Los grandes peligros que se avecinan

José Luis Alonso Vargas
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A nivel mundial, en las últimas décadas, es el imperialismo estadunidense el protagonista principal de la violencia reaccionaria. La burguesía imperialista estadunidense ha golpeado a las burguesías locales y los pueblos que no se han sometido a sus designios. Ahí están los pueblos masacrados de Irak, Afganistán, Libia, Siria y tantos más en los viejos continentes; y en Latinoamérica y el Caribe, casi todos los países han sabido de la presencia militar y de la CIA, con consecuencias desastrosas. En el siglo XX y lo que va del XXI, afortunadamente, las fuerzas antimperialistas, encabezadas por Cuba, han resistido y en algunos casos hasta expulsado a los agentes del imperialismo, como en Cuba y Bolivia. Pero los yanquis siguen teniendo la batuta y dirigen sus golpes, una y otra vez, contra las fuerzas progresistas latinoamericanas. No hay un partido, movimiento o fuerza beligerante de la clase obrera que les haga frente. La revolución proletaria no está a la vuelta de la esquina.

En México, con la votación del 1 de julio de 2018, y posteriormente, se han asestado fuertes golpes a los partidos proyanquis como el PAN y el PRI; pero ya se están recuperando. Muchos de sus representantes se han infiltrado en Morena y han tomado las riendas de muchas instituciones del gobierno federal y de los nuevos gobiernos estatales y municipales. Desde ahí realizarán su labor de zapa y prepararán las condiciones para volver al poder, tomando como ejemplo a la derecha que ha dado golpes de Estado de nuevo tipo en varios países del continente: Honduras, Paraguay, Brasil, Ecuador, Argentina, etcétera. Morena no está preparada para impedirlo y la izquierda socialista, menos.

López Obrador y la burguesía transnacional mexicana han empezado a recibir golpes y amenazas del mandamás del norte, Donald Trump, que exige total sumisión y mayores rendimientos económicos para sus empresas. La reciente negociación es tan frágil que cualquier día despertaremos con la novedad de que Trump ha decidido amenazar de nuevo, sin esperar los plazos acordados. Quitarle una parte de sus ganancias a la burguesía mexicana no sería lo grave. La pauperización de nuestros trabajadores asalariados sería lo peor. El aumento de la cifra de mexicanos que viven en la extrema pobreza, sería la fatalidad. Y no hay una fuerza obrera preparada para impedirlo. Las fuerzas de nuestra burguesía son oportunistas y acomodaticias. No van a la guerra.

Ante tales peligros, reales, inminentes, los comunistas debemos aprovechar todos los resquicios y coyunturas para abrirnos paso. Participar en Morena hasta donde nos lo permitan. Conquistar espacios políticos, sociales, culturales y artísticos, desde donde podamos expresarnos y ganar simpatías para nuestros proyectos. Todo menos cruzarnos de brazos.

Advertir al pueblo mexicano de tales peligros es un deber ineludible. No podemos quedarnos en la complacencia y en generar falsas expectativas. No idolatrar a nadie ni cegarnos como fanáticos ni convertirnos en los nuevos socialistas utópicos. Vayamos a las trincheras que nos correspondan con la claridad y certeza que nos da el análisis científico de la situación actual, mundial, continental y nacional. Y promovamos la unidad, pero no a toda costa, mucho menos bajando la guardia, sino recordando y haciendo valer nuestro lema: ¡Proletarios de todos los países, uníos!