El optimismo de los partidos y la abstención

Jorge Meléndez Preciado
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.    @jamelendez44

Los presidentes de los tres partidos más importantes: Yeidckol Polevnsky, de Morena; Marko Cortes, del PAN,  y Claudia Ruiz Massieu, del PRI, se presentaron en la televisión y dijeron que a sus agrupaciones les había ido de maravilla en las pasadas elecciones habidas en ocho entidades del país. No obstante que el abstencionismo estuvo de pronóstico reservado e incluso entre los militantes de las mencionadas organizaciones existió inconformidad, pleitos y segregación de compañeros de ruta.

Estamos, pues, en una fase donde las antiguas formaciones que dirigieron las metas de infinidad de ciudadanos o tienden a desaparecer o se necesita una nueva forma de levantar el espíritu de los mexicanos.

El PRI, quien en los próximos días continuará su carrera rumbo a su desaparición, ya que el dedazo se impuso nuevamente y Alejandro Moreno será el siguiente presidente, impulsado por once gobernadores encabezados por Alfredo del Mazo (el Grupo Atlacomulco postrado ante López Obrador), obtuvo unas cuantas victorias  pero no es ni la sombra del  aparato que impresionaba aquí y en el extranjero. No obstante que en su interior insistan en tomar la riendas: el descalificado de Ulises Ruiz; el exrector de la Universidad Nacional, José Narro, que va de ridículo en ridículo, y la exgobernadora Ivonne Ortega, a quien no le importa perder el escaso prestigio que logró.

Marko Cortés, quien se siente líder blanquiazul y es un personero de Santiago Creel, festeja todo no obstante que perdió por dos a uno la gubernatura de Baja California, obtenida hace 30 años por Ernesto Ruffo, y conservada durante ese lapso. Ello porque su todavía mandatario local, Francisco (Kiko) Vega, resultó un truhan que hundió a todos los que se le acercaban, entre ellos el candidato: Óscar  Vega, sin parentesco con el anterior. Y en Puebla, luego del cacicazgo de Rafael Moreno Valle, quien impuso a Tony Gali e hizo ganar a su esposa Martha Erika, a través de la compra de votos y el acarreo, ahora vio cómo su aparente candidato ciudadano, Enrique Cárdenas, no obstante la multimillonaria erogación en portales, no pudo con un Luis Miguel Barbosa muy disminuido y sin apoyo del Morena en la capital de la entidad y en varias alcaldías, entre ellas Cholula.

            Es decir, con todo Morena ganó dos gubernaturas, que sumadas a las que tiene ya hacen siete. Y en 2021 podría aumentar la cifra hasta igualar o superar  a los priistas.

Pero en todo este rejuego, el número de votantes en donde se llevaron a cabo los comicios, fue de 22 por ciento a 38 por ciento; excepto en Durango que llegó  a 45 por ciento de los asistentes a las urnas. Algo que muestra los síntomas de agotamiento de eso que llamamos democracia y que en realidad ha sido una ficción.

Ello porque en la más reciente edición  de la revista Proceso  (número 2222),  nos presenta Jesús Esquivel unos papeles desclasificados de Estados Unidos, donde el entonces embajador de Washington aquí, Tony Garza, señala que en 2006: “Los cinco encuestadores más influyentes en México, todos dieron una estrecha ventaja de entre 2 y 4 por ciento al candidato del Partido de la Revolución Democrática (PRD), Andrés Manuel López Obrador, sobre el del Partido Acción Nacional (PAN), Felipe Calderón”.

Ya sabemos que el entonces IFE, hoy INE, dio el triunfo por 0.56 por ciento de los votos a Calderón, este tomó posesión antes en un acto en Los Pinos organizado por Vicente Fox, Felipe dijo que había ganado “haiga sido como haiga sido” y después pidió el retiro de Tony Garza y López Obrador hizo su plantón en la avenida Reforma.

Parte de la historia de fraudes que sufrimos desde hace mucho tiempo, los cuales están vivos en la memoria de los mexicanos. La esperanza renació nuevamente con Andrés Manuel y ahora estamos en una época de cambios e incertidumbres.

En Puebla fue singular la elección ya que aunque Miguel Barbosa triunfó, logró únicamente 682 mil votos; ocho meses atrás  obtuvo un millón 34 mil sufragios, lo que demostró que el efecto López Obrador es importante, crucial. Perdió incluso en la capital a manos de Enrique Cárdenas, que es un experimento de varios grupos rumbo al 2024, entre ellos miembros del Movimiento Ciudadano y de la Confederación Patronal (Álvaro Delgado, dixit). Pero se debe señalar que los nuevos morenistas, entre ellos la alcalde poblana, Claudia Rivera, son bastante torpes en sus acciones.

No se olvide que Moreno Valle dejó endeuda a la entidad con más de 65 mil millones de pesos, los cuales se pagarán en los siguientes 20 años. Este es el héroe al que defiende el PAN, aunque el sujeto abusó de todos sus aparentes compañeros albiazules. Y para agregarle algo más al panorama camotero, uno de sus priistas notables, Mario Marín, exgobernador, anda de fugas, igual que Emilio Lozoya, aquél por el caso del secuestro y tortura a la periodista Lydia Cacho.

            Democracia y demócratas en entredicho.

 

 

De listas y listos

Jorge Meléndez Preciado
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El embute, el soborno, la mano untada, la ayudadita no es algo reciente en México. Es parte de nuestra antropología. No sólo entre el poder político y los periodistas. Más profundamente entre los dueños de los medios y los funcionarios. Y en medio, por desgracia, los reporteros, siempre mal pagados, explotados al máximo, sin posibilidades de mejorar a pesar de que sus empresas sean boyantes.

Dijo uno de los corruptores mayores de este país, Luis Echeverría: empresas ricas; trabajadores pobres. Quien organizó la matanza del 2 de octubre de 1968 y el 10 de junio de 1971, no se olvide, fue ampliamente  protegido  por los informativos, quienes no sacaron las fotos ni las filmaciones que tenían de aquellos acontecimientos. En especial el Grupo Televisa, que supo pagar el apoyo que le dio ese siniestro personaje que vive como una momia. Y también muchos reporteros ignoraron relatar tales sucesos por las prebendas que recibieron de la Presidencia de la República. Por lo tanto, la alianza poder, medios y muchísimos trabajadores de los informativos es muy vieja y posibilitó que se ocultaran infinidad de  crímenes, lo mismo contra la izquierda que las insurrecciones de la derecha: el fraude en Chihuahua contra Luis H. Álvarez y triunfos del PAN en el hoy explosivo Michoacán, y de cívicos: Salvador Nava.

Pocos fueron los reporteros valientes que no se arredraron contra el sistema, que lo corrompía todo y a casi todos. Hay que hacer una lista muy seria en donde estarán: Jesús Blancornelas, Julio Scherer, Miguel Ángel Granados Chapa, Froylán López Narváez y más.

Decía con razón el gran René Arteaga, periodista salvadoreño que vivió en México, “si el chayo no te corrompe, acéptalo”. Y es que los salarios en los diarios eran y son  ridículos, insultantes. Debido a ello, cuando la mujer se enfermaba y el dueño no le daba lo adecuado al reportero ni tenía Seguro Social, aceptaba el apoyo del cuate-funcionario para que le abrieran las puertas del ISSSTE u otra organización para que la señora se aliviara o diera a luz. Así pues, condenar la dádiva de un poderoso mancha más a los dueños que a los trabajadores, siempre expoliados, sobrecargados de notas, en ocasiones sin séptimo día.

La situación de miseria de muchos compañeros no aclara todo. Pero antes  y ahora: ¿qué han hecho las empresas para reparar el daño de los compañeros asesinados y de las familias rotas? Nada en general. Incluso ni siquiera refutar las notas que atribuyen a los periodistas que supuestamente andaban en malos pasos,  estaban en antros o tenía relaciones perversas (salud, Regina Martínez).

Los gobiernos de Miguel de la Madrid a la fecha tampoco han entendido los reclamos de los tundemáquinas. El señor Manuel Bartlett, hoy orondo director de la Comisión Federal de Electricidad, puso oídos sordos al reclamo por los asesinados en el sexenio del llamado Hombre Gris, cuyo hijo Enrique ahora es un crítico furibundo del actual gobierno.

            Hubo osado compañero que en la Cámara de Diputados, en la calificación de la elección presidencial de 1988, siendo el reportero estelar de Televisa, vociferaba: “Yo sin chayo, no me hayo”. Parecía algo cómico o juguetón. No era así. Era parte de una relación desviada El citado terminó con otra Chayo, siendo vocero de Rosario Robles. Grave pero en esos tiempos de corrupción máxima parecía un triunfo del citado.

Otros ahora hacen el recuento de sus hazañas y dicen que consiguieron el salario mínimo para los periodistas. Falso. La medida se impuso cuando Elías Chávez, era presidente de la Unión de Periodistas Democráticos, y este informador el segundo de a bordo. Ayudaron para ello Luis Donaldo, Colosio, del PRI; Eduardo Valle (El Búho), del Partido Mexicano de los Trabajadores, y quien era pastor de la Cámara de Diputados, Eliseo Mendoza Berrueto. Entonces se pudo establecer que los reporteros ganaran dos salarios mínimos, cuando menos, algo que no se logra en muchos diarios nacionales. El trabajador, como siempre, como chivo expiatorio.

En Chiapas, un director tenía un letrero muy visible en su escritorio: “El periódico  no se vende, el director sí”. Un esquema de que la corrupción mayor está arriba, sin duda. La cual pocas veces se ha documentado. Hace falta.

Sacar la lista de 36 señores que tienen negocios en el periodismo no es malo. Pero habrá que ampliarla y depurarla. La corrupción en los medios debe terminar, sólo de esa manera habrá información seria, veraz, confiable.

Muchos quienes hoy se rasgan las vestiduras no tienen vergüenza. Algunos se dicen promotores del  cambio, pero son parte del arsenal de quienes gozaron las mieles del poder.

Una verdadera historia del periodismo será algo que debe propagarse en las escuelas de dicho oficio. Ahora tenemos algunos adelantos: el libro Prensa vendida de Rafael Rodríguez Castañeda y los dos recientes artículos de Álvaro Delgado (Proceso y El Heraldo, 27 de mayo).

Periodistas ricos y pueblo pobre en información.

¿Quién de los quejosos actuales puede exhibir, sin temor, sus propiedades?