 70, fue subdirector de El Universal y participó en la fundación de La Jornada, donde fue colaborador y en tiempos recientes asesor de la dirección general de esta casa editorial.

La tarea del periodista constituye un privilegio, en tanto que es espectador de primera fila en la historia de todos los días, pero tiene también la alta responsabilidad de la búsqueda de la verdad, de informar con imparcialidad, el comunicar con rigor, el de ver, escuchar e interpretar, anteponiendo el interés social al personal, escribió hace algunos años, a quien se considera también maestro de varias generaciones de periodistas.

Su esposa Rosalva recuerda que Wong Castañeda comenzó a trabajar desde muy joven en San Luis Potosí en la cadena García Valseca. Ahí inició su carrera periodística. Era la década de los 50 y el coronel José García Valseca, entonces al frente de esa empresa, lo mandó a inaugurar El Sol de Saltillo y tiempo después lo trajo a la Ciudad de México.

Fue por más de 20 años reportero de El Sol de México y trabajó incluso como corresponsal de guerra, por lo que estuvo en Vietnam. Gracias a su talento y disciplina se convirtió en director de la Organización Editorial Mexicana, que en esa época era la más grande cadena de periódicos de América Latina. Se mantuvo en ese cargo hasta marzo de 1977, cuando el entonces presidente Luis Echeverría intervino y quitó la empresa a García Valseca.

Incursionó brevemente en el servicio exterior, entre 1987 y 1988, cuando estuvo en China como consejero político y de prensa de la embajada de México en Pekín.

Su larga trayectoria periodística incluyó también el diario Novedades, fundó el semanario Punto en 1986 y fue subdirector de El Universal. Cuando asumió este encargo, el director de ese diario, Juan Francisco Ealy Ortiz, se refirió a Wong Castañeda como un hombre talentoso, con una larga y limpia trayectoria que lo ha distinguido en el periodismo nacional, por su intachable conducta, muy profesional y creativa.

En junio de 1995 recibió el Premio Nacional de Periodismo a la trayectoria, y en el discurso que pronunció en nombre de los premiados –publicado íntegro en La Jornada– definió los parámetros en su actuar:

El periodista no debe ser un amanuense que recoge opiniones ajenas y las reproduce. Es un profesional que informa y ofrece a sus lectores, oyentes o televidentes, su perspectiva de los sucesos. No escribe para sí ni para su editor ni para sus fuentes: escribe para sus lectores o sus equivalentes en otros medios. Rigor, ética e imparcialidad y veracidad son partes inseparables de su responsabilidad, y por hacerlo no debe ser descalificada.

Frente al entonces presidente Ernesto Zedillo fijó la postura que mantuvo en su larga carrera como comunicador: La existencia de una prensa libre es una dimensión de la democracia y una demanda permanente de la sociedad. A los periodistas nos compete ejercerla con responsabilidad, al gobierno respetarla y garantizarla. No puede concebirse un modelo de nación libre si su sociedad no puede verse diariamente reflejada fielmente con sus pesares, sus angustias y sus sueños en el espejo transparente que debe ser la prensa.

En ese junio de 1995, cuando aún no se reglamentaba el derecho a la información, Wong advertía: “No se puede olvidar que la verdad libera y el silencio somete… La información incompleta, la información a medias sobre las grandes cuentas pendientes agrega confusión a la confusión.”

Sus servicios funerarios se llevan a cabo en una agencia ubicada en la calle General Prim, en la colonia Juárez, donde amigos y colegas acompañan a sus familiares. Sus restos serán cremados esta mañana.

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De Concepción del Oro al DF, Saigón y Pekín

Andrea Becerril / La Jornada
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Familiares, amigos y excolaboradores que lo acompañaron en su larga vida periodística despidieron ayer (25-V-19) a Benjamín Wong Castañeda, fallecido la víspera. De entre los múltiples recuerdos de los presentes en el funeral emergió la figura de un joven reportero en sus primeros años se enfrentó al cacique de San Luis Potosí, Gonzalo N. Santos; del corresponsal de guerra que supo plasmar el sufrimiento del pueblo vietnamita y del directivo solidario que abrió las puertas de la entonces poderosa Cadena García Valseca a algunos periodistas que salieron del diario Excélsior, durante el conflicto en 1976.

Junto con Julio Scherer, Benjamín Wong es uno de los grandes periodistas del siglo XX, consideró Roberto Rock, exdirector de El Universal y columnista. Heriberto Galindo, político y diplomático, lo calificó de hombre honrado a carta cabal, comprometido con las mejores causas, que dejan huellas trascendentes en el periodismo.

Para los muchos profesionistas que se formaron con él, Benjamín Wong Castañeda elevó la calidad del diarismo, apoyó a los reporteros y cambió el periodismo de gacetilla por el de investigación, lo que le llevó a confrontarse con el poder.

Bajo su dirección, la cadena de Los Soles vivió su época más brillante. Roberto Rock recordó que el también fallecido Óscar Hinojosa comentaba que los reporteros de esa época solían decir: el coronel sí tiene quién le escriba, cuando Wong Castañeda asumió la dirección de El Sol de México y lo modernizó.

En 1977 el entonces presidente Luis Echeverría consideró insostenible un contrapeso de esa naturaleza. Le quitó la cadena al coronel José García Valseca para entregarla a un aliado político, Mario Moya Palencia, quien la derivó a Mario Vázquez Raña, y Benjamín Wong fue despedido.

No salió solo, lo acompañó su equipo de trabajo, un grupo de periodistas formados con él, a los que permitió desarrollarse y crecer, y decidieron dejar también El Sol de México. Entre ellos la directora general de La Jornada, Carmen Lira Saade. Ambos mantuvieron una amistad a toda prueba durante más de 50 años.

Wong Castañeda fundó después, en 1983, el semanario Punto, que albergó también a los periodistas que dejaron Uno más Uno y crearon otras publicaciones como La Jornada y Proceso. Y dirigió unos meses El Universal, lapso en el que intentó innovar y practicar un periodismo de avanzada. Roberto Rock recordó que le tocó el sismo de 1985 y Wong se presentó ese día en la redacción, con cámara fotográfica y libreta y durante el día escribió historias para los varios suplementos que ese día editaron.

Decidió, además, publicar como nota principal el hallazgo de cadáveres de torturados en las cajuelas de vehículos de judiciales encontrados en las ruinas del edificio de la entonces Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal, que se desplomó durante el terremoto. Publicar esa nota, en esa época del periodismo mexicano, fue complicado.

Le impresionó mucho, agrega Rock, el caballeroso estilo oriental de Wong Castañeda, que a pesar de su época luminosa como directivo y editor, contra lo que ocurre en nuestro gremio, jamás lo escuché alzar la voz a ningún reportero.

Aníbal Silva da cuenta también de ello al recordar que colaboró con Wong en un proyecto que les encargó, durante el sexenio de José López Portillo, su responsable de comunicación, Luis Javier Solana. Se trataba de salvar Notimex y durante tres meses, junto con El Chino, viajaron por varios países hasta presentar una propuesta, que nunca se aplicó para la agencia de noticias. Pero, lo importante, dijo, es que pudo tratar con el gran periodista, con el que años después se encontraba en las asambleas del Consejo de Administración de La Jornada, del que ambos eran socios fundadores.

Heriberto Galindo resaltó que van a extrañar mucho a Wong en La Peña, un grupo formado por él donde cada semana se reunían intelectuales y periodistas a discutir, desde hace 36 años, acerca del acontecer nacional.

Además de periodista valiente y comprometido, Benjamín Wong fue un hombre cálido que amó y protegió a su familia, coinciden su esposa Rosalva Aguilar y su hermano Alfredo.

Lo unía un gran respeto y admiración por su padre, un migrante chino que llegó por Manzanillo a México y trabajó con ahínco, estableciéndose en varios puntos, uno de ellos Concepción del Oro, Zacatecas, donde nació Benjamín, quién residió posteriormente en San Luis Potosí.

         En 1987 y 1988 se desempeñó como asesor político y de prensa y pudo cumplir uno de los sueños de su padre, el migrante que nunca pudo volver a China. Wong localizó a la hermana menor de su papá, quien, entre lágrimas, le acarició el rostro y le dijo que Wong Shiu le había prometido volver, que ella sabía que no lo haría, pero su presencia era como recobrar al añorado ausente.

Alfredo Wong relata esa historia entre sollozos, pero sonríe después cuando recuerda cómo Benjamín protegió a sus padres y a sus siete hermanos, sobre todo a las cinco mujeres, ahora abuelas, que estuvieron en la sala funeraria para acompañar hasta el final al gran periodista.

Sus restos fueron cremados ayer, y tal vez, como fue su último deseo, la mitad de sus cenizas se esparzan en el puerto de Manzanillo, por donde llegó su padre a México.

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