Olamendi: Guerrera, demócrata, feminista

Lucía Lagunes Huerta / CIMAC Noticias
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Una de sus características es dar la batalla por las causas en que está convencida. Creadora de las primeras leyes para sancionar la violencia hacia las mujeres, forjada en la lucha política y social de la construcción democrática de México, abogada todo terreno, feminista implacable. La primera batalla que dio fue por la defensa de su autodeterminación y su derecho a estudiar, una acción que marcará su vida. Nacida en Puebla, Patricia Olamendi Torres, autodefinida como guerrera, nos lleva de la mano a través de su pasado que nos explica quién es hoy esta defensora feminista que busca desterrar desde hace 30 años la violencia contra las mujeres, la desigualdad y la injusticia.

Reconocida en el año 2012 con el premio Clara Zetkin, irónica defiende aquello en lo que cree. Integrante de un clan familiar liderado por su madre y conformado por cuatro hermanos y cinco hermanas, el trabajo fue la vía para salir adelante. A los 15 años Patricia inició su vida laboral con un objetivo muy claro “ser alguien” y para ello estaba convencida que el estudio era la vía, así que su vida laboral la acompañó todo el camino de su formación académica y política. Su deseo de ser alguien no lo dejó jamás, en el primer semestre de la carrera fue elegida consejera universitaria, conoció el mundo sindical de los años 80 y de ahí a diputada, subsecretaria y funcionaria de Naciones Unidas. Olamendi Torres reivindica el derecho de las mujeres a la ambición como un deseo apasionado por algo que guía el andar de las mujeres, que las impulse a seguir su camino.

¿Por qué te autodefines guerrera? 

Porque vengo desde abajo, no vengo de una familia que tuviera en la mira a las mujeres como algo importante; vengo de una familia muy tradicional, con una madre extremadamente religiosa, que todo le era pecado, y que una mujer destacada no estaba en su vista; tampoco vengo de una familia que tuviera un interés en la participación en la sociedad o en la política, en nada de eso. Entonces, desde niña peleé por estudiar; a los 17 años me iban a casar, y me fui de mi casa. Tomé la decisión de que no me quería casar, yo quería estudiar. 

¿Y a dónde te fuiste a los 17 años? 

Hice una locura que hoy sería aterradora. Tres de mis hermanos vivían en California, en Estados Unidos, no sé cómo conseguí algo de dinero que guardé, pagué un boleto de camión del ADO de Puebla a México y luego busqué los camiones que salían a Tijuana. Como pude pagué el camión a Tijuana, que entonces eran dos días de camino y pues no comí porque no llevaba dinero, entonces los choferes que estaban ahí me vieron como una niña muy amolada, uno de los choferes me dijo “siéntate aquí adelante con nosotros” y me invitaron a comer los dos días. Cuando llegué a Tijuana, uno de los choferes me dijo “¿tienes el teléfono de tu familiar?” y le dije sí.

¿Qué año era Paty?

Ha de haber sido mediados o finales de los 70, estaba muy chiquita. Y ya pude hablar y uno de los choferes me dijo: vamos a quedarnos contigo lo más que podamos, te vas a quedar sentada, no te pares por nada porque es muy peligroso. Finalmente, llegó uno de mis hermanos y, bueno, me pusieron como ya te imaginarás porque me había ido, pero ya les expliqué que yo quería estudiar y que me querían casar y no quería. 

¿Por qué querías estudiar? 

Nunca me llamó la atención el matrimonio, te lo confieso. Creo que en algún momento me casé porque mi mamá me lo exigió, porque no soportaba que yo no viviera con un hombre; mi mamá estaba enferma y dije “se lo voy a conceder”, de lo cual me he arrepentido toda la vida. Creo que hay mujeres en que no está eso (el matrimonio) en nuestras mentes. Quería estudiar porque quería salir adelante, o sea yo sí pensaba en ser alguien importante, yo sí quería hacer algo importante. Sí tenía y es algo que les recomiendo a todas las mujeres y las alumnas que tengo que seamos ambiciosas, a que veamos lo que podemos ser, porque eso es lo primero que nos dicen “no seas ambiciosa”, pues nos nulifica, porque no puedes aspirar a nada; al final de cuentas los seres humanos tenemos que ambicionar algo. Entonces, lo primero que siempre nos dicen es “tú eres una ambiciosa” y eso lo he escuchado a lo largo de mi vida y pues sí, siempre he ambicionado. 

¿Y por qué Derecho? 

Estaba entre Biología que es mi pasión–, Historia y Derecho. Entonces entré a la Facultad de Derecho y a la Facultad de Historia; empecé dos carreras en la universidad y trabajaba dando clases y cuidando niños en una estancia infantil privada. Se vino un conflicto estudiantil muy fuerte, se vino la huelga en la universidad, el Estado intervino lo que hoy nos parece extraño y pido que nunca regrese y entonces las escuelas cerraron, y en Puebla sólo había la universidad pública y privada, pero yo no tenía dinero. Me aventé a la Ciudad de México y vine a hacer un examen de admisión a la UNAM y pasé el examen. Entonces me admitieron en Derecho y ya no seguí Historia porque aquí era imposible, tenía que trabajar mucho más. 

¿Y a dónde te fuiste a vivir? 

Tenía unas conocidas de Cuautla, Morelos, eran ya dos mujeres grandes, y justo tenían un departamento en Copilco y Universidad. Entonces me dijeron “Paty, vente con nosotros”, tú pagas la luz, el gas; los servicios, ellas se iban a trabajar y regresaban en la noche; me dieron un estudio que tenían y ahí me quedé a vivir. Iba a clase a las 7 de la mañana, a las 9 salía corriendo al trabajo, en el CREA, que era algo de las juventudes, regresaba en la tarde-noche a la universidad a tomar todas las clases y salía como a las 9 de la noche. Hacía resúmenes de las clases y los vendía, para vivir. Hasta que uno de mis maestros me dijo “qué estás haciendo” y le dije “trabajo acá y allá”, y me dijo “te veo siempre como que te falta sueño, que andas muy atareada” y me dijo “vente a trabajar conmigo, yo trabajo en Dina (creada en 1951), un consorcio impresionante, y la sede principal estaba en avenida Universidad. Él era el gerente de Relaciones Industriales de Dina camiones; me dio una jefatura de sección que ahorita debe ser como una dirección de área, más o menos. 

¿Qué edad tenías Paty? 

21 años. Mi tarea era tratar con el Sindicato de Obreros Libres, el Sol, que era el sindicato independiente que tenía el control de toda la empresa automotriz. Yo ya militaba en la universidad, en el movimiento estudiantil, y también estaba muy cercana a grupos de izquierda, que era quizá con las personas que más me llevaba del PMT, que era el Partido Mexicano de los Trabajadores de Heberto Castillo; estaba muy cercana a la gente del PST (Partido Socialista de los Trabajadores), ahí conocí a Jesús Ortega, a todos ellos; y también con algunas personas del PSUM (Partido Socialista Unificado de México). En aquel entonces se hablaba de la unidad de la izquierda.

Eran los 80. 

Sí, ya eran los 80 exactamente. Entro a trabajar a Dina y me hacen responsable de la relación con los trabajadores, lo primero que hicieron fue ponerme “súper niña” los del sindicato. De hecho, mi tesis de licenciatura la hice sobre democracia sindical. Me tocó ver toda la destrucción de las empresas paraestatales, empezando por la corrupción que había. Las corazas venían de Turquía y llegaban todas destruidas, las pasaban a los talleres a que se volvieran a hacer; la tecnología que se había desarrollado en México no la usaban; compraban las llantas en China.

¿Y tú ahí tenías conciencia del feminismo, de la desigualdad? 

Fíjate que no; veía y me molestaba lo que pasaba, sobre todo en el aspecto laboral, pero tampoco tuve conciencia en mi casa porque como que todo era normal, o sea, tú eres mujer y eso te pasa. Tenía el contacto con Estados Unidos que era otro mundo, entonces como que de momento sí decía “aquí sí puedo hacer esto y aquí (México) no puedo hacer esto” y era un conflicto. 

¿Dónde se te cruza la conciencia feminista? 

Fíjate que en realidad se me cruza haciendo el servicio social, que lo tuve que hacer saliendo luego, luego, de la escuela, y después me quedó una sensación que empecé a verla, pero no lo veía como parte de un todo, lo veía como una cosa separada de la realidad.

¿Dónde hiciste tu servicio social? 

Lo hice en una Agencia del Ministerio Público en Tepito. Ahí me tocó ver un montón de mujeres maltratadas. Yo tampoco me explicaba lo que habíamos vivido con mi papá y con mi mamá, que no era más que violencia, quizá no con golpes, pero otras formas de violencia. Cuando yo empiezo a ver a todas esas mujeres que no era una, ni dos, te estoy hablando de todo el tiempo que yo estaba y veo que no va a pasar nada “porque es su marido y sólo hay que ver que la atiendan”, te quedabas así como diciendo “pues si casi la mató”. Empecé a buscar quiénes atendían y encontré a una organización. Como a principios de los 80.

Encontré una organización que daba apoyo a mujeres maltratadas, pero nada más era psicológico, entonces le dije que si podía yo apoyar. Primero estaban ligadas a la organización Comunicación, Intercambio y Desarrollo en América Latina (CIDAL) en Cuernavaca, pero aquí había un grupito; y luego esa organización se la quedó Paty (Patricia Duarte Sánchez), la Asociación Mexicana contra la Violencia, (Covac), les dije “yo puedo venir una o dos veces a la semana a apoyar con un trámite jurídico o algo así” y me dijeron “pues sí, vamos viendo qué tenemos porque casi las que vienen aquí no están interesadas en esto, vienen por apoyo psicológico o social”; entonces cuando me llamaban iba, pero yo no lo veía como parte del contexto la violencia, yo veía como un grupo de mujeres que viven la violencia.

Cuando ya me empecé a meter más a estas organizaciones empecé a meterme en qué pasaba, querían meter algunas reformas, que eran inimaginables en esos tiempos, fue cuando empecé a tomar conciencia. 

¿Son los antecedentes del Grupo Plural? 

Pues sí, son los antecedentes del Grupo Plural (Pro víctimas, 1991), originalmente, estaba el esposo de Paty, Gerardo González, una investigadora de El Colegio de México, que tiene muchos años ya en El Colmex; Irma Saucedo, ella nos daba material de lectura y cosas así; Esperanza Brito, que tenía más que nada el feminismo, la violencia y las mujeres, y toda la opresión; María Antonieta Rascón, con la cual me vinculé también después a través de Esperanza, que yo digo que fueron las que me metieron al mundo del feminismo, porque yo no entendía, o sea, me molestaba la violencia, pero yo no tenía una dimensión clara. Con María Antonieta y Esperanza aprendí muchísimo, a través de Esperanza empecé a conocer muchísimas cosas, empecé a tratar a otro tipo de maestras muy de la época, además que Esperanza mantenía la revista Fem, y a través de ella empecé a conocer a mucha gente y eso me metió en un discusión muy interesante sobre feminismo y derechos humanos. Traté de comprender la discriminación y la desigualdad a través de los derechos humanos, pero al mismo tiempo empecé a conocer la teoría feminista, que al principio no me encantaba, tengo que confesar. 

¿Qué es lo que no te hacía clic?

No me hacía clic el tema del patriarcado, o sea no terminaba yo de comprender. Pero cómo cambia mucho la vida, porque ahora escuchas a alguien, ves sus conductas y lo defines. Creo que soy la unión entre dos mundos: el de los derechos humanos y del feminismo, porque yo al feminismo termino incorporándome a través del conocimiento de la discriminación y del impacto de la discriminación en la vida de las mujeres y, claro, a partir de eso ya te explicas el patriarcado.

En esta larga historia ¿qué es lo que te marca? 

En la Procuraduría, quizá por la naturaleza de lo que yo veía, si bien habíamos luchado contra la violencia, no tenía el rostro de todas las violencias; fue brutal. También cuando tú estás queriendo llegar a algo siempre vas a tener, no a una mujer, a un hombre jodiéndote. En la Cámara enfrenté muchos conflictos con mis compañeros diputados, porque decían “eso no es importante”, “al rato ya no te vamos a soportar porque a fuerza quieres sacar lo de violación”.

En la Cámara presenté la primera reforma constitucional a 13 artículos para garantías individuales, que no se aprueba en esa legislatura, cuando llega Fernando Gómez-Mont me llama y me dice: “Patricia, dictaminamos a favor tu reforma”. Otro fue Pro Mujer, no había nada, no existía nada, no tenías clave presupuestal, ahí el apoyo de Martí Batres fue determinante para tener recursos. En Pro Mujer me toca el caso Tláhuac (secuestro y violación de tres jóvenes por parte de la policía montada de la Ciudad de México). Fue un periodo en que hicimos muchísimas cosas: los centros integrales para la mujer, las unidades de atención a la violencia, fortalecimos áreas de atención con tres pesos y con pura voluntad. Y mira, te voy a decir una cosa, la experiencia con la sociedad civil, con las organizaciones, fue muy buena; todas trabajábamos a lo mismo.

¿Ya eras abiertamente feminista?

Sí, desde la Procuraduría ya era abiertamente feminista, creo que me radicalizaron más en Pro Mujer; con todos los casos y con todo lo demás creo que te radicalizas mucho más, vas profundizándote y vas dándote cuenta además de todo el sistema patriarcal, es un obstáculo para que las mujeres podamos avanzar, aunque sea un cachito, entre más estés avanzando, más viene este sistema. El Poder Judicial como un garante del status quo, que no te permite que pases y sigue siendo nuestro obstáculo principal, con todo y que hablen de legislar, pura mentira, sigue siendo protector; cada que sacábamos una reforma, cada vez que tenemos que litigar te enfrentas a todo el sistema patriarcal.

El feminismo es como si te quitan la venda de los ojos y empiezas a ver la sociedad como es, o sea, empiezas a verlo todo; antes tenías una vista como cuadriculada, un pedacito aquí, otro allá. Por eso les digo que la perspectiva de género requiere, primero, una mirada crítica a la sociedad; si tú no tienes una mirada crítica, nunca vas a comprender la realidad, y empiezas a descubrir en todo porque el sistema patriarcal está en todo en las instituciones, en la vida cotidiana, en las relaciones, entre las personas, obviamente en el matrimonio, en la crianza de los hijos, en todo, va estando en todo, es cuando empiezas a darte cuenta de la magnitud de lo que ha pasado, o sea, y de donde estás y cada vez que rompes uno más, te lo cobran; y creo que a mí me han cobrado mucho, porque calladita no soy, y eso es violento. Muchas mujeres te dicen “ay, es que su carácter es muy difícil”, ¿yo carácter difícil?, pero si soy la persona más atenta que hay en el mundo, que defienda lo que yo creo, si a eso le llaman el carácter difícil, pues entonces sí.

Paty ¿cómo te gustaría que iniciara tu biografía? Si tú tuvieras que describirte, el primer párrafo, las primeras líneas, ¿cómo las iniciarías? 

Yo entraría así: guerrera, demócrata, feminista.

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