Tiempos violentos, la herencia maldita

Teresa Gil / Libros de ayer y hoy
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Los asesinatos a mansalva en Minatitlán, Veracruz, no son sino la expresión de lo que hicieron del país y de lo que siguen haciendo para impedir que haya cambios. Los últimos hechos violentos, en cadena, ya se perciben como armados a modo, para llegar a extremos. Algo parecido al complot que se urdió durante las elecciones, en el que tomaron parte destacados personajes. Atrás está la vieja corrupción política, las complicidades con el crimen, la insidia peligrosa de los que quieren seguir haciendo de México un país de muerte. Morir aquí en forma violenta ha sido tan natural desde hace tiempo, que esos que se sorprenden y lo atribuyen al gobierno actual, andan fuera de foco. Parece un país en guerra dicen voceros de la ONU y la verdad es que así es. Parte es lo planeado, lo más destructivo de esa violencia. México quedó contaminado de tanta injusticia que ha sufrido, de tantos ataques que recibió desde la llamada colonización, de tanta inmoralidad política y religiosa que se le vino encima, que su respuesta ha sido en mala parte, violenta. Los más de 60 millones en pobreza, la decisión de miles de mexicanos indefensos de meterse al crimen y vulnerar todas las formas humanas de convivencia, las rencillas, las conductas cotidianas de falsedades y mentiras, los ataques insidiosos en redes y medios, no son sino la expresión de un México dolido, insatisfecho, que no encuentra un asidero. Es una infelicidad larga y perniciosa que viene de mucho tiempo atrás y que puede ser utilizada por algunos líderes poderosos, como lo sostuvo en su momento el psicoanalista Erich Fromm. Quienes comprenden la situación y luchan por algo diferente, por salvar al país, a ellos mismos y a los suyos, exploran varios caminos, la religión, la cultura, el trabajo, la creatividad y en tiempos de elecciones, el voto para buscar nuevas forma de vida.

No se puede calificar la violencia, sin profundizar que hay detrás

Los datos que aparecen y se dan a diario de la violencia que se expresa en el país, exacerban más a la gente. No siempre el público piensa que esos actos violentos pueden estar planeados. Algunos de esos datos se dan sin puntos de referencia, como si se quisieran soslayar datos anteriores y culpar a la actual administración de un aumento del crimen en el país, igual que lo hacen en la Ciudad de México. Las cifras recalcadas del primer trimestre de 2019, de 7 mil 242, que se califica como el más violento, no se apoyaron en la cifra del mismo periodo de 2018, por ejemplo, que solo en tres meses arrojó 8 mil 196 muertes violentas. Hay cierta fruición en los medios para recalcar lo más violento y desde hace semanas, los encabezados se pelean por dar a conocer el periodo “más” violento. Si se revisan datos anteriores de medios, El Universal publicó el 21 de mayo de 2018, un encabezado que calificaba los primeros cuatro meses del año como los más violentos. Proceso hizo lo mismo el 23 de septiembre de  ese año  acerca de los primeros ocho meses y La Jornada publicó el pasado 21 de abril de este año, que el primer trimestre fue “el más violento desde 1997”. Otros medios hicieron lo mismo, en publicaciones del interior, incluso. Pero como que hay cierta urgencia y desesperación por destacar el hecho de 2019 ¿Por qué?

Erich Fromm: La violencia por pérdida de fe y la venganza compensatoria

Carlos Marx diría que las formas de la violencia están fincadas en las diferencias de clase, en la explotación inicua y violenta de unos cuantos, por los demás. Las injusticias que ha dejado el neoliberalismo y que sin ir muy lejos lo vemos a diario en los miles y miles de migrantes que transitan por nuestro país, le dan la razón al teórico alemán. Por su parte, el también alemán Erich Fromm, aborda el problema de la violencia en el segundo capítulo de su libro El corazón del hombre (Fondo de Cultura Económica, 1974, muchas ediciones anteriores y posteriores) desde el aspecto psicológico. Varios tipos de condiciones a las que llega el ser humano provocan violencia, algunas menos destructivas como es la lúdica que ejercen los  niños en el juego. Fromm desarrolla más adelante las más terribles y destructivas formas de violencia a partir de la violencia reactiva y el encuentro con el narcisismo que vemos a diario en los perdedores de las elecciones del primero de julio, personas que tienen un alto concepto de su imagen y que al verla destruida, han perdido la fe. Todos los tipos de violencia que analiza y que han sido ampliamente debatidos a lo largo de décadas cuando él los planteó, pueden llevar a la destrucción, a la  muerte y a la sed de sangre, que de alguna manera se está expresando en México. El psicoanalista menciona la venganza compensatoria como una de las más graves, porque el que la ejerce llega a su utilización, como una forma de compensar lo que no tiene o ha perdido y lo hace de la manera más violenta, como lo estamos viendo en México. Se llega al extremo de la violencia como una forma de crear, de destruir, de matar. Fromm recupera un párrafo de Camus: “Vivo, mato, ejercito la arrobadora capacidad de destruir, comparado con la cual, el poder de un creador es el más simple juego de niños.” Nacido en Alemania en 1900, Fromm fue psicoanalista, psicólogo social,  filósofo humanista y autor de varios libros sobre su especialidad. Vivió en México los años cincuenta y parte de los sesenta. Como maestro de la Facultad de Medicina de la UNAM creó la Sección psicoanalítica. Murió en Suiza en 1980.

 

Gabriel Vargas, el Dickens mexicano

Teresa Gil / Libros de ayer y hoy
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

El escritor Juan Villoro dijo del historietista Gabriel Vargas que es el Dickens mexicano y Alfonso Reyes, en un entusiasta reconocimiento aseguró en su época, que era el único de los mexicanos que merecía estar en la Academia de la Lengua. Eso se ha repetido y publicado algunas veces, en la misma medida que se destaca la tenaz persistencia del hombre nacido en Tulancingo, Hidalgo, para destruir obstáculos –de algunos familiares muy cercanos incluso–, y seguir adelante con la vocación que acendró su vida. En momentos en el que tras un triunfo electoral masivo deambula en el ámbito cultural una desavenencia fuerte por los dineros del presupuesto, siempre vuelve uno los ojos a los creadores que surgieron de lo más humilde de los sectores –aunque el padre de Vargas fue en un tiempo un próspero negociante, pero murió joven–, para ir dando, entregando, en un devenir de trabajo, de lucha, de búsqueda y sobre todo de aporte de ideas. Lo singular es que lo que más se reconoce del creador de la Familia Burrón, es su aporte al lenguaje popular. Si se revisan las historias de los grandes fundadores de un lenguaje –Cervantes y Dante, por ejemplo– que fijaron su respectivo idioma, se piensa no solo en el conocimiento que ellos tenían del lenguaje que hablaban, sino además que investigaban, descubrían y fijaban los cambios fundamentales que hacían florecer una lengua. No se llega a decir que Vargas modificó nuestro lenguaje, ya definido y permanentemente revisado desde siglos atrás, pero se habla de los cambios y vocablos muchos y muy variados, que introdujo en el habla popular y que hoy se mencionan, se dicen y están incorporados en los diccionarios como parte del español fincado.

Cómo imaginó Vargas a una familia arquetípica de un barrio chilango

Los monitos que hablaban y circulaban por todo el país, han sido unos de los germenes del  México lector. Muchos se quedaron estancados ahí y se regodean actualmente con las revistas de chismes del espectáculo, pero para otros un mundo se abrió  desde la perspectiva de sus creadores, caricaturistas, humoristas, dibujantes y moneros. Nacido el 5 de febrero de 1915, Gabriel Vargas emigró a la capital a la muerte de su padre, junto con su madre y sus muchos hermanos. Anécdotas de su inclinación al dibujo, su acercamiento al director de Bellas Artes Alfonso Proveda, que lo ayudó, un premio obtenido en Japón y el empleo temprano que lo instaló en el Excélsior de los años treinta, son parte de su biografía. Ahí dibujó, experimentó y a los 17 años se convirtió en el jefe de la sección de dibujo. Su arribo a la Cadena García Valseca, lo lanzó a lo que sería su triunfo definitivo, con la creación de historietas como los Súper Locos y el personaje Jilemón Metralla, entre otros, que lo llevó, por una apuesta, a la familia Burrón. Arquetipo del género popular costumbrista, esta historieta tuvo la profundidad de la observación y penetración  de Vargas. Quien no solo plasmó los personajes que veía en el barrio que creció, sino que retomó su lenguaje, lo caricaturizó en muchos sentidos y lo fue engrosando en número de palabras depuradas a la par que su creación crecía y llegó a tener un tiraje de 500 mil ejemplares diarios. Su historieta se publicó por 61 años.

Caminos de Libertad da homenaje a Gabriel Vargas

La serie Caminos de Libertad que lleva seis temporadas, se ha caracterizado por recordar, promover y dar lustre a grandes personajes mexicanos en sus diferentes expresiones artísticas. Tiene como sede el Canal del Congreso y sus trabajos se extienden a Fish, Sky e Izzi, como fue el caso del programa sobre el monero de Hidalgo. Gabriel Vargas fue seleccionado en esta sexta temporada, y para ello se invitó a un grupo de personas vinculadas al trabajo del caricaturista, dibujantes, moneros sobre todo, periodistas y analistas de la obra de Vargas. Personas de trayectoria como Raúl Moysén, Mauricio Kemchs, Cristina Pacheco, Ausencio Cruz, Luis Borja “Borja”, Rolando Estévez y Tere Gil, abundaron en la obra, aunque  no se trató el enfoque artístico, el estilo del dibujo, las posibles influencias, ni los aportes que él hizo a la cuestión técnica de la caricatura. Más bien se basó en la propia trayectoria del artista, al aporte lingüístico y su abundante recopilación de vocablos así como en el reconocimiento internacional de países europeos a la participación sociológica de su actividad. Muy especial fue la mención del personaje Borola Tacuche, en su andariego afán defensivo, sus aportes a un  feminismo que apenas anidaba en México –justo cuando se publicó el libro de Simone de Beauvoir, El segundo sexo–, y ante todo, el espíritu de comunidad, a veces con pleitos, con rencillas, naturales por la convivencia, pero siempre girando en torno de una unidad de clase. Quizá fue éste uno de los principales aportes de Vargas, quien, al final del programa, es expuesto como alguien que luchó por su libertad y la plasmó en su vida, al defender a todo trance la vocación que lo impulsó a crear.