La libertad de expresión y los viejos sometimientos

Teresa Gil / Libros de ayer y hoy
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

El 7 de junio de este año, se cumplen 68 años de que Miguel Alemán Valdés estableció en 1951, el Día de la Libertad de Expresión en México. Cifra paradigmática por lo que todos sabemos, pero curiosamente es el año 68 del siglo pasado, el que menciona Rafael Rodríguez Castañeda en su libro Prensa vendida, para informar que el 7 de junio de ese año, a menos de cuatro meses del 2 de octubre, personajes conocidos entregaban charolas de reconocimiento a Gustavo Díaz Ordaz, para agradecerle la libertad de expresión que ejercían. Las cosas no eran diferentes antes ni lo fueron después, en conmemoración con  placas –en la placita Zarco de la Ciudad de México estuvo  mucho tiempo una para recordar a Díaz Ordaz–, y entrega de diplomas al gobernante en turno. Nada detuvo a éstos sin embargo, cuando ellos lo consideraron necesario. Luis Echeverría por ejemplo, vulneró esa libertad de expresión el 8 de julio de 1976, en el diario Excélsior. Los ejemplos son muchos y se han repetido cantidad de veces, como el famoso reclamo de “No pago para me peguen”, de José López Portillo a la revista Proceso. Ante la oposición de periodistas honestos que se rebelaban, la historia de la prensa mexicana  recoge censuras, despidos, y en algunos casos agresiones que llevaban a la muerte. El asesinato de Manuel Buendía, cuyos 35 años de su muerte considerada crimen de Estado, se recordaron el pasado 30 de mayo, es uno de ellos. Pero la lista es larga. El sometimiento a la prensa ha sido permanente en México. La libertad siempre estuvo condicionada a las  necesidades del poder. Y la forma más efectiva de someter fue la compra de conciencias a través de un dispendio incalculable, con  el que se pudieron haber cubierto muchas necesidades urgentes del país.

Cierto periodismo consideró natural someterse y extendió la mano

Los problemas que ha habido entre el actual gobierno con algunos medios periodísticos –poderosas empresas que comercian con la información, sobre todo–, ha provocado una de las tensiones creadas en estos meses al nuevo régimen. Pero bases periodísticas, trabajadores de la prensa, han repuntado su enojo por casos como la suspensión de las dádivas –en algunos estados se siguen otorgando y eso hace difícil erradicar ese tipo de  corrupción–, y por el enfrentamiento causado por los llamados periodistas fifís. Los motes molestan, si bien de la parte opositora se dan en uno por mil y más afrentosos. Hay que considerar la difícil situación en la que quedó el país después del pasado régimen –y lo que se venía arrastrando– y el surgimiento de grupos abiertos y sectores ocultos que conspiran. El uso de los medios hostiles es su refugio.

Manuel Buendía y su no claudicación. La UAP lo publica

Un hombre completo en el periodismo y en la escritura fue Manuel Buendía Téllezgiron. Nacido en Zitácuaro el 24 de mayo de 1926, Buendía estuvo en un seminario, hizo estudios de abogacía en la Escuela Libre de Derecho e inició su carrera periodística en el órgano La Nación medio oficial del PAN, y después comenzó un largo caminar como jefe por oficinas de prensa, para recorrer a su vez y más tarde, los medios más importantes de la capital. Escritor y maestro de la escuela Carlos Septién García, lo fue también en la UNAM. “Denunció reiteradamente la acción desestabilizadora del clero político, de la CIA y de la clase empresarial, así como el olvido de la historia nacional de parte de algunos políticos que claudican o se alían a estas fuerzas”. Fue uno de esos periodistas que el poder solo pudo vencer con  su muerte. Aun así, su obra lo respalda y está presente. Tenía 58 años cuando fue arteramente asesinado por órdenes del jefe de la Dirección Federal de Seguridad José Antonio Zorrilla, en lo que se considera claramente un crimen de Estado. Siete días después de su muerte, algunos celebraron como todos los años el llamado Día de la Libertad de Expresión, cuando uno de sus principales exponentes había sido silenciado. Desairada la fecha por los verdaderos periodistas, en los últimos años solo los empresarios de la comunicación la celebran. La ONU tiene otras fechas, en el mes de mayo, pero en otros países la fecha es diversa. Tres años después de la muerte del comunicador, la Universidad Autónoma de Puebla le dedicó uno de sus Cuadernos de Comunicación Crítica en el que recoge 31 de sus crónicas de su columna Red Privada, acerca del Pensamiento y acción de la derecha poblana (UAP y la Fundación Manuel Buendía, 1987). Vale la pena recuperar ese interesante libro de la universidad poblana, ahora que hay vientos de fronda en ese estado y unos de los sectores que agitan la situación, son los que menciona Buendía en sus columnas.