Salinas contra el neoliberalismo

Moisés Edwin Barreda / Silabario de política
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Manuel Bartlett no ha dado señal de que se hunda en el pasado reciente para determinar desde cuándo se abandonó el sistema nacional de generación de energía eléctrica para permitir la que generará Iberdrola, empresa española, y comprársela. Sería forma de empezar a cortar los tentáculos al pulpo llamado Carlos Salinas de Gortari, responsable de inconmensurable traición a la patria y reformas a la Constitución contrarias al interés de la nación, que le dieron inmensa fortuna.

Aunque esas reformas negativas para el pueblo fueron a cielo abierto durante el periodo neoliberal, la Suprema Corte de Justicia “no las vio” y mucho menos actuó. Sin embargo, ese tribunal lanzó machaconamente el cínico anuncio que decía más o menos: “La Constitución protege los derechos humanos, y la Suprema Corte a la Constitución”. Escucharlo producía mezcla de risa e indignación, como cuando hablan Claudia Ruiz Salinas, títere del tío, y cualquier oligarca.

Ese sujeto que desde antes de 1988 se asoció con el neopanismo para birlarle la Presidencia a Cuauhtémoc Cárdenas y luego ejercer el poder tras el trono hasta el pasado primero de julio porque la votación masiva a favor de AMLO impidió el fraude electoral, tiene varios posgrados, pero ejerce magistralmente su doctorado en perversidad. De raza le viene al galgo, pues él mismo admite en su libro La década perdida, ser de familia delincuencial, similar a la de Rafael Moreno Valle, abuelo del delincuente “esfumado” en helicopterazo sospechoso.

El “gnomo de Dublín” también ejerce magistralmente el cinismo. Aunque se reconoce públicamente que él y Miguel de la Madrid son-fueron “padres del neoliberalismo en México”, en dicho libro reniega del neoliberalismo, se dice perseguido por éste y virtualmente acusa que lo impuso cualquier gobierno a partir de 1994.

Pinta a sus hermanos Enrique –bajo “supuesta investigación que el gobierno francés llevaba en su contra”– y Raúl –acusado de homicidio y peculado– como inocentes. Del segundo, también acusado en Suiza por narcotráfico, asienta que “(…) en febrero de 1995 la PGR, bajo control de los neoliberales, pagó 500 mil dólares al testigo de cargo para que modificara” su declaración contra Raúl encausado como presunto asesino intelectual de su excuñado Francisco Ruiz –por el padre–, Massieu –por la madre. La consignación fue amañada y tan endeble que sólo un tercer juez se prestó a la farsa y lo sentenció a diez años de prisión, por lo que luego –subraya– fue ascendido a magistrado.

Es asombroso cómo en los parrafitos (que luego resumo): Los abusos del Estado: la confusión entre lo social y lo estatal” (p. 290) y “El Estado como agente del capital” (p. 291) de “La década perdida”, Salinas de Gortari señala nocivo al neoliberalismo, denuncia abuso desde el poder y que la pridictadura aplicó mucho tiempo paternalismo y populismo y trabajaba a favor del capital. En efecto. Prueba fehaciente de esto último son las dos últimas reformas a la Ley Federal del Trabajo, que se espera sean derogadas por AMLO. Seguramente le provocaría dificultades. En el primero afirma que entre los estragos de “la excesiva y extralimitada entrega al mercado bajo el neoliberalismo, encontramos una larga historia de abusos desde el Estado”, que todos esperamos que el Estado nos resuelva los problemas (dependencia del Estado y paternalismo), que la primera gran confusión entre lo social y lo estatal la sembraron los liberales en 1880 y “la cuestión social se volvió asunto público de Estado” y emergió “corriente dominante que consolidó la confusión entre los derechos sociales y los deberes del Estado”.

Esa confusión culminó en “el carácter excesivamente propietario y controlador del Estado mexicano y en la tutela estatal sobre las organizaciones sociales (Antorcha Campesina), tendencia que desde los años 60 “se incrementó para culminar con la contradicción” que es “un Estado (rico) con cientos de propiedades y un pueblo (pobre) agobiado por las necesidades”, la que AMLO empieza a liquidar.

En el segundo Salinas escupe al cielo, establece que en México “las fuerzas populares de reforma son burocratizadas bajo el Estado populista”, que “las arruina al perseguir solamente los intereses del grupo (la oligarquía de luto por su pridictadura) dirigente en el poder”. Lo siguiente es peor: “Los populismos como éste no distinguen entre las fuerzas sociales y las autoridades, además de que los conflictos entre el capital y el trabajo son tratados por el Estado, el cual actúa (lo ‘más pior’) como agente del capital.”

En “La década perdida”, casi casi el gran traidor a la patria se declara inocente; quizá pronto veamos que defiende o da la espalda a sus secuaces Vicente Fox, Felipe Calderón y el que pacía en Los Pinos, con los que ahora se reúne en España, donde lo acompaña su sobrina Claudia Ruiz Salinas, que es su “pica” en el PRI y “pica” y boca de ganso en el Senado.